Cuando a finales de abril anunciaron Call of Duty WW2 lo primero que me llamó la atención fue, como a todos, su vuelta a la Segunda Guerra Mundial y lo segundo; la carátula del juego (polémica aparte). La imagen que han escogido para abanderar esta nueva entrega es la de un primer plano de un soldado curtido, apoyado en su fusil de asalto y agarrando fuertemente su chapa. Mirándonos con ojillos de cordero degollado, en los que se reflejan cuatro figuras humanas (¿amigos… o enemigos?).

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La carátula en cuestión. Fuente.

Y aunque os parezca una tontería, llevo pensando en esa imagen intermitentemente desde entonces. Veréis, antes de CoD WW2 las carátulas de sus juegos se dividían en dos tipos: las comiqueras y las de anónimos.

El primer grupo lo componen aquellas anteriores a Modern Warfare y todas tienen en común que representan escenas bélicas intensas, con unos soldados pasándolas canutas. Las llamo “comiqueras” porque me recuerdan a las portadas de los cómics viejunos ultrapatrióticos. Todo sea dicho, son carátulas bastante épicas pero que a la vez humanizan a aquellos que salen en ellas, mostrándonos sus rostros y sus expresiones. Eso sí, el despliegue emocional va de cansancio a enfado, aderezado con testosterona y explosiones. No se sale mucho del redil de emociones de una campaña de FPS convencional.

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Una entrega de War Comics (1954) y la carátula de Call of Duty 3 (2006). (Fuente 1/Fuente 2).

El segundo grupo lo conforman las célebres carátulas poco inspiradas que consisten en un soldado con la cara tapada sobre fondo sencillo. Esa ha sido la tónica desde Modern Warfare (inclusive) hasta hoy. Es curioso cómo, aun siendo imágenes que no quitaban el hipo, eran muy representativas de la estética de los juegos. Para muestra, un botón: Modern Warfare 2, con portada predominantemente marrón, marcó el punto álgido del realismo color caca (término acuñado por Bukkuqui). Y a Modern Warfare 3, de carátula casi monocromática, parecía que le habían dado un baño de lejía en PS3.

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Carátulas de los tres Modern Warfare. (Fuente: respectivos artículos de Wikipedia).

Y entonces llega CoD WW2 y su soldado de los ojos tristes. Aunque sigue siendo un anónimo (apenas le vemos media cara), el énfasis ya no está en el campo de batalla o su equipamiento, sino en sus sentimientos. Por algo son los ojos el espejo del alma. Es más, el propio estudio (Sledgehammer Games) ha declarado su intención de poner en el foco la vulnerabilidad de los protagonistas. No es que en los anteriores juegos no hubiese escenas emotivas o conflictivas (que arroje la primera piedra el que no le haya dado un vuelco el corazón la misión de “No Russian” de MW2). Pero sí que los conflictos eran a gran escala, en los que los personajes eran piezas de un puzle y poco más. ¿Podría cambiar eso con CoD WW2? Call of Duty no es el adalid de las historias intimistas (le tira más el desfase de un concierto de Avenged Sevenfold post créditos): el primer tráiler que ha visto la luz es genérico (por decir algo) y me ha dejado bastante fría. Pero bueno, tengo fe. Todavía no se ha mostrado al resto de protagonistas, que incluyen a un niño dublinés o una mujer de la resistencia francesa, puntos de vista atípicos en un FPS.

Probablemente no será nada rompedor; al fin y al cabo, gran parte de la fanbase es tan corta de miras que la presencia de mujeres en el multijugador les parece una locura. Pero teniendo en cuenta lo que a día de hoy es Call of Duty (una de las sagas más continuistas y comerciales) cualquier pequeño detalle, como una carátula con un enfoque distinto, ya es algo que da para artículo.

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