Al menos tengo un gato

Análisis de Packing Life

Análisis de Packing Life

Desde hace ya algún tiempo se ha consolidado en el mundo de los videojuegos que hay muchísimas tareas normales y corrientes que en la vida real evitaríamos hacer, pero en el mundo digital se vuelven divertidas, agradables y relajantes. Cosas como ordenar cajones, limpiar habitaciones, decorar casas o desmontar aparatos pueden formar parte de nuestro trabajo diario, y, sin embargo, aquí estamos enlazando juego tras juego. De hecho, siempre me gusta recordar la anécdota de que las personas que más juegan a Euro Truck Simulator son, precisamente, los camioneros. Podría meterme en el berenjenal de que el problema no es el trabajo, sino el capitalismo, pero como no estoy aquí para eso prefiero hablaros de uno de esos juegos cozy que trata de crear un espacio cómodo donde poder pasar un rato tranquilo, en esta ocasión, colocando objetos dentro de cajas de la forma más eficiente posible. Con esa premisa, Packing Life trata de ofrecernos esa satisfacción extrema de conseguir encajar cada cosa en su sitio, pero también nos muestra que tener una buena idea no es lo único que hace falta para que un juego sea bueno, sino que tienes que conseguir que se sostenga por sí solo.

Tengo que reconocer que los primeros minutos de Packing Life funcionan muy bien, porque, como digo, la idea es buena. El juego nos pone en la piel de una persona que empieza su nuevo trabajo en una de esas tiendas online que tan bien conocemos y que venden un poco de todo, y nos hace preparar diferentes paquetes colocando los objetos necesarios dentro de una caja. Eso sí, tenemos que tener en cuenta que cada objeto tiene una forma, y que hay que encontrar la manera de organizarlos para que quepa todo. Podremos coger el objeto, girarlo para encontrarle el hueco adecuado y, si es necesario, dejarlo en la mesa para poder ver qué más tenemos que empaquetar y así hacer que todo encaje. Algo sencillo, pero que hace clic en esa parte de nuestro cerebro que nota cosquillas cuando ve que todo está en su sitio. Y quizá penséis que no necesitáis nada más, pero unas cuantas cajas después ves que el juego empieza a fallar, y tu organización sin preocuparte mucho te acaba dando cajas medio vacías. 

Uno de los mayores problemas que nos vamos a encontrar es que sus mecánicas principales cambian poquísimo durante todo el juego y no trata de compensarlo de ninguna manera. Si pensamos en Unpacking, comparación inevitable porque sus mecánicas son lo contrario a lo que nos encontramos en Packing Life, recordamos que todos esos objetos se convertían en narrativa ambiental y nos transmitían una historia, contándonos de forma bastante detallada cómo era la vida de la protagonista en cada una de sus etapas vitales. En este juego, sin embargo, eso está desaprovechado. Si bien nos cuenta la historia de la persona que está colocando los paquetes, utilizando conversaciones con otra gente (de una forma un poco mal escrita), nunca llega a integrarse en la jugabilidad, se queda simplemente como una anécdota. Está ahí, pero no aporta nada a los puzles, y ellos tampoco lo hacen al contrario, al no permitirnos imaginar una pequeña historia sobre los destinatarios observando qué han comprado, porque la escasa variedad de objetos no da pie a ello, solo a ideas generales y abstractas.

Una de las cosas que me llama la atención de Packing Life es el planteamiento de la rutina laboral en ese tipo de trabajos repetitivos, porque en algunos momentos parece que intenta tocar ese tema a modo de crítica, y esa también es una queja que suelen tener muchos juegos cozy. Sin embargo, me da pena que no se atreva a profundizar en ello, porque es un título que se acaba convirtiendo en la rutina de quien está a los mandos, pero esa repetición mecánica no está conectada a una crítica sobre la repetición. Esto podría haberse convertido en una reflexión interesante, o en una herramienta narrativa, pero acaba siendo simplemente un fallo de diseño de querer alargar la duración del juego sin tratar de hacer que evolucione. 

Otra cosa muy importante en los juegos cozy, y que aquí tropieza de vez en cuando, es que la interacción con los objetos no siempre es todo lo cómoda que debería ser, tanto con teclado y ratón como con mando. Sobre todo, la cámara. Y es que todos los movimientos deberían sentirse fluidos, naturales y, sobre todo, con precisión, pero pronto nos damos cuenta de que no siempre conseguimos colocar el objeto exactamente donde queremos porque se desvía, nos marca otro lugar, o la cámara se va hacia donde no pretendíamos llevarla. No son fallos graves, pero sí pequeñas fricciones con las que no queremos lidiar cuando tratamos de relajarnos, sobre todo cuando el juego va precisamente de ordenar cosas. ¿Os imagináis un Tetris con fallos de precisión?

Quizá tengáis la sensación de que todo son críticas, pero en realidad Packing Life también tiene sus cosas buenas. El apartado visual es cuquísimo, y la personalización de nuestro puesto de trabajo hace que todavía se vea todo mucho mejor. Y es que el estilo colorido pero suave encaja con esa tranquilidad que trata de transmitir, y además ayuda a identificar fácilmente todos los objetos. La música, por otra parte, también acompaña perfectamente la experiencia, sin llamar la atención pero ayudando a crear ese ambiente que invita a jugar sin prisas. Lo que no está tan bien, una vez más, es la traducción al español, que al no estar acreditada tampoco sabemos por qué no está bien hecha. 

Packing Life no es un mal título, siempre y cuando se juegue en dosis pequeñas, con un par de cajas en cada partida. Y es que la premisa es buena, pero está tan limitada que no te permite convertirlo en uno de esos pozos de horas en los que entras y ya no levantas la cabeza hasta seis horas después. Es agradable y entretenido, pero también demuestra que ordenar cajas no es suficiente para llenar horas y horas de un videojuego, que necesita ofrecer algo más para convertirse en un título realmente satisfactorio. Y por eso, a veces, los juegos cozy se quedan en juegos agridulces.

Cómprame un café en ko-fi.com

Nix

I run on coffee, sarcasm and lipstick. Hace años le vendí mi alma a Bioware y me convirtieron en la Shadow Broker. Tengo un papelito que dice que soy N7, pero no quieren darme mi propia nave. Me gusta llevarle la contraria a la gente y por eso soy una Inquisidora enana y pelirroja.

No hay comentarios
Deja tu comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.