tap tap tap tap

Los idle games y la productividad en los hobbies

Los idle games y la productividad en los hobbies

Nunca fui muy fan de Clippy y el resto de asistentes de Microsoft Word. No me gustaba tener constantemente los ojos de este clip animado sobre mí mientras escribía porque me sentía presionade, y me gustaba tener intimidad sobre mis textos, aunque este asistente solo se limitaba a revisar la ortografía y algunos elementos de concordancia. Sin embargo, esto ha cambiado en el último año, y ahora me gusta tener la compañía de un idle game como Tap Tap Loot o Bongo Cat, al que he llamado mi “compañerito de escritura” y cuya apariencia cambio a diario. En el último año hemos experimentado un auge considerable en estos idle games, tanto de pago como gratuitos, enfocados a diferentes tipos de personas y a diferentes momentos… ¿Pero cómo ha nacido este pequeño boom? ¿Cómo nos afecta como personas que jugamos en nuestro día a día?

Cookie Clicker es, posiblemente, el juego más famoso de este género. Con cada clic en la galleta gigante, iremos ganando más galletitas que nos permitirán comprar mejoras, como automatizar los clics, para que solo veamos cómo los numeritos crecen hasta llegar a cifras absolutamente inabarcables. Este título se ha convertido en el máximo exponente de los juegos incrementales. Desde el lanzamiento de Cookie Clicker han aparecido otros similares con el mismo objetivo, acumular una suerte de “riqueza” virtual mientras quien juega lo hace de manera pasiva o con una interacción mínima. AdVenture Capitalist es otro de esos títulos incrementales en los que no tendremos que hacer mucho más que elegir ciertos elementos mientras nos embolsamos cantidades absurdas de dinero, como si quisiéramos emular a Jeff Bezos o Elon Musk. Muchos de estos juegos combinan los clics (aunque luego se automaticen) y la pasividad, convirtiéndose en algo parecido a un compañero de escritorio, pero con una interfaz de juego completa.

Sin embargo, en los últimos años ha aparecido una nueva vertiente de este tipo de títulos, que suelen poblar la etiqueta “cozy y que no terminan de ser juegos al uso, como Bongo Cat. Una mascota virtual que lleva el conteo de nuestros clics del ratón y pulsaciones del teclado, con los que podremos comprar elementos cosméticos para personalizar a nuestro gato. Hay algunos elementos de pago, como el pack de dioses, pero cuanto más tecleemos o más tiempo echemos, más cosas conseguiremos desbloquear. Tap Tap Loot sigue la misma idea, solo que ahora llevaremos a un animal que irá progresando en una aventura RPG mientras tecleamos o clicamos. Desbloquearemos mejores armas y elementos que los harán más fuertes ante los enemigos, y aquí el conteo de cada pulsación se transforma en unidades de oro para poder mejorar nuestros elementos. Mientras que Bongo Cat es más un acompañante de escritorio, Tap Tap Loot se convierte en algo totalmente pasivo, donde no necesitamos fijar totalmente nuestra atención para poder avanzar, más allá de cambiar alguna arma o elementos de nuestra armadura, o algún detalle estético.

Desde el lanzamiento de Bongo Cat en marzo de 2025, se han sucedido multitud de títulos similares, como Still Cats o Mini Cozy Room. No dejan de ser acompañantes de escritorio, cada uno con un nivel diferente de personalización y de espacio que ocupan en pantalla. Y si hablamos de estos, tenemos que mencionar también a títulos como On-Together, que es básicamente un coworking online, donde juntarnos con otra gente para hacer cualquier tipo de tareas y llevar una cuenta de nuestra concentración o de los progresos que hemos ido haciendo. Aparte de que, en la industria, con cada éxito masivo salen muchísimas copias iguales (como ocurrió con Vampire Survivors), ¿qué nos lleva a tener constantemente estos acompañantes de escritorio o a juntarnos en compañía de otras personas para trabajar a través de un juego?

Desde la pandemia, los hábitos de la gran mayoría de gente cambiaron, el teletrabajo se convirtió en una nueva realidad y en algo que a priori se quedaría instaurado en nuestras vidas, y había una gran necesidad de conectar con todo el mundo. Se recurrió a Discord, Zoom y otro tipo de plataformas donde se pudiera ver y hablar con el resto del mundo. Mientras que después del COVID-19 todo ha regresado a una situación similar a la que había antes, sigue habiendo una necesidad de conectar a través de otras plataformas. Aunque han existido siempre (Habbo Hotel, Second Life) ha habido un nuevo auge en torno a este modelo. 

Captura de On-Together donde se ve a un grupo de varias personas concentradas en un parque al lado de un río.

En On-Together, por ejemplo, la gracia está en poder configurar como se quiera el avatar y la sala que creemos, o que elijamos una a nuestro gusto, tanto si queremos hablar con el resto de la gente como simplemente gozar de esa compañía virtual. Lo mismo ocurre con Bongo Cat, que admite ya multijugador y poder entrar en salas con mucha gente o crear una privada en caso de que solo queramos que nuestro gato se junte con el de personas conocidas. En Tap Tap Loot podemos ir también en compañía… Las posibilidades son infinitas, y en muchos casos, no requieren totalmente de nuestra atención para “jugar”. 

Más allá de la compañía, estos juegos tienen en común que, de una manera u otra, se lleva un conteo de nuestro progreso. Todos tienen logros, pero también tienen diferentes maneras y herramientas de hacernos ver el progreso que hemos hecho, ya sea de las pulsaciones del teclado o de cuánto oro hemos conseguido, y quizás Bongo Cat es el más directo de todos ellos. De un tiempo a esta parte ha habido un auge importante en tener registros de todo lo que hacemos diariamente. Del sueño, de la alimentación, del agua que bebemos, de los pasos que damos, de lo que escribimos… Todo viene con un contador que marca nuestros hitos diarios o esas metas que nos ponemos, como si para superar el día y sentirnos realizades tuviéramos que, como mínimo, llegar hasta ellas. 

Es llamativo cómo en los últimos años cronometramos cada cosa que pasa en nuestra vida, y es algo que hemos trasladado también a los videojuegos. Completar un número de pulsaciones diarias en Bongo Cat, aspirar a llegar más lejos en una sesión de Tap Tap Loot o cronometrar cuánto tiempo pasamos leyendo mientras tenemos On-Together abierto es otra manera de controlar el tiempo que tenemos y en qué lo invertimos. Es convertir cada momento de nuestras vidas en algo productivo, tal y como nos pide el sistema económico que tenemos que sufrir. Hay momentos en los que vemos como un fracaso pasar dos horas en un videojuego sin avanzar, o pasar una tarde entera sin hacer nada. La sociedad y el sistema nos empujan a medir cada pequeña meta o cosa que hagamos después de trabajar para sentirnos realizades, para saber que no estamos perdiendo el tiempo. 


A pesar de que uso y disfruto estos compañeros de escritorio, soy capaz de reconocer que lo hago para no sentir que pierdo el tiempo, aunque sea de ocio. Agradezco que podamos acceder a este tipo de cosas porque, al contrario de lo que me pasaba con Clippy, tener a mi gato personalizado acompañándome me ayuda a concentrarme, o unirme a una sala con otras personas mientras escribo. Tenemos a nuestra disposición herramientas chulas e idle games que dan algo más de vida a nuestros escritorios virtuales, pero tenemos que tener en cuenta que también pueden acabar siendo elementos que marcan cómo y qué disfrutamos. No convirtamos todo nuestro ocio y hobbies en productividad.

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Meren Plath
Meren Plath @serendipia_s

be gay do crime take a nap. soy arándano de Animal Crossing. CEO de las Movidas Nucleares™, testeadora, presento el pugcast, doy mazo la chapa.

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