Hace no mucho tiempo, en un intermedio entre las clases del máster, decidí entrar a una web de videojuegos a mirar las últimas noticias del que es uno de mis juegos favoritos: Los Sims (en este caso el 4). Un compañero, con el que ya había hablado sobre videojuegos, cómics y series y que se sentaba detrás de mí, vio que entraba en la web y leía una noticia referente a Los Sims 4, a lo que me comento algo así como: “Cris, te tenía en más estima, mira que jugar a Los Sims…”.

Sims 01
Mi cara de incredulidad cuando mi compañero me soltó eso tuvo que ser algo parecido

Me molestó, para qué negarlo. En ese momento la única respuesta que se me ocurrió fue la propia de un niño pequeño: argumenté que otro de mis juegos favoritos era el Mass Effect, él me miró con cara de “bueno, pero lo de Los Sims no te lo perdono” y la cosa se quedó ahí. Posiblemente porque el profesor entró en el aula, no sé.

Lo cierto es que, en cierta manera, siempre he vivido ese menosprecio hacia Los Sims y hacia los que decidimos jugarlo e incluso decimos que es uno de nuestros videojuegos favoritos. Tampoco es que haya tenido experiencias propias traumáticas ni problemas al respecto (no soy mucho de meterme en conflictos; quizá tenga la misma capacidad sobrenatural para evitar conflictos que la tengo para evitar spoilers), pero no puedo quitarme la sensación de menosprecio. El comentario de mi compañero de clase simplemente fue uno de los muchos pequeños detalles. Otro de ellos fue el de una amiga cercana que, con voz violenta, argumentó algo parecido a “a mí no me gustan Los Sims; no entiendo por qué por ser chica tienen que gustarme los juegos para chicas”.

Como firme defensora de Los Sims y como gamer, a día de hoy sigo sin entenderlo. Es decir: entiendo que no te guste algo. Cada uno es libre de que le guste una cosa u otra, de elegir un tipo de videojuegos u otros y, por supuesto, de manifestar su opinión hacia un videojuego, ya sea buena o mala. ¿Pero el odio? No. Por eso no paso. Y lo cierto es que, personalmente y como jugadora más que habitual de Los Sims, he tenido que enfrentarme a ese tipo de odio o a algún tipo de rechazo alguna vez.

El rechazo representado en la cara que puso mi compañero de clase al verme buscando cosas de los Sims. El rechazo representado en las palabras de mi amiga. El rechazo representado en aquellos que piensan que si juegas a ese tipo de juegos “no eres una gamer de verdad”. Para mí, ser gamer es algo más que el tipo de videojuego que elijas para pasar el tiempo libre. Para mí, ser gamer es tener tiempo libre y elegir jugar a videojuegos, ya sea sola o con más gente. Habrá quien opine que digo esto porque “no soy una gamer de verdad” y tengo que defenderme de alguna manera.

Es cierto que durante algún tiempo no me consideré una “gamer de verdad” por jugar, precisamente, a los Sims o algún que otro juego casual. Porque esos no son videojuegos de gamer de verdad. He de reconocer, no sin cierta vergüenza, que durante algún tiempo no reconocía ante nadie que jugaba a los Sims, que me picaba como una idiota al Candy Crush o que me tiraba el tiempo que tardaban mis amigos en llegar a casa jugando a algún juego de Facebook. Es así: me daba vergüenza reconocerlo.

Ahora me da casi vergüenza reconocer que en algún momento pensé y actué así. ¿Y por qué lo hice? Porque hay ciertas personas que te hacen creer eso. Son esos idiotas que atacan en foros, en twitter y en demás redes y de los que, aunque no se abalancen directamente sobre ti, sientes sus ataques como si te estuvieran arañando la cara.

No sé si seré una gamer de verdad o de mentirijillas. En realidad, no creo en el término “gamer de verdad”, pero mucha gente sí lo hace y no sé si entraré dentro de su definición o no. Pero os voy a ser sincera: me da igual. Me da absolutamente igual. En lo que a mí respecta, voy a seguir considerándome gamer. ¿Y por qué? Porque cuando tengo un rato, mi elección es jugar a algún videojuego. Ya sea a los Sims, al Hearthstone o al Mass Effect.