Análisis de Koira

Análisis de Koira

Dentro de la categoría de juegos que no necesitan palabras para contar algo tenemos dos clases. Unos cuya historia hay que deducir a raíz de la información que obtenemos, y que depende de la interpretación que cada cual le dé, y otros tan claros como el agua. Entre estos últimos está Koira, un título de Studio Tolima que nos llega bajo el ala de Don’t Nod. Y si bien el tema base del juego es la caza, es apto para todos los públicos. Incluso para las personas más sensibles con el sufrimiento animal. Aunque ello no significa que no nos vayamos a preocupar por el perrete, las cosas como son.

Koira es la clase de aventura que se recomienda jugar con auriculares y mando. No porque vayamos a perder detalle o porque tenga un doblaje de los que merece la pena escuchar, sino por una cuestión de inmersión. Los personajes no hablan, pero se trata de un juego tan melódico que hasta los silencios aportan. De modo que nos invita a dejarnos llevar por los sonidos que emiten ciertos elementos y acciones, y nos acabará atrapando con su historia y melodías.

Al tratarse de un juego que apenas tardaremos 3 o 4 horas en pasarnos, no me voy a parar a hablar demasiado acerca de la historia. Lo único que debemos saber antes de adentrarnos en él es que trataremos de proteger al perrete a toda costa. Y que la caza y aquellos que la ejercen no deberían tener cabida en el mundo actual, pero este no es espacio para ese debate. Al menos no hoy.

En Koira avanzaremos de forma bastante lineal y sencilla resolviendo pequeños rompecabezas que no nos supondrán un gran problema. El tono del juego es bastante relajado e incluso los puzles más abstractos tendrán una solución asequible que no tardaremos en descubrir. Aunque debamos explorar un poquito el entorno para dar con la respuesta.

Sin embargo, a pesar de la corta duración del título y la sencillez de sus rompecabezas, encontraremos formas de alargar de forma natural nuestra estancia. Así, por ejemplo, podremos explorar con relativa libertad y amplitud y dedicar algo de tiempo a pequeños minijuegos como jugar al escondite, hacer toques con un balón o identificar formas en las nubes. Además de colocarle flores y sombreros al perrete, lanzarle palos o bolas de nieve, alimentarle y, por supuesto, acariciarle.

Perrete aullando a una estatua.

También podremos tomarnos pequeños descansos sentándonos en bancos distribuidos por el recorrido, con sus respectivos minijuegos. Aunque también habrá espacio para la tensión cuando aparezcan cazadores dispuestos a destruir la paz del lugar. En estas situaciones, nos veremos en la obligación de escondernos, y darles esquinazo moviéndonos hacia una zona segura, o huir. Ello equilibrando perfectamente las partes tranquilas y de tensión para que no resulte demasiado parado o intenso. A lo que se suma una duración total que no nos dejará ganas de más, pero tampoco sentiremos escasa.

De hecho, ni siquiera será necesaria una segunda vuelta. No sólo por el selector de capítulos, sino porque tendremos varias oportunidades para desbloquear sus logros. En caso de jugar de nuevo, será para volver a disfrutar del paseo dejándonos llevar por su apartado audiovisual. Y es que a pesar de ser un juego tan sencillo, es precioso y tierno hasta decir basta. Desde el personaje que encarnamos, el perrete y su relación, hasta los entornos que recorreremos. Y la forma en que las distintas melodías forman parte de la historia, la comunicación y los puzles no hace sino redondear la experiencia.

Cabe decir, además, que el juego funciona a las mil maravillas en Steam Deck. Una invitación a hacer acopio de provisiones y dedicar una sesión entera a jugar con calma. A sumergirse en el bosque y dejarse llevar por sus melodías y la calidez de un cachorro que sólo quiere jugar, comer manzanas y corretear libre y despreocupadamente.

Koira es una aventura que cuenta la historia de un rescate, un encuentro casual que se convierte en el principio de una amistad. Donde una vuelta a casa que podría ser un paseo por el campo se ve interrumpida constantemente por la presencia de cazadores. Unos seres que, no contentos con dañar el bosque y a sus criaturas, quieren atrapar a nuestro nuevo amigo y harán todo lo posible por conseguirlo. Por supuesto, no se lo pondremos fácil, e incluso sentiremos cómo la rabia, la frustración y la impotencia crecen en nuestro personaje. Y sus consecuencias.

Sin palabras, Koira es capaz de transmitir un mensaje sutil pero sin espacio para la interpretación. Una obra clara y concisa sin caer en el morbo o el catastrofismo, manteniendo igualmente la tensión sobre la seguridad de nuestro amigo. Un título que equilibra estupendamente la ternura de unos y la frialdad de otros, sin perder a quien juega en metáforas o tratando de rascar un sentido. Y que resulta amable para cualquiera que sea sensible con el maltrato animal, sin perder de vista lo que se quiere contar. Una forma de narrar su historia que recuerda a los cuentos infantiles… sin infantilizar a su público.

Cómprame un café en ko-fi.com

Aonia Midnight
Aonia Midnight @AoniaMidnight

Curiosa, reflexiva y torpe // Palomitas y cerveza // Psicóloga porque lo dice un título // Mi mente está llena de mundos en los que evadirme // Nothing is true, the cake is a lie

No hay comentarios
Deja tu comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.