Nota: el título provisional de este artículo era “Pizza y doritos: siete multijugadores locales para sacar lo mejor de las tardes con tus amigos”. Creo que sigue vigente, en cierto modo.

En la era del multijugador online, en la que el couch-coop comienza a escasear dentro de los juegos AAA, los estudios indie han seguido satisfaciendo las necesidades de aquellos cuyo plan de sábado noche ideal incluye patatas fritas, un salón amplio y varios mandos frente al televisor. Aquí os dejo una recopilación de mis juegos multijugador local favoritos de los últimos años para que os divirtáis tanto como yo probándolos con vuestros amigos.

Puede que os cueste un poco dominar la dinámica y la estrategia de este juego, pero una vez pasan los desconcertantes primeros minutos, las mecánicas son orgánicas y sencillas y extrañamente adictivas. Una suerte de béisbol competitivo en el que la pelota alcanza velocidades extremas y tienes que dar lo mejor de ti para golpear con ella a tus amigos, o para que ellos no te golpeen a ti. La banda sonora tiene un par de temazos y los personajes, cuando ganan, sueltan algún que otro juego de palabras o chiste malísimo que, en sí mismos, ya hacen que la experiencia valga la pena.  

Probablemente alguien os haya recomendado ya Towerfall Ascension, y si todavía no lo habéis jugado solo puedo deciros que les hagáis caso porque tienen razón. El juego tiene una premisa similar a la de Lethal League: debes lograr ser el last man standing, el último jugador vivo derrotando a tus amigos, ya sea lanzándoles flechas, saltando sobre ellos o haciendo uso del escenario. No he vivido ni una sola sesión de este juego que no haya terminado con alguien aporreando un cojín o gritando muy alto porque ha muerto de una forma muy estúpida o le han arrebatado una victoria que creían segura. Sólo os pido que, cuando terminéis, les pidáis disculpas a vuestros vecinos.

Nidhogg ya os lo presentábamos en el artículo anterior, pero lo vuelvo a mencionar porque es un clásico del género, y por un buen motivo: es brillante en su sencillez y el tiempo no pasa por él en absoluto. Los dos jugadores se ponen en la piel de dos espadachines que luchan por conquistar el terreno del oponente y llegar al lado opuesto de la pantalla antes de que el otro se lo impida. Las partidas suelen ser cortas, de un par de minutos, pero pueden durar una eternidad si ambos sois lo suficiente hábiles. Y, tengo que reconocerlo: encuentro una satisfacción extraña en ver cómo el escenario se cubre, poco a poco, de la sangre del oponente.

Uno de los juegos más divertidos que jugué el año pasado, que a diferencia de los juegos anteriores es más cooperativo que competitivo, con una escalada de dificultad bastante reseñable y que te exige total compenetración con tus compañeros. La premisa es sencilla, al más puro estilo Diner Dash: estais a cargo de una cocina, y tenéis que ir cumpliendo con las comandas que solicitan los clientes. ¿Habéis visto alguna vez Pesadilla en la cocina? Ninguna de las situaciones del programa se equipara a la que se armará en vuestro salón cuando le estéis gritando a vuestros amigos que saquen ya esa maldita hamburguesa del fuego, que se va a quemar.

Sportsfriends es una recopilación de varios minijuegos galardonados en un millón de ocasiones que, además de ser extremadamente divertidos, serían capaces de sacar el lado más competitivo incluso del jugador más afable. Mención especial a mi favorito de todos ellos, Pole Riders, remake de este otro juego de Bennett Foddy, que es tan absurdo y tan frustrante que podría jugarlo durante tres años seguidos, como mínimo.

Spirit Sphere salió a principios de este año y me resultó muy, muy complicado pasar por alto la premisa: el juego se autodefine como una mezcla de The Legend of Zelda y Windjammers que promete diversión para dos o cuatro jugadores en multijugador local. Es un juego pequeñito pero con mucho encanto: la estética y el aire retro, como de Super Nintendo, es lo que llama la atención de primeras; pero la solidez de las mecánicas es lo que lo hace brillar. Los pequeños toques de aleatoriedad en objetos y escenarios hacen que cada partida sea distinta y que sea complicado decir que no a una revancha.

Podéis ver mis primeras impresiones de este juego en el vídeo enlazado arriba. Spoiler alert: grito un montón a veces.

Probablemente os sorprenda encontraros este título en la lista. Para ser sinceros, yo también me sorprendí un montón la primera vez  que jugué a Trackmania Turbo con amigos: no parecía que este juego, que fundamentalmente apreciaba por su modo campaña, fuese a aportarme en su modo multijugador algo excesivamente distinto a cualquier otro juego competitivo de coches. La magia está en uno de sus modos, que permite jugar, por turnos, a hasta ocho jugadores con un mismo mando. La premisa es sencilla: uno a uno, todos irán superando el mismo nivel y clasificándose por tiempos. Después, el jugador que haya hecho el tiempo más alto volverá a correr para intentar superar las marcas de alguno de los otros participantes. Si lo consigue, el nuevo último clasificado será el que tenga que intentar mejorar su marca de nuevo… Y así sucesivamente, hasta que todos menos uno queden descalificados. Lo que complica el asunto es que en los niveles de Trackmania, con sus giros y sus saltos y sus físicas enrevesadas, es muy fácil cometer errores: tener que repetir los mismos circuitos una y otra vez nos pondrá en tensión constante y es muy, muy difícil no querer lanzarle un cojín a la cara a tu mejor amigo cuando supera tu tiempo por tan solo unas milésimas de segundo.

Así que, ahora que ya sabéis todo esto, salid corriendo al súper de debajo de casa a abasteceros de comida basura, ¡e intentad no romper nada!

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