Aunque la visual novel Katawa Shoujo vio la luz en 2012, ya tuve noticias de ella hacia el año 2009, cuando una persona de confianza muy sumergida en el mundillo de Internet me habló de la demo de un juego que estaba desarrollando un pequeño estudio salido de la web 4chan. Aquella demo era una pequeña muestra de lo que sería el juego; una VN basada en elecciones en la que podrías tener romances con las estudiantes de un instituto especial para personas con discapacidades. Conociendo la web y lo que se cocía en ella, no quise saber absolutamente nada de lo que saliera de aquella fórmula. No fue hasta el largo y aburrido verano de 2014, en el que me vi en la tesitura de encontrar algo con lo que matar largas noches sin dormir y viajes eternos en autobús, que decidí finalmente darle una oportunidad a lo que Katawa Shoujo podía ofrecerme. Lo que me encontré fue una experiencia muy por encima de mis expectativas.

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Arte conceptual del juego. Año 2000

En esta VN encarnamos a Hisao Nakai: un adolescente que, tras sufrir un episodio cardíaco y terminar desarrollando una cardiopatía crónica, es internado en el Instituto Yamaku. Este centro, donde se desarrolla casi toda la trama, es una instalación especialmente habilitada para recibir a estudiantes con todo tipo de necesidades especiales. Como es costumbre en los juegos de este tipo, la historia es narrada desde el punto de vista del protagonista; veremos el mundo a través de los ojos de Hisao, lo interpretaremos desde sus pensamientos, y las elecciones que tomemos encaminarán el rumbo que irá tomando la historia: su historia y la de las personas que irá conociendo.

El argumento de Katawa Shoujo parte desde nuestra entrada a Yamaku, donde comenzaremos a conocer a todas las chicas que protagonizarán las diferentes tramas. Las decisiones que tomemos durante los primeros días determinarán la ruta que seguiremos, o lo que es lo mismo, la chica con la que intimaremos. Esta última palabra no es arbitraria, pues considero que “intimidad” es el nexo que todas las historias comparten, aquello que mejor define la experiencia con este juego. Y es que todo lo que me horrorizaba de mi expectativa sobre el juego fue precisamente lo que me cautivó: aquellos personajes profundos, naturales y tan, tan reales.

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Lilly Satou, aka mah waifu

En las 7 horas de media que dura cada ruta, Katawa Shoujo consigue despertarnos un sentimiento de complicidad, comprensión y verdadero interés por el mundo interno de cada una de las chicas que las protagonizan. Aunque su mayor logro es, bajo mi punto de vista, conseguir que sus discapacidades estén presentes pero que no te choquen, que no las pierdas de vista pero que no te generen ninguna clase de sentimiento de lástima ni misericordia. Son, más allá y por encima del sentimiento de impacto que compartimos junto con Hisao en la primera impresión, unas adolescentes totalmente normales, con sus problemas de adolescentes, sus inquietudes, sus crisis, sus pasiones y sus deseos.

Y parte de esos deseos adolescentes es precisamente otro de los que considero puntos fuertes de esta visual novel: sus escenas eróticas. Porque sí, Katawa Shoujo contiene secuencias de sexo en todas sus rutas, unas secuencias que se caracterizan por el tacto, el buen gusto y la sencillez. Sin las florituras enrevesadas ni metáforas casi ridículas que acostumbramos a ver en las escenas H de las VN más populares (pero que tan buenos memes nos regalan), Katawa Shoujo describe unas escenas con las que muchos y muchas nos hemos podido llegar a identificar en alguna ocasión. Se perciben realistas, cercanas y congruentes, permiten que nos sintamos parte de ellas. Aun así, lo que más cabría destacar de estas secuencias es que el sexo se integra como parte de la trama, y no como premio por finalizarla. Supuso una vuelta de tuerca importante en lo que conocía acerca de las visual novel encontrarme en mi primera partida con mi primera escena erótica cuando apenas llevaba dos horas de lectura. No era algo forzado, no era un regalo para mí como jugadora por algo que había conseguido; eran dos adolescentes experimentando, sintiéndose y conociéndose. Con la misma naturalidad y torpeza inocente a través de las cuales que muchos y muchas nos podríamos ver reflejadas. Y para alivio de quien pueda sentir que las escenas H no son lo suyo, se pueden suprimir desde el menú de opciones.

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Hanako Ikezawa. Cinnamon roll too pure for this world

Por añadir algo desde el punto de vista artístico, Katawa Shoujo no hace ningún esfuerzo por esconder que 4 Leaf Studios está formado por un equipo amateur, cosa que juega tanto en su contra como a su favor en el resultado final. Los escenarios están creados a partir de fotos reales a las que les han pasado una buena capa de Photoshop, con unos resultados más que aceptables.  Quizás el punto más flojo estéticamente hablando sean los sprites; no porque sean explícitamente feos, sino porque resulta demasiado evidente que fueron creados por diferentes personas, lo cual provoca una sensación de falta de cohesión algo incómoda a primera vista, especialmente si dos de esos personajes coinciden en la misma escena. Por último estarían las escenas animadas e ilustradas que, aunque siguen sin pasar por profesionales, rezuman encanto y perfectamente podrían competir con las de alguna que otra VN comercializada.

Si tras todo el bombo os han entrado ganas de probar Katawa Shoujo en vuestras propias carnes, podéis encontrarlo totalmente gratis en la página oficial para Windows, Mac y Linux. Si preferís jugarlo desde vuestros dispositivos Android, podéis instalarlo a través de este link. Con respecto al idioma, como lo jugué desde mi teléfono móvil desconozco la calidad de la traducción al castellano, aunque si tenéis la posibilidad os invito a que leáis Katawa Shoujo en su idioma original.

Dicho esto, espero haber despertado vuestro interés y ojalá pueda leer vuestras propias impresiones en un futuro no muy lejano.

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