“Sic Parvis Magna”. La grandeza nace de pequeños comienzos. Ese es el lema de Sir Francis Drake que nos ha acompañado a lo largo de toda esta saga. Y es que el 10 de mayo de este mismo año nos llegó la última entrega de las aventuras de Nathan Drake, un cazatesoros que vive obsesionado por la búsqueda de antigüedades y reliquias en lugares cuanto menos complicados de alcanzar, y siempre metiéndose en líos con personajes no muy amigables que digamos, con el mismo propósito que él.

Pero en esta última entrega es todo diferente. Ahora Nathan ha sentado cabeza (quién nos lo iba a decir), viviendo una vida tranquila junto a Elena, su compañera en más de una aventura desde el comienzo de la saga. Ya ha dejado atrás esa vida que en tantas ocasiones le ha puesto en peligro, pero en el fondo la sigue echando en falta. Hasta que, como siempre en la vida, algo aparece para trastocarlo todo.

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Sam, su hermano, aparece para pedirle ayuda. Porque sí, resulta que Nathan tiene familia. Y es un punto a su favor en esta cuarta parte. En juegos anteriores apenas se nos hablaba de su pasado, sólo que era un niño huérfano que supuestamente descendía del linaje de Francis Drake. Ahora se nos dan más datos de su vida, su procedencia, su familia, y de cómo ha ido llegando hasta aquí, lo que lo hace todo mucho más interesante.

El problema es que Nathan ya había abandonado esa vida y prometido a Elena que no se metería en líos. Así que ahora se encuentra entre la espada y la pared. Porque en esta ocasión se nos presenta a un Nathan arrepentido que intenta arreglar los problemas ocasionados en el pasado que tantos disgustos les ha dado a su fiel Elena y su gran amigo Sully.
Pero todos sabemos que Nathan lo lleva en la sangre y es una necesidad vital para él en su vida. Así que nos embarcamos en esta nueva aventura. Nathan, acompañado de su hermano, vuelve a la carga en busca del tesoro, esta vez el de una ciudad pirata escondida, y vuelta a enfrentarse a esos enemigos, que van tras el mismo objetivo que él, que en esta ocasión se tratan de Rafe, un antiguo compañero de aventuras de Nathan y Sam y Nadine, una mercenaria.

A destacar varias cosas en esta entrega. La duración es algo de agradecer. Todos los que hemos jugado a los Uncharted nos hemos quejado de que, al ser una historia en la que no falta la acción, intriga, el sentido del humor que tanto caracteriza a Nathan Drake, nos engancha tanto que se nos hace corto. Y es que la duración solía rondar las 8 horas de juego. En esta ocasión podemos llegar a las 18 horas, más si sois aficionados como yo a conseguir los trofeos de los tesoros, que algunos están realmente bien escondidos. A esto le añadimos entradas de diarios y cartas. Todo esto hace que conozcamos más sobre la historia y aprovechemos para explorar este mundo tan enorme y con tantos rincones que nos han creado en esta ocasión.

Otra novedad es la utilización del sigilo. Esta vez podremos escondernos entre matorrales para que los enemigos no nos vean y huir de ellos o atacarles por sorpresa. Si sois aficionados a ello lo disfrutaréis mucho, y hace que el juego sea algo diferente a los demás, no solo esconderse tras una pared y disparar. Nathan Drake como si de un Solid Snake se tratara.

La IA está bastante bien conseguida en esta entrega. Casi siempre iremos acompañados por Sam o Elena, que nos ayudarán en todo momento, llegando a lugares donde no podríamos llegar solos, combatiendo contra los enemigos a la par nuestra. Y lo interesante de todo, que a la vez que vamos con ellos iremos entrablando conversaciones, muchas nos saltarán para que pulsemos el botón y descubramos conversaciones nuevas.

El apartado gráfico es magnífico. Al ser más largo este juego que los anteriores nos saltarán cantidad de cinemáticas que nos mantendrán sin pestañear, ya que es una película totalmente, y disfrutaremos de cada detalle de los rostros, los gestos, el agua que cae que parece casi real, esos paisajes llenos de color, todo con un gran detalle.

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El final del juego se cierra con un epílogo, que creo que consigue un magnífico cierre para esta saga que, particularmente, me tiene enamorada. Creo que es un broche perfecto y la mejor manera de acabar con las aventuras de nuestro Indiana Jones moderno (añado que en la parte en la que pasa de contarnos su niñez a adulto es un claro guiño a Indiana Jones, concretamente a lo mismo que ocurre al principio de La Última Cruzada).

Ahora siento un vacío en el corazón de que todo se haya acabado pero solo quiero decir, gracias, Naughty Dog, por traer a Nathan Drake a nuestras vidas.