Todos los días me saben a lunes
Análisis de Romeo is a Dead Man
10/02/2026 | Nix | No hay comentarios
De vez en cuando, entre los miles de títulos que vemos pasar a diario por nuestras pantallas, encontramos juegos y autores que no se conforman con entretener a la gente. No quieren que pasemos el rato, que rellenemos huecos muertos jugando mientras vemos una serie o escuchamos un podcast, sino que buscan invadir por completo nuestros cerebros de forma sensorial, narrativa o emocional, haciendo que incluso cuando no estamos jugando, acabemos pensando en algún detalle concreto que hemos vivido allí dentro. Este es, precisamente, el caso de Romeo is a Dead Man, porque si algo caracteriza a Goichi Suda es que todo lo que hace, lo hace a su manera, sin seguir ningún tipo de norma no escrita de los videojuegos y dándoles esa seña de identidad en la que nos podemos esperar cualquier cosa. Y en esta ocasión, entre violencia, sangre y viajes en el tiempo, veremos que se entrelazan reflexiones sobre la pérdida, el sacrificio y un perpetuo choque entre lo visceral y lo emocional. Porque si el amor es ciego, no puede dar en el blanco.
Nuestra historia empieza poniéndonos en la piel de Romeo Stargazer, un simple ayudante del Sheriff que, un poco sin querer, acaba en medio de un evento que desgarra la realidad. Bueno, y su cara, lo que normalmente conllevaría su muerte, pero en esta ocasión su abuelo (un científico loco de manual, si me preguntáis) le coloca un dispositivo experimental llamado DeadGear, devolviéndolo a la vida… más o menos. Y es que Romeo ya no pertenece al mundo de los vivos, pero tampoco al de los muertos, por lo que empiezan a llamarlo Dead Man. Y no, no tiene la cara de Guillermo del Toro. Tras todo esto, el FBI Interestelar aparece para reclutarlo porque necesitan ayuda para capturar a unos fugitivos temporales que no solo se dedican a alterar la historia, sino a deformar la propia estructura del universo. Y en el centro de todo esto está Julieta. O, en este caso, Juliet. La mujer que ama desapareció en el mismo momento en que muere Romeo, y pronto conocerá las diferentes versiones que hay de ella misma, con diferentes tipos de villanía, de víctima o de variante. Cada una de esas versiones actúa como una pieza del rompecabezas emocional de Romeo y de su obsesión por corregir un futuro ya escrito.

Una de las cosas que más me gusta en cómo se cuenta la historia de Romeo is a Dead Man es, precisamente, la fragmentación de su narrativa. Las escenas van encajando poco a poco a medida que vamos rebuscando su significado en el futuro, como si el propio guión estuviera afectado por las rupturas temporales. Lo que parece un diálogo absurdo y humorístico, luego cobra un sentido doloroso, o los personajes que parecen una parodia nacida directamente de la cultura pop, acaban escondiendo algo más profundo. Y es que, ante todo, es una tragedia que se disfraza con un enorme traje con forma de espectáculo visual. Quizá por eso todavía sigo dándole vueltas a algunas de las frases que se dejan caer por la pantalla en los momentos más inesperados. Entre risas, entre surrealismo, al más puro estilo David Lynch, muchas veces cuando un café aparece en la pantalla.
Dejando de lado la historia, que realmente es algo que tenéis que vivir en vuestras propias carnes, una cosa que me sorprendió para bien es la combinación de los diferentes tipos de gameplay, que también funciona como parte del lenguaje del juego. Lo que más va a llamar la atención y divertir es, sin ninguna duda, el combate. Es rápido, fluido y, sobre todo, exagerado, donde iremos alternando armas de fuego con combate cuerpo a cuerpo de forma casi instantánea. Como nos plantean un Romeo con un cuerpo semiartificial, nos dan un margen de movimiento que encaja con una velocidad sobrehumana, encadenando ataques, esquivas y ejecuciones casi como si estuviésemos recreando una coreografía, porque no va a consistir en aporrear el mismo botón sin pensar, sino que tendremos que encontrar el ritmo, leer al enemigo y, sobre todo, aprender a curarnos. Que sí, que si no nos pegan no nos baja la vida, pero os puedo asegurar que cuando os rodean un montón de bichos cabezones, vais a agradecer cada Verano sangriento como si fuese un aire acondicionado. Y es que no solo nos servirá para absorber la sangre de nuestros enemigos y curarnos un trozo de nuestra barra, sino que les daremos un golpe bastante potente que puede ayudarnos a vaciar un poco el encierro en el que nos hemos metido. Y si aun así se nos complica la cosa, tendremos a nuestra disposición los Bastardos, que con un poco de táctica se podrían convertir en nuestro as en la manga y permitirnos ganar los combates más difíciles.

Seguramente os estéis preguntando quiénes son esos Bastardos, y aquí entra la otra parte importante de Romeo is a Dead Man. Nuestra base de operaciones se encuentra en una nave espacial del FBI, y además de encontrarnos con máquinas que nos permitirán comprar nuevas armas o mejorar las que ya tenemos (de una manera que es de todo menos típica), también podremos dedicarnos a la jardinería. Sí, este también es un juego de granjitas. Más o menos. ¿Recordáis la escena de Amanece que no es poco en la que Pastora Vega siembra un hombre? Pues, en este caso, Romeo es Pastora Vega. Tendremos la posibilidad de ir plantando semillas que iremos encontrando por el camino y así conseguir que, en lugar de hombres, crezcan Bastardos. Estos tendrán diferentes ataques, algunos explotando, otros disparando, otros creando hielo o un tornado, y podemos ir fusionándolos para que aumenten su poder o se combinen para crear uno diferente. No serán una variedad exagerada, pero sí suficiente para permitirnos varias estrategias. Aparte de eso, tendremos una tienda con contenido muy variado y que nos traerá a la mente The Silver Case sin que podamos evitarlo, o iremos a cocinar katsu curry con nuestra madre y sus múltiples recetas que, por supuesto, nos darán ventajas en los combates. Siempre y cuando vayamos encontrando o comprando los ingredientes, claro. Y todo esto lo haremos en una nave que estará repleta de personajes que, a su manera, también nos irán ayudando u obligándonos a encargarnos de la burocracia de ir recogiendo firmas para todo lo que haga falta.
El contraste entre todos los elementos de la nave, la exploración, los escenarios y los jefes hacen que nunca sepamos por dónde va a decidir ir el juego. En cierto momento estaremos recorriendo pasillos de un centro comercial y, de pronto, tras meternos dentro de un televisor antiguo, nos encontraremos en un subespacio libre de enemigos y digno de la dimensión 3D en la que acabó encerrado Homer Simpson, que se limita a plantearnos un puzle para que podamos acceder a zonas del mapa que, sin ellos, no podríamos alcanzar. Y más tarde, acabaremos en un psiquiátrico abandonado que podría estar sacado de Resident Evil, cambiándonos por completo incluso el género del juego. De la misma manera, cada jefe tendrá su propio estilo, con algunos que son más un puzle, otros combate puro, y otros que no sabes muy bien por dónde te van a venir. Todo nos sorprende, porque el propio diseño del juego se encarga de romper sus reglas una y otra vez.

Tengo que reconocer que, como vimos en el propio tráiler con el que se presentó el juego, el apartado visual de Romeo is a Dead Man es, ante todo, un manifiesto. No pretende que todo encaje, sino que impacte, y aun así consigue que funcione. Se dedica a combinar estilos hiperrealistas, lluvias de partículas, pixel art del más retro y estética manga en una sola pieza, con colores intensos y llamativos. Incluso en las zonas más oscuras, el neón aparece para ejercer su presencia y su identidad, a veces con una saturación tan extrema que acaba dando la sensación de que ese universo realmente se está descomponiendo. Y tanto la música, como la ausencia de ella, están en el momento exacto, mezclando géneros de la misma manera que hace en su aspecto visual.
Romeo is a Dead Man es un juego que no quiere ser un superventas, sino ese juego de culto lleno de referencias que se convierte él mismo en una referencia. Es excesivo, confuso, extremadamente violento y deliberadamente desconcertante, haciendo de todo ello su propia identidad. Es divertido, a la vez que exigente, para que nos metamos de lleno en el universo que nos plantea a cuentagotas. Es un título sobre el amor que se niega a morir, sobre un protagonista que busca lo imposible y sobre la belleza que surge del desastre. Sobre la vida y la muerte. Sobre Romeo y Juliet.
I run on coffee, sarcasm and lipstick. Hace años le vendí mi alma a Bioware y me convirtieron en la Shadow Broker. Tengo un papelito que dice que soy N7, pero no quieren darme mi propia nave. Me gusta llevarle la contraria a la gente y por eso soy una Inquisidora enana y pelirroja.
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