No estoy muy acostumbrada a los juegos de plataformas. No tengo nada contra ellos, en realidad, pero es un género que no me llama demasiado la atención. A lo largo de mi vida de jugona he empezado muchos que no he llegado a terminar; a veces se me hacían repetitivos, otras veces encontraba algún otro al que le tenía más ganas y lo acababa dejando de lado.

Hasta que llegaron las rebajas de Steam de la Navidad pasada y encontré Ori and the Blind Forest.

Y me enamoré mucho.

Ori and the Blind Forest (Moon Studios, 2015) es un juego de plataformas en 2D, estilo Metroidvania (es decir, tiene un mapa gigantesco por el que solamente se puede ir avanzando cuando se van consiguiendo ciertas habilidades).

En él tomamos el papel de Ori, un pequeño espíritu guardián que tiene que curar un bosque herido de muerte tras un cataclismo. Empezamos con habilidades muy básicas, como correr o saltos sencillos, pero según vamos avanzando iremos adquiriendo muchas más. Parte de ellas son obligatorias, en el sentido de que sí o sí las acabaremos consiguiendo puesto que son parte de la trama. El resto (principalmente dedicadas a ataque, defensa, entorno y mejora de las habilidades principales) las podremos desbloquear con puntos, que vienen dados por la cantidad de luz de espíritu que Ori recolecte en sus viajes.

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Existen cuatro niveles de dificultad (fácil, normal, difícil y una vida), lo cual se agradece como no os hacéis idea, teniendo en cuenta que al principio había uno solo y que algunas zonas eran tan complicadas que acababan resultando frustrantes. Esto cambió cuando salió la Edición Definitiva en abril de este año, que añadió esos modos de dificultad extra, aparte de nuevas zonas, cinemáticas y habilidades para Ori.

Visualmente, es espectacular. Los creadores se inspiraron mucho en las películas de Studio Ghibli y eso es algo que se nota. La factura técnica es impresionante, con gráficos pintados a mano y que son de lo mejor que he visto en mi vida en 2D. Todo en el bosque de Nibel está muy vivo y quiere acabar con nosotros, desde el agua contaminada hasta las plantas espinosas, pasando por arañas, cuervos y demás fauna.

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El mapa está dividido en varias zonas muy diferentes entre sí, pero con una transición impecable entre unas y otras. Tan pronto se está en un bosque, como en un pantano, como dentro de un monte rodeado por ríos de lava, como nadando en el agua de un río helado.

Hay que saltar, correr, trepar, nadar, volar, lanzarse contra paredes, revelar mapas, abrir puertas, desafiar las leyes de la gravedad; hay que planear los movimientos al milímetro porque algunas secciones no admiten errores y un click de más puede marcar la diferencia entre llegar al objetivo o acabar en el abrazo espinoso de los zarzales. Hay mucho que hacer, muchos secretos que descubrir y muchas zonas que visitar; y aunque pueda parecer mucha tarea, el juego nunca se hace pesado ni aburrido.

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Una cosa sí que tengo que advertir: moriréis. Probablemente bastantes veces y de formas de lo más variopintas. No os extrañe, es bastante común ya que hay trampas y enemigos inesperados por todas partes. Nibel es un lugar precioso pero bastante salvaje, aunque para compensarlo nos ayuda dándonos la posibilidad de salvar cuando queramos, siempre y cuando tengamos energía suficiente para crear puntos de guardado que aquí se llaman vínculos de alma. Además cada cierto tiempo encontraremos pozos de espíritu, donde Ori podrá regenerarse, y que en más de una ocasión son una ayuda inmensa cuando no se tiene la opción de guardar de forma manual.

Como ya he dicho, Ori and the Blind Forest es maravilloso, pero casi con total seguridad no lo sería tanto de no ser por la música que tiene de banda sonora (Maedi-Visna ya ha hablado un poco de ella por aquí) y que fue compuesta por Gareth Coker. Es orquestal, preciosa y perfecta y tiene la increíble capacidad de hacerte sentir que estás dentro del escenario, con las luces y los árboles y el viento y los colores. No concibo que a alguien pueda resultarle indiferente, ya que forma parte del juego tanto como el propio Ori y le da una vida inmensa.

Notaréis que no os he hablado mucho del argumento. Sí, Ori tiene que salvar Nibel, que se muere tras una brutal tormenta. Sí, hay que restaurar los cuatro elementos para devolverle al bosque lo que ha perdido. Sí, hay que ingeniárselas para esquivar enemigos y peligros y sobrevivir.

Pero no es solo eso. Ori and the Blind Forest también habla de la pérdida, del amor, de que no es solo nuestra familia aquella en la que nacemos sino la que elegimos. También del valor; Ori es un pequeñín en un mundo muy grande, pero aunque esté solo se hace fuerte, pasa por muchas cosas y se niega a rendirse.

No os cuento más porque quiero que lo descubráis. Quiero que disfrutéis de ese prólogo maravilloso (diez minutos de perfección). Que os enamoréis de Nibel como yo, que adoréis a Ori y a Naru y a Kuro y a Gumo y a Sein, que acompaña fielmente a Ori en su viaje.

Tanto si sois fans de los juegos de plataformas, como de los estéticamente bonitos, como de la buena música, historia o jugabilidad, Ori and the Blind Forest no os decepcionará.

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