Está chiquito

Análisis de Tiny Lands 2

Análisis de Tiny Lands 2

Vivimos en una época en la que, al vernos con eventos históricos a nuestro alrededor de forma permanente, nuestro cerebro nos lleva a una época anterior y la nostalgia nos atrae con más fuerza. El runrún digital y de las redes sociales nos abruma, y es muy común ver a gente buscando refugio en entretenimiento analógico o hobbies manuales. Sin embargo, la comodidad digital de poder acceder a todo lo que nos gusta en cualquier lugar ha conseguido formar una especie de paradoja, porque hemos comenzado a utilizar lo digital para emular a lo físico, con cosas como crucigramas, ilustraciones para colorear, sopas de letras o buscar diferencias entre dos imágenes, todo ello ofreciendo la misma calma y momentos de desconexión que conseguiría la versión en papel. Y ahí mismo está situado Tiny Lands 2, porque aquí nos encontraremos con un videojuego equivalente a pasar la yema del dedo por la textura rugosa de una página buscando qué puede ser diferente y a la satisfacción de rodear con el lápiz esa forma que no encaja. 

La premisa de Tiny Lands 2 es muy sencilla, porque lo único que se propone es resucitar digitalmente ese pasatiempo, pero consigue hacerlo de una forma ciertamente meditativa gracias a su ejecución. Nuestra pantalla se dividirá en dos partes, apareciendo dos dioramas idénticos en los que habrá pequeños detallitos que nos tocará encontrar. Y sí, podéis usar el truco de los estereogramas para verlo en 3D y encontrar fácilmente las diferencias, pero aquí venimos a entretenernos, no a ser productivos. Sin embargo, lo que le hace destacar ante otros títulos es que tenemos control absoluto de la cámara, siempre de forma dual, haciendo que cada movimiento, cada giro o cada acercamiento que realizamos en una imagen se replica de forma instantánea en la otra. Esto acaba convirtiendo una mecánica sencilla en algo que nos obliga a mantener la atención en las dos imágenes a la vez y a jugar con las tres dimensiones, porque no se trata de que simplemente encontremos un objeto de otro color (cosa que también sucede), sino que tendremos que detectar una sombra ligeramente más alargada, o un capuchón de un bote de pintura que solo se ve desde cierto ángulo, o una ventana que está abierta en un lado y cerrada en el otro. Tendremos diferencias sencillas, pero también otras extremadamente escurridizas que nos provocarán una satisfacción tremenda cuando consigamos encontrarlas.

Además de sus controles, una de las características más importantes de este título es su negativa a que nos frustremos o nos aburramos por estar dando vueltas al mismo escenario durante demasiado tiempo. Los niveles de dificultad no existen, y nos da una libertad casi absoluta para abandonar un diorama sin haberlo terminado para probar suerte en otro, liberándonos del deber de terminar algo que no conseguimos descubrir. Y es que las diferencias que vayamos encontrando nos darán unas estrellas que nos servirán para desbloquear nuevos dioramas, y no nos castiga por dejarlas para después. Además, si aun así nos empeñamos en sacar todas las diferencias antes de pasar a otro nivel, también nos ofrecen un sistema de pistas que, al activarse, ilumina un radio en el que se esconde esa tan escurridiza. Eso sí, tiene tiempo de recarga, porque la tentación de buscar las soluciones en las últimas páginas es algo que conocemos de sobra. Por otro lado, lo que quizá sea el añadido más significativo a la hora de replicar esa realidad del papel es el modo cooperativo local, que podremos compartir con otra persona, cada una con su propio cursor, pero con una sola cámara. Esto nos obligará a comunicarnos y trabajar en equipo, reviviendo esa experiencia de inclinarse ante el mismo libro mientras tratamos de explicarle a la otra persona a dónde tenemos que mirar. 

Donde más brilla Tiny Lands 2 es, probablemente, en su apartado audiovisual, que deja el papel a la altura del betún. Los dioramas son auténticas obras de arte en miniatura, con escenarios que aprovechan su escala reducida para jugar con nuestra percepción y, al mismo tiempo, para evocarnos esa sensación de cuquismo. Y digo cuquismo porque no se puede definir de otra manera, porque nos encontraremos con casitas construidas en cafeteras, mesas hechas con botones o pasarelas con palos de helado. Y, sobre ellas, pequeños pescadores ganándose el pan o un hombre llevando una nube de gominola más grande que él a una pequeña hoguerita. Todo derrocha imaginación y cariño, habiendo cuidado cada detalle, además de las propias diferencias, lo que nos hará sacar partido a su modo foto, viendo el diorama a pantalla completa para inmortalizar esos pequeños mundos. Además, nada más comenzar a jugar nos dirán que nos recomiendan utilizar auriculares, y pronto descubriremos que, acompañando su banda sonora suave, cada escenario contará con sus sonidos ambientales meticulosamente diseñados, con olas del mar en la playa, pajaritos en el bosque, o el tintineo de las tazas en lo que parece un puesto de comida. 

Tiny Lands 2 es un refugio perfecto para la nostalgia, porque entiende a la perfección la calma que traen consigo los pasatiempos y esa posibilidad de dejar que pase el tiempo sin estar pendientes de mil cosas a la vez. Y, para ello, utiliza la digitalización no para modificar y convertir su esencia en algo nuevo, sino para potenciarla de una forma que no podría existir en papel. Porque, ante todo, consigue calmarnos, relajarnos y, sin que nos demos cuenta, ejercitar nuestra capacidad de observación, haciendo que en más de una ocasión nos preguntemos cómo no vimos antes esa diferencia que tanto hemos buscado.

Cómprame un café en ko-fi.com

Nix

I run on coffee, sarcasm and lipstick. Hace años le vendí mi alma a Bioware y me convirtieron en la Shadow Broker. Tengo un papelito que dice que soy N7, pero no quieren darme mi propia nave. Me gusta llevarle la contraria a la gente y por eso soy una Inquisidora enana y pelirroja.

No hay comentarios
Deja tu comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.