Cafecito y pidgey

Análisis de Leyendas Pokémon: Z-A

Análisis de Leyendas Pokémon: Z-A

06/11/2025 | Nix | 1 comentario

¿Cuántas veces hemos pensado en recorrer las calles de una de las muchas ciudades de Pokémon, no solo siendo un entrenador que pasaba por allí, sino como un habitante más que trata de integrarse en la misma y vivir la cotidianidad de compartir un espacio urbano con los pokémon? Yo, al menos, es una de las cosas que siempre he deseado desde los inicios de la saga, quizá empujada por lo que podía ver en la serie animada y no podía recrear en mi cartucho de Pokémon Azul. Y es que sí, recorrer Kanto, Johto o Kalos está muy bien, pero esos caminos, pueblos y ciudades se me quedaban escasos, a pesar de lo que iban creciendo en cada generación. Por eso, cuando se anunció Leyendas Pokémon: Z-A, con una Ciudad Luminalia enorme y llena de vida, no pude hacer otra cosa que subirme a la silla y celebrarlo. Eso sí, habiendo jugado Leyendas Pokémon: Arceus tenía ciertas dudas sobre las limitaciones que pueden aparecer en un entorno urbano, pero por suerte la saga Leyendas sigue siendo lo que considero la mejor evolución de los juegos de Pokémon, demostrándolo esta vez con una ciudad viva, brillante y, sobre todo, creíble, con tanta gente que incluso dejaremos de lado la norma no escrita de hablar con absolutamente todas las personas del mapa. ¿O eso no lo hacíais?

Nuestra aventura comienza llegando a Ciudad Luminalia en un momento un tanto movidito. Y es que, como en las ciudades del mundo real, están centrados en un proyecto de renovación urbana que busca convertir cada calle en zonas de convivencia para humanos y pokémon. Sin embargo, como en todas las obras, siempre hay un problema que surge cuando ya llevas la mitad, pero en este caso no se trata de que hayan encontrado amianto, sino que por algún motivo la población de pokémon está creciendo enormemente. Para tratar de resolverlo, se ha decidido crear unas áreas específicas para contenerlos (al menos a los que atacan a humanos), y esto consigue dividir las opiniones de la ciudadanía entre la gente que lo apoya y la que no. Por si fuera poco, un misterioso fenómeno de Megaevoluciones descontroladas está poniendo en peligro a todo el mundo. En medio de este percal, nuestro personaje, todavía un poco perdido, acaba conociendo a Urbi/Muni, quien nos acaba liando para participar en los Juegos Z-A. Ya sabéis, un “yo no iba a salir pero me liaron”. Esa competición que da nombre al juego hace que nos olvidemos por completo de la norma de los Gimnasios Pokémon, porque en esta ocasión recorreremos la ciudad enfrentándonos a otras personas para ascender desde el rango Z al A. Si bien esos combates los haremos en solitario, conoceremos bien a fondo el equipo que nos “adopta”, con unos personajes secundarios a los que es muy fácil coger cariño, tanto por su variedad de personalidades como por la efusividad que tiene cada uno con sus cosas. Con ellos, también tendremos la oportunidad de investigar a fondo el origen de las megaevoluciones salvajes. Y, creedme, casi sin que os deis cuenta, estaréis enganchándoos a la trama, porque aunque puede parecer un tanto repetitiva, os puedo asegurar que se os pasarán las horas volando. 

Una de las cosas que más me ha gustado es la parte de la trama que nos transmiten las calles de Ciudad Luminalia. Ésta se rige por un ciclo de día y noche en el que cambia por completo: no solo los pokémon que podemos ver, sino también en sus actividades, como una ciudad real. De día nos dedicaremos a explorar, conocer y comprar en tiendas, pasear y capturar todos los pokémon que queramos. De noche, aparecen unas delimitaciones en forma de holograma en las que podremos entrar para combatir con todos esos entrenadores que quieren ir subiendo de nivel en los Juegos Z-A. Esto, sin obligarnos a nada en ningún momento, nos empujará a entrar en un bucle para no dejar de lado ninguna de las mecánicas que nos plantean, y nos mantendrá el mando pegado a la mano mucho más de lo que pueda parecer. En más de una ocasión nos encontraremos pensando en que el día de hoy vamos a avanzar en la trama principal, y en cuanto pestañeemos veremos que no hemos podido porque hemos estado buscando un pokémon concreto para un señor que pasaba por allí, nos hemos dedicado a capturar un montón de criaturas que estaban siendo agresivas donde no debían, o hemos entrado en el bucle de ir rompiendo piedras y encontrando objetos que brillan hasta que llegamos a ese que habíamos visto en un tejado desde la calle. Y es que parece que las misiones secundarias son simples, por lo breve, pero están repletas de personalidad gracias a la forma en la que están escritas y nos las plantean, hablando de gentrificación, relaciones laborales tóxicas o incluso el significado de la muerte. Porque para conseguir que la ciudad se sienta viva, lo primero que tiene que parecer vivo son sus habitantes. Y si encima tienen gracia, mejor que mejor. 

Lo que nunca me cansaré de alabar, y ya lo hice en su momento con Leyendas Pokémon: Arceus, es el sistema de combate con el que se aleja de la saga principal y, al mismo tiempo, mantiene la misma esencia. Leyendas Pokémon: Z-A abandona una vez más el combate por turnos tradicional y se centra en la acción en tiempo real, pero manteniendo la esencia estratégica de Pokémon intacta. Los combates que nos encontraremos, salvo en ocasiones en las que tengan una cinemática previa, ocurrirán siempre sin ningún tipo de transición, y es que nos moveremos libremente por la zona esquivando posibles ataques. Sí, aquí no se andan con tonterías, y como no hayamos sacado a nuestro pokémon, el adversario nos atacará directamente, por lo que tendremos que rodar para esquivarlos y, sobre todo, escoger rápido quién va a defendernos. Nuestro pokémon nos seguirá y utilizará los movimientos que le mandemos, y estos tendrán un tiempo de recarga que dependerá de sus estadísticas. Y, si sois de la vieja escuela de tener solo ataques ofensivos, os puedo asegurar que esto hará que tengáis más ganas de probar esos movimientos que servían para bajar las estadísticas de los rivales, porque el no tener unos turnos tan delimitados nos permite tener un mejor margen de estrategia. Movimientos como Ataque Rápido son casi instantáneos, mientras que otros más potentes requieren una cierta estrategia porque, al estar corriendo por el escenario, ese tiempo de ejecución puede hacer que el ataque falle porque el contrario está ya en la otra punta. Por eso, esos ataques de estado (benditos parálisis y sueño) ganan una relevancia brutal, y cosas como bajarles la defensa pueden darnos el combate en bandeja. Y si a esto le añadimos el hecho de que podemos cambiar de pokémon casi de forma instantánea, acaba redondeando una estrategia que ofrece, sobre todo, dinamismo y pura adrenalina. 

Este enfoque se potencia también con el regreso de la Megaevolución, ahora con un papel central tanto narrativo como jugable. Podremos megaevolucionar a más de un Pokémon por combate, e incluso repetir la transformación con el mismo, ya que cargamos la megaenergía necesaria golpeando rivales. Y si bien es espectacular ver a nuestras criaturas alcanzar su forma definitiva en plena batalla, haciéndonos sentir como si nuestros hijos ganasen el campeonato del cole, aquí nos vamos a encontrar con una de las pocas pegas jugables, porque en las fases finales es casi un requisito llevar un equipo repleto de Pokémon con megapiedra, ya que los rivales van a repartirlas entre los suyos como si fuesen caramelos. Esto hará que se vayan a un segundo plano todos los pokémon que no puedan megaevolucionar, repitiendo un problema de entregas pasadas y haciendo que una mecánica que debería sentirse especial se convierta, a la fuerza, en algo utilitario. Que sí, que hay muchos donde elegir, pero soy un poco quisquillosa a la hora de escoger mi equipo y, además, les cojo cariño muy pronto. Eso sí, para compensarlo un poco nos encontraremos con que los combates contra las megaevoluciones descontroladas, que actúan como una especie de jefes de arena, son extremadamente divertidos, y llegar a ellos a veces es un puzle en sí mismo, escalando andamios y explorando tejados, lo que añade un toque de plataformeo que no le sienta nada mal.

Uno de mis temores en cualquier lanzamiento de Pokémon de los últimos años es cómo va a comportarse de forma técnica, porque hemos tenido títulos desastrosos en ese ámbito, a pesar de que fuesen divertidos. Tras el desastre de Escarlata y Púrpura, y habiendo visto los edificios de las presentaciones de Leyendas Pokémon: Z-A, me temía lo peor, pero lo cierto es que en esta ocasión nos encontramos un salto de calidad abismal. En Nintendo Switch 2 el juego funciona a 60 FPS, sin ningún tipo de caída ni siquiera en el modo portátil, con una imagen nítida y tiempos de carga brevísimos. La ciudad se recorre sin interrupciones y, aunque no es el juego más vistoso del mundo (cosa que pueden mejorar en la próxima entrega porque la potencia de la consola es más que suficiente), sorprende con unos efectos de iluminación y unos reflejos que dan mucha calidez a los escenarios. La dirección artística, inspirada en París, gana cuanto más jugamos, porque poco a poco va compensando esas ausencias con el diseño y la expresividad de los personajes, y sobre todo con las animaciones de los pokémon. Por supuesto, esto no quiere decir que sea todo perfecto, porque alguna que otra vez nos encontraremos con unas texturas demasiado pixeladas (como los pantalones de Urbi) o el ya conocido popping, pero no es nada exagerado. Por otro lado, la banda sonora, con aires franceses y versiones de temas clásicos, es encantadora y nos acompañará en todo momento dándole el énfasis que necesitamos a cada uno de nuestros movimientos. Y, como siempre, nos encontraremos con una localización maravillosa que nos hará reír y sacar capturas de pantalla a mansalva.  

Leyendas Pokémon: Z-A es, como llevo repitiendo desde el lanzamiento de Leyendas Pokémon: Arceus, la reinvención y evolución que necesita la saga para demostrar a todo el mundo que todavía puede mantenerse como uno de esos juegos que siempre vas a esperar el próximo lanzamiento. Es un Pokémon magnífico para quienes crecimos con la saga, un título que no teme abordar temas complejos y que confía en las habilidades de la persona al mando para adaptarse a un combate que no es difícil, pero que necesita que pongamos de nuestra parte. No es el Pokémon perfecto, pero sí es el más ambicioso, valiente y vivo que hemos jugado en años, a un nivel que está haciendo muy feliz a mi niña interior. 

Cómprame un café en ko-fi.com

Nix

I run on coffee, sarcasm and lipstick. Hace años le vendí mi alma a Bioware y me convirtieron en la Shadow Broker. Tengo un papelito que dice que soy N7, pero no quieren darme mi propia nave. Me gusta llevarle la contraria a la gente y por eso soy una Inquisidora enana y pelirroja.

1 comentario
Orphen
Orphen 07/11/2025 a las 9:53 am

Totalmente de acuerdo… Yo hacía muchos años que no disfrutaba tanto con un juego de Pokémon (y llevo jugando desde el Azul en Game Boy, ya peino canas…).
No sé si es porque se adapta mejor al «poco tiempo» que tengo para jugar gracias a la vida adulta, si es porque los Pokémon están perfectamente representados y verlos pelear en tiempo real (incluso esquivar ataques o poder reaccionar a tiempo y contraatacar), si es la nueva mecánica de «bosses» que me recuerdas a los jefes de trial típicos de los MMOs… Que lo llamen como quieran, pero a mi me parece lo mejor que se ha hecho en Pokémon en mucho tiempo, digan lo que digan.

PD: Me vuelvo a cazar shinys

Deja tu comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.