¡¡¡Enhorabuena!!! Te llamas Carl, y eres un humilde funcionario que se pasa la vida dejándose sudor y lágrimas por su patria. Tu gobierno ha depositado su confianza en ti y te han destinado al trabajo de tus sueños en un mediocre barrio de una ciudad anónima con cierto aire soviético.

Tu sumisa pero encantadora mujer, tu hijo universitario con tendencias socio-comunistas y tu adorable hija pequeña se mudan contigo al sótano de un edificio de seis viviendas del que tú serás el casero. Y como no hay nada más glamuroso que un casero viviendo en un sótano mohoso, tu gobierno además te recompensa inyectándote una droga gracias a la cual ya no tienes que dormir nunca más (el sueño de todo estudiante con exámenes finales a la vista). ¿Que qué tienes que hacer a cambio? Espiar a todos y cada uno de tus inquilinos y reportarlos a la policía en caso de que estén cometiendo ilegalidades. ¿Que qué es ilegal en este país? Pues básicamente todo. Si te gusta cómo te quedan las camisas lilas, tengo malas noticias: puedes ir a la cárcel (o peor) si encuentran una en tu poder. ¿Que qué pasa si no haces lo que te dicen? Bueno… pregunta lo que le pasó al casero anterior.

Este es básicamente el argumento de Beholder. Desarrollado por Warm Lamp Games, y que recuerda mucho a juegos como Papers, Please!, Beholder se muestra como carismático, lleno de humor negro y problemático. Tu monigote/sombra/figura con ojos Carl se debatirá con cada inquilino entre hacer lo que le pide el gobierno sin cuestionarse nada moralmente, o unirse a la resistencia y no escribir informes sobre sus actos ilegales, apoyando así la revolución. Cada acción que hagas en relación a cada inquilino o miembro de tu familia repercute en tu carrera profesional (y por ende, tu vida personal), y esto da a pie a infinidad de finales, tanto buenos como malos.

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Cualquier trabajo que se precie tiene cartas de presentación como esta

Al ser un juego de point and click en tercera persona, la jugabilidad es muy fácil. Para hablar con el resto de personajes, solamente tienes que pulsar sobre ellos, al igual que con puertas y buzones. Algunos de tus adorables vecinos serán amigables, otros desconfiarán de ti y otros te propondrán tareas que o pueden buscarte la ruina profesional o una oportunidad más para escalar dentro del gobierno. También se puede interactuar con los muebles, tanto tuyos como ajenos, en los que puedes rebuscar para encontrar información sobre los inquilinos de la casa en la que estés espiando.

Dentro de tu humilde hogar hay una habitación llena de monitores, una radio y un teléfono que es tu base de operaciones. Desde ahí, puedes llamar por teléfono a tu gobierno (o a otros números que vas encontrando a lo largo de la historia) y escribir informes sobre tus inquilinos o tu familia. Porque sí, también puedes hablar mal de tu familia para que la policía se los lleve, no todas las familias se quieren. Si en esos informes se declara algún tipo de actividad ilegal, la policía acudirá a tu edificio a llevarse al malhechor o malhechora. Si esa persona es la única que vivía en ese apartamento, éste queda vacío y listo para alquilar al próximo desgraciado al que se le ocurra irse a vivir allí.

¿Qué cosas son ilegales en Beholder? Básicamente, todo. Cada poco tiempo aparecen nuevas y estúpidas leyes que Carl, tu personaje, debe asegurar que se cumplan bajo su techo. Algunas de estas leyes tienen sentido, como poseer ciertos libros, y otras no mucho (lo que dije de la camisa lila es verdad), pero tú debes atacarlas sin rechistar. Y, como en todo gobierno autoritario que se precie, hay un movimiento revolucionario que también asomará la cabeza por ahí. Es completamente opcional decidir cómo quieres que Carl lidie con ellos, así que no daré muchos spoilers.

Básicamente, Carl debe recopilar información sobre sus inquilinos y escribir informes sobre ellos. Si en esos informes hay alguna actividad ilegal, Carl debe llamar a la policía para que se lleven a esa persona. Si esa persona es la única que vivía en ese apartamento, éste queda vacío y listo para el siguiente inquilino. Eso sí, reparar el apartamento cuesta un dinero que debes ganar duramente con tus informes policiales. Para facilitar tu tarea, también puedes comprar cámaras de seguridad con las que puedes ver lo que hacen tus vecinos cuando no te puedes colar en sus casas.

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El panel de control es sencillito y para toda la familia

Porque ojo, como te cueles en casa de un vecino y te pille con las manos en la masa, la cosa puede acabar muy mal. Porque además de dinero, tienes unos puntos de reputación que aumentarán o disminuirán según las misiones que hagas y cómo las hagas. Estas misiones (que por cierto, pueden ser a contrarreloj) a veces te obligarán a chantajear a los vecinos para que estos no te delaten. Estos chantajes se pueden hacer o bien por carta o en persona, y te restarán puntos de reputación para que te sientas un poquito culpable por chantajear a gente oprimida en una sociedad distópica.

A pesar de tener unos escenarios limitados que no te permiten salir de la finca que regentas y que los personajes solo sean garabatos con ojos, Beholder es un juego entretenido de jugar y, gracias a la variedad de finales, uno se anima a jugar de distintas formas hasta completarlos todos. Además, el DLC Sueño Feliz amplia un poco más esa limitación de la casa, con más personajes y una ligera variación del sistema de juego. En este DLC se nos presenta a Hector, el anterior casero de los apartamentos, y al que controlamos de forma parecida a como hacemos con Carl. Por cierto, aparece un gato, y en esta web adoramos a los gatos y ese es un motivo más que suficiente para jugar.

En resumen: Beholder entretiene, se vale de imágenes simples y un sistema fácil de entender y tiene una variedad aceptable de personajes que hacen que no te canses de ellos. En cuanto a la historia no hay mucha profundidad, pero ¿a quién no le gusta imaginar cómo sería ser el casero que trabaja para un gobierno totalitarista y opresor? Y, por último, la música es buena y acompaña al juego de forma perfecta, recordando a la típica película de comedia satírica. Si alguna tarde lluviosa os apetece jugar a Beholder no os arrepentiréis.

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