Hoy me apetece hablar de una trilogía muy conocida: Dark Souls.

Alguien no hace mucho se sorprendió al decirle que yo jugaba a este juego. Era un hombre y sus palabras fueron: “Ah, ¿pero tú juegas a Dark Souls?” con un tono de incredulidad propio de quien da por sentado que no hay mujeres gamers. Mi indignación fue tal que me inspiró para escribir este post.

Yo poseo el 1 y el 2  (el 3 ya caerá cuando lo rebajen) pero me voy a centrar en el primero que es al que más horas he echado.

Esta saga de juegos de fantasía tétrica medieval creada por el equipo de programadores más sádico y cabronazo que jamás ha existido sobre la faz de la tierra la compañía FromSoftware, es considerada como una de las más frustrantes de superar. Su principal característica es que nuestro personaje va a morir más que Sean Bean a lo largo de su carrera, ya sea a causa de los enemigos, del entorno o a manos de otros jugadores que tengan a bien invadir nuestra partida.

Se supone que este es el motivo por el cual nuestros queridísimos True Gamers del alma alegan de forma reiterativa que Dark Souls no es un juego para mujeres, porque es un juego “difícil”. Lo es dependiendo de tu forma de jugar.

Este juego lo conocí gracias a mi pareja, quien se vició de mala manera al primer Dark Souls. Yo le veía matar monstruos una y otra vez y le preguntaba: “¿No te aburre matar siempre a los mismos? ¿Por qué no pasas a la siguiente zona?”.

Después de varias semanas de verle viciar a cada rato que tenía me picó la curiosidad y empece a jugarlo a través del modo familiar de Steam. Aún recuerdo el grito que pegué cuando conocí al Asylum Demon, el jefe del tutorial. Yo me quedé: “Pero, PERO ESTO QUÉ ES. ¿Me tengo que cargar al mostrenco este? ¡Socorroooo!”.

Despues de muchas (pero muchas) muertes lo conseguí. Lo siguiente que recuerdo es a mí misma saltando y gritando: “¡¡Síii!! ¡¡Toma ya, qué buena soy!!”

Creo que a partir de ahí empecé a mirar el juego con otros ojos. Cada nuevo enemigo era un reto: no sabía cómo me iba a atacar ni cómo derrotarlo, pero ahí radica la gracia del juego. El Dark Souls te curte, te hace aprender de tus errores sí o sí. Así aprendí que no hay que darle al botón de esquivar cerca de un barranco (por razones obvias); que la barra de aguante hay que mimarla porque si se te vacía estás muerto, ya que dependes de ella para atacar, esquivar y lanzar hechizos; o que curarse con un enemigo cerca es la forma más efectiva de morir. Lo único que aún no he aprendido tras cientos de horas viciando es a hacer parry. A pesar de ello, no me ha ido nada mal. Siempre puedo pincharles por la espalda o tirarles por un precipicio.

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Sí, definitivamente es un buen momento para curarse.

A mí esta saga me encanta por tres motivos:

En 1er lugar: El lore, tan rico pero a la vez tan abierto y dejado a interpretaciones que una se puede pasar días y semanas debatiendo en los foros sobre la historia de tal o cual personaje. Es bastante interesante leer las especulaciones de los jugadores al respecto, ya que al no haber casi nada canon, somos muy libres de hilar nuestras historias.

En 2º lugar: La dificultad. Sí, Dark Souls 1, 2 y 3 son juegos con un contenido desafiante que pone a prueba los límites de tu paciencia, tus reflejos, tu memoria y demás; sí, suele ser muy frustrante; sí, muchas sesiones suelen acabar con el mando lanzado contra el suelo. Pero cuando te pasas a ese jefazo o a ese grupito de enemigos que no te dejaba avanzar, la satisfacción que sientes es inmensa.

Por otro lado, si los retos no te atraen o quieres probar algo diferente, tienes la posibilidad de cheesear a la mayoría de enemigos y jefes del juego, es decir, matarlos de la forma más rastrera y humillante posible. Por ejemplo, invocando a un NPC que pelee por ti mientras le animas y comes palomitas (véase el caso de Queelag y el Golem de Hierro) o bien usando el entorno a tu favor como en el caso del Capra Demon, al cual puedes matar incluso antes de entrar en el area del combate lanzando bombas por encima del muro de niebla. Por poder, puedes incluso conseguir humanidad y almas infinitas aprovechando ciertos glitches.

Lena vs Quelaag.avi_snapshot_03.07_[2016.09.01_23.07.16]
Mildred, la mujer de amianto.
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Si, va en pelotas y no se quema, pero a ti que no te toque la lava.

Sé que esta forma de jugar es duramente criticada por los True Gamers que insisten en que chinofarmear almas y solearse a los jefes es la ÚNICA Y VERDADERA FORMA DIGNA DE JUGAR, pero me la suda. Queridos True Gamers: podéis ir haciendo cola para comerme el ****. Yo me divierto jugando así y eso es lo que importa. ¿Me hace menos gamer, acaso? Total, luego en el PvP siempre te invaden hackers.

En 3er lugar: El modo online. Tu personaje puede, gracias a un objeto llamado Saponita, dejar una marca en el suelo para ser invocado por otros jugadores. Depende de si la Saponita es blanca o roja entrarás en su mundo/partida para ayudarles a limpiar una zona y derrotar al jefe (la de almas que he ganado ayudando a los demás a cargarse a las Gárgolas) o batirte en duelo con el dueño del mundo (o ser presa de un gank).

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A las puertas de un boss en buena compañía. Nadie dijo que hubiese que jugar solo.
Granny vs ornstein & smough.avi_snapshot_00.00_[2016.09.01_23.13.08]
Aquí Solaire haciendo PRAISE THE SUN, el saludo oficial de los SunBros

También puedes ser invadido por otros jugadores que aparecerán en tu mundo para asesinarte vilmente, o invadirles tú. Aquí es donde cobra sentido el pertenecer a un pacto, pues según seas de uno u otro tendrás una forma diferente de interactuar con otros jugadores. Los pactos son unas organizaciones lideradas por un NPC concreto que persiguen un objetivo, desde proteger una zona de invasores, invadir tú a otros o llenar de enemigos chungos el mundo de los demás sólo por joder. Dependiendo de qué modalidad de juego te guste más (PvE, PvP o Cooperativo), puedes unirte a uno u otro.

Como más disfruto yo es esperando a que me invadan a un personaje de bajo nivel y me lo maten, para poder acusar al jugador y después darle caza con mi personaje perteneciente al pacto de la Luna Oscura, que se dedica a ajusticiar a los que han sido acusados. Es decir, yo misma me procuro la diversión.

Podría enrollarme horas y horas contando mis anécdotas, pero el post sería demasiado largo. Así que me despido ya, no sin antes recomendaros que lo juguéis, puede ser toda una experiencia.