Antes de entrar en lo que vengo a contar, me gustaría aclarar que siempre he sido, desde pequeña, una chica que ha tenido sus propias reglas a la hora de jugar. Sí es verdad que podía adaptarme a las reglas convencionales de los juegos (por ejemplo, era la mejor portera de mi clase en el fútbol y eso me fue reconocido hasta que los roles de género me apartaron de ese juego) también, a veces, le echaba un poco de creatividad a las cosas.

¿Conoces el tejo? Bueno, pues si las normas es que vas saltando usando una o dos piernas dependiendo de los números, a mí me apetecía jugar con una piedra, tenía que ir arrastrándola a la pata coja de número a número. Y recuerdo a mi profesora reírse y decir: “¿qué forma es esa de jugar?” pero a mí me daba igual, vaya.

También recuerdo que usaba las cuerdas para simular que era domadora de animales en vez de para jugar a la comba y mis amigos y amigas del colegio se enfadaban conmigo porque acaparaba la cuerda para eso, pero es que tanto saltar me aburría al rato.

Pues cuando entré en el mundo de los videojuegos también solía hacer lo mismo, me lo pasaba todo por el forro. Básicamente jugaba con mi hermano al Super Smash Bros como nos daba la gana. Usábamos el modo entrenamiento para tener pokéballs infinitas y lanzárnoslas a la vez en el campo pokémon, el juego se basaba en que el que quitara mayor vida al otro con su pokémon ganaba. Y mi primo siempre nos gruñía que jugáramos como Dios manda, que es dándonos de leches.

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Super Smash Bros, el campo Pokémon. Cada uno subía a una plataforma y nos lanzábamos las pokéball a la vez.

¿El Mario Kart? Nos dedicábamos a hacer el canelo. En la partida de la playa nos poníamos a jugar a pasar por el hilo de arena que se hundía cuando subía la marea, pero sin dejar que el agua nos tocara. Si eso pasaba, perdías. También jugábamos a esquivar los patos una y otra vez, o a hacer que el otro se chocara con ellos.

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Mario Kart. Mi pesadilla era cuando se cerraba ese camino y mi hermano me ganaba.

En el Joint Operation, un shooter, jugaba a tirar a mi compañero de la lancha y a hacerle seguirla a nado. Me partía de risa, sí. O a tirarme en paracaídas ahí donde pillara (y donde el enemigo no me moliese a tiros). Y cuando jugaba una LAN con mi padre y mi hermano los dos íbamos en equipo mientras mi padre se camuflaba en algún lugar, mientras el juego iba sobre conquistar el búnker del otro, mi hermano y yo jugábamos a descubrir dónde estaba camuflado mi padre, que se dedicaba a matarnos de disparos en la cabeza desde la lejanía antes de que pudiésemos descubrirle. El búnker nos importaba tres pimientos.

O hablemos del Age of Mythology, que me dedicaba a hacer ciudades geniales y granjitas porque me entretenía crear una ciudad enorme que el enemigo trataba de quebrantar cada dos por tres. Hasta que no me aburría no me daba por soltarle tres patadas en el culo, lo cual era más interesante porque al enemigo también le había dado tiempo a crear una ciudad enorme.

Y así he hecho siempre, quizás ahora menos porque lo poco que me permite jugar mi tiempo lo dedico a meterme en historias más serias, pero antiguamente yo era así con todo. Y ahí está el problema, aunque este tipo de juegos los propusiese yo, mi hermano me seguía la corriente porque le entretenían igual que a mí, pero la gente a mi alrededor siempre ha dicho que mi manera de jugar se debía a que era una chica, que no entendía el juego.

Realmente sí los entendía, pero daban por hecho que no, mi problema está en que soy muy creativa, muy inquieta y me aburro fácilmente, así que cuando las normas de tu juego se me hacen monótonas yo me invento otras nuevas. Creo que es algo que podría haber hecho tanto un chico como una chica, incluso como he dicho anteriormente, mi hermano me seguía la corriente porque a él le divertía, pero a él nadie le dijo que no entendía los videojuegos. Es más, me llovieron comentarios como que no le dejaba jugar bien porque era una víbora marimandona. Y vale, sí, yo siempre he sido muy dominante, pero eso no quita que mi hermano fuese el primero que quisiese jugar así.

Él es un chico, así que entiende las reglas del juego, sabe jugarlo, pero esa maldita bruja no le deja hacerlo correctamente, como debe ser. Ella es una chica y no sabe, está jugando así porque no sabe. Y punto, no hay más.

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Una lancha del Joint Operation. Le falta esos dos de atrás nadando desesperados detrás mientras yo me río a carcajadas.

Esa fue una de las primeras cosas a las que me enfrenté en el mundo de los videojuegos y me molestaba mucho, nadie tiene el derecho a decirme cómo debo jugar ni mucho menos dar por hecho que no sé hacerlo sólo porque de vez en cuando se me cruzaban los cables creativos y me daba por hacerlo todo de otra forma. Porque sí, parte de las horas que tenía jugadas en el Pokémon eran a base de subir y bajar el carril bici intentando no chocarme con nada ni nadie (cof, cof, cosa que no conseguí nunca, cof, cof) pero el Pokémon me lo pasé y eso no me lo quita nadie.

También me dedicaba a intentar hacer figuritas de cosas en el Tetris (cof, cof, otra cosa que nunca conseguí, cof, cof) pero ahora se me conoce muy bien entre mis amigos por ser una bestia jugándolo y que en el Tetris modo batalla no se puede contra mí. ¡Menos mal que en mi cabeza es imposible que las reglas de ese juego entren, se almacenen y coloquen lo suficiente como para saber qué estoy haciendo!

Claro que lo entiendo, señores, no hace falta ser ingeniero aeroespacial para jugar al Pokémon, al Joint Operation o al Age of Mithology y entenderlo, ni hacer falta ser un machote de pelo en pecho para conseguirlo. Lo que sí hace falta es mucha imaginación para entretenerme mil horas con un juego que, quizás, de otra forma me habría cansado a la segunda vez de habérmelo pasado. ¿Que jugaba mal a esos juegos, aunque sea a posta y sabiendo jugarlos? Pues igual sí, pero es mi dinero, mi tiempo, mi entretenimiento y yo decido cómo lo gasto. El Rubius juega de pena para hacer la gracia y yo aquí no le critico porque me da igual si quiere matar de hambre a sus Sims o ir desnudo por el Skyrim disparando flechas con forma de pene rosa. Él hace gracia y hay mucha gente a la que le gusta. Yo me entretenía y así yo, y los que jugábamos, nos divertíamos. Pero claro, siendo mujer tienes la obligación de jugar bien y, aun así, insistirán de alguna forma en que no sabes hacerlo.

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Age of Mithology

Si eres de las mías y nunca te dejaron jugar como querías sin juzgarte, abrazo para ti. Si no, por lo menos espero haberte dado ideas de cómo hacer el canelo en un videojuego y divertirte igual (?).

            Lucybell.

(Fuente de imagen de cabecera: aquí)

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