Nostalgia Flash

Nostalgia Flash

Cuando visité el museo del videojuego abierto en Madrid el pasado 2025 una de las cosas que me llamó la atención es que había un hueco dedicado a los juegos Flash de navegador. Me llamó la atención porque, cuando se habla de preservación, retro y similares, siempre se tiende a centrarse en las consolas y ordenadores, olvidándonos de estos juegos que marcaron a toda una generación en los 90-00. ¿Porque quién no ha pasado horas y horas tontas en Armor Games, Kongregate o minijuegos.com? Lo único que tenían en común esas páginas era que tenían juegos en Flash y que eran gratis (una vez esquivabas la publicidad, eran tiempos salvajes). Y no ha sido hasta ahora, 6 años después de la muerte oficial de Flash, que he visto el daño que hizo que los dejáramos de lado.

¿Por qué se abandonaron los juegos Flash? Múltiples razones. La primera de ellas es que eran un coladero de virus y otros problemas de seguridad. Este es el principal motivo de su descontinuación, junto con el hecho de que se empezaran a hacer páginas web de otra forma. También he leído que otro punto importante es el auge del uso del móvil y que iPhone no soportara Flash (tampoco Android, pero más tarde). También podríamos señalar a Facebook y su implantación de minijuegos con un modelo agresivo de captación, que desvió el flujo de usuarios de un lugar a otro. Como se suele decir, entre todos la mataron y ella sola se murió.

Pero no estoy aquí para analizar qué pasó con los videojuegos Flash, aunque creo que es un tema sobre preservación bastante interesante. Hay proyectos, como Flashpoint, que archiva estos juegos (y otros elementos creados con Flash) para su preservación y permite, plugins mediante, jugar con ellos. También existen emuladores que permiten volver a jugar a estos juegos, como Ruffle. Es de agradecer que alguien haya hecho esta labor de preservación ya que estos juegos no dejan de ser un elemento importante de la escena indie, o la proto escena indie que surgiría años después. ¿Por qué los juegos de Edmund McMillen tienen ese aspecto? Porque Super Meat Boy pasó de una versión Flash a venderse en otras plataformas y formatos. Maddy Thorson, la creadora de Celeste, empezó haciendo juegos Flash para navegadores. Y así unos cuantos más.

Pantalla de Super Meat Boy

Cuando más jugué en navegador fue durante mi adolescencia. Dedicar horas y horas con minijuegos chorra era parte de mi ocio. Porque a veces era divertido pasar la tarde disparando a una tortuga en un cañón y hacer que llegara más lejos. O jugar a la sexta parte de un clon de Final Fantasy, del que no te enterabas de mucho, pero había muchos brillos. O buscar un nuevo Tower Defense que te entretuviera unas pocas horas antes de pasar a otra cosa. Porque esta era la clave de estos juegos de navegador: eran gratis y estaban a un clic de distancia. ¿Os acordáis cuando podías dedicar unas pocas horas a un juego sin tener que ver vídeos cada cinco minutos para conseguir más energía? Ah, los 80.

La gracia de este formato es que era muy fácil entrar un día a la página y probar todo tipo de juegos, dedicándoles cinco minutos o menos antes de pasar a otro. No hacía falta tener el PC más potente del mercado, sólo una conexión medio decente a Internet y tiempo libre. A veces tenías que cavar mucho para encontrar algo potable, pero, como digo, la gracia estaba en asomarte, ver si te convencía, y si no, pasabas a otra cosa. Y a los desarrolladores les podía servir de campo de pruebas para experimentar.

Todo esto se ha perdido a día de hoy. Por un lado, encontrar un juego tonto de móvil que no meta anuncios cada dos minutos o ponga fáciles los primeros niveles para atraparte cuesta mucho trabajo (ni hablemos de por qué quiere esa aplicación compartir tu información financiera con terceros). Por otro lado, para las plataformas, necesitas instalarte el juego. En itch.io es más sencillo, pues al ser el portfolio de muchos desarrolladores, encontramos múltiples títulos que son gratis, salidos de jams. O estudios que ponen pequeños experimentos para ver qué tal les funcionan y recibir feedback. En estos casos, podemos tener suerte y que sea un juego de navegador; si no, hay que bajarlo e instalarlo. En cuanto a Steam… en Steam existe demasiada broza como para que encontrar un juego gratis tonto sea satisfactorio.

Y aquí vienen mis gritos de señora mayor a una nube. Tengo la impresión de que, cuando la gente tiene algo un poco más sólido que algo salido de una jam, lo sube a Steam… por un módico precio. Y este es un problema que tengo desde hace tiempo con muchos títulos pequeñitos que veo en Steam. Los miro y lo que veo es material para un juego de Flash de navegador. Algo que no va más allá de una colección de minijuegos grapados entre sí para hacer algo de sustancia que justifique pagar 15 euros por él.

Soy una firme defensora de que hay cosas que se hacen por amor al arte y otras que requieren un pago. El problema es que, con la desaparición de los minijuegos de navegador, parece que hemos perdido esa parte de amor al arte. Que esa cultura de probar y experimentar ha desaparecido, se reserva a jams o a gente que busca hacer cosas para tener juegos en su haber. Ahora esa filosofía no existe, hay que invertir una cantidad de tiempo en el desarrollo y la gente (como es esperable) quiere recuperar esa inversión. Así que se lanzan los juegos por un módico precio.

Ni siquiera creo que esto sea culpa del capitalismo, sino de la carrera disparatada y la amplia oferta que hay. Porque ya no se pueden hacer juegos rápidos. No hablo de una jam, sino de hacer un juego cada mes y colgarlo por las risas. Poca gente puede permitirse tardar tan poco en hacer esas cosas y luego, además, pretender que la gente lo juegue.

Captura de QWOP, donde manejas a un atleta corriendo, pero muy despacio

Esto no es más que una reflexión, un pensamiento al aire en mi nostalgia de los juegos Flash. No de su calidad, pues probablemente los recuerde mejores de lo que fueran, sino del espíritu de compartir que existía antes. La nostalgia por un Internet que ya no existe a día de hoy y puede que nunca volvamos a tener.

También es posible que me haga mayor y esté viendo las cosas con un prisma mucho más amable del que en realidad nunca hubo, pero a veces pienso en que, si Flash siguiera existiendo a día de hoy, los campos de pruebas serían más abundantes. Que no sería tan complicado tener un rato muerto, entrar en una página, probar algo cinco minutos y, si te he visto no me acuerdo, o quedarte enganchada durante horas a una tontería.

Y esta opción de probar cosas nuevas es buena para desarrolladores y público, pues permite experimentar cosas nuevas y fuera de lo habitual. Investigar, curiosear, equivocarse, fallar… Algo que cada vez se nos permite menos, tanto a desarrolladores como público, lo que es una lástima, porque para hacer un juego bien (o una novela, dibujo, etc.) primero hace falta hacer cien malos. De la misma forma, para poder desarrollar nuestro paladar necesitamos variedad, no el mismo juego de siempre pero con un nuevo sombrero. Y nada de esto a día de hoy es una opción.

Cómprame un café en ko-fi.com

Darkor_LF
Darkor_LF @darkor_LF

Difusora de la palabra de Pratchett a tiempo completo. Defensora de causas pérdidas e inútiles. Choconiños o barbarie. Hipster por necesidad. Tengo una pipa falsa. +50 en pedantería.

No hay comentarios
Deja tu comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.