Hola, pequeños reyes del caos y la destrucción. En la primera semana del mes de octubre llegó la Games World a Barcelona, un fin de semana lleno de novedades en el mundo de videojuegos, se podría decir que es la puesta de largo del mundillo.

En esta feria se presentan las novedades del año en juegos, periféricos, consolas, ordenadores… También es una exhibición de productos muy chulos, como pueden ser las torres de ordenadores. Otra opción era participar en campeonatos o disfrutar de la LVP.

Con referencia a las consolas y a los videojuegos podíamos probarlos, como por ejemplo Tekken 7, Zelda, Blub y Overwach, entre otros.

Personalmente me dedique a observar más que probar, dado que al ir un sábado había mucha cola para poder probar los videojuegos, al igual que en los ordenadores, pero con los pocos que pude llegar a probar me quede muy satisfecha y con ganas de poder disfrutarlos al completo.

Se podría decir que se me pusieron los dientes largos al ver los ordenadores de última generación con sus luces características (soy un poco una pequeña urraca mirando todos esos brillos), aunque en el puesto que pude llegar a probar no tenía ordenadores tan potentes ni tan espectaculares como en Asus o Rezer; tampoco me dejaron disfrutar de una partida entera, cosa que en otros puestos sí se permite. Me lo pasé bien, gracias al ambiente de la LVP: como se estaban jugando partidos del torneo, la gente vitoreaba a su equipo. También tengo que mencionar el fantástico trabajo de los comentaristas de dichas partidas durante toda la jornada e incluso durante el pequeño incidente de la actualización de Windows 10.

A la organización del recinto le pongo un 10/10. Las cosas de ordenadores se encontraban todas en el mismo pabellón; los de PlayStation tenían uno para ellos solos, un salón enorme con un escenario, donde se hacían concursos y muestra al público del tráilers, como el de God of War, por nombrar alguno. Otra cosa que estaba en la zona de PlayStation era un pequeño espacio donde se realizaban charlas con creadores. También en ese mismo espacio estaba situada una pequeña cancha y un ring. En esta zona se encontraba el stand de Overwatch, donde me quedé admirando la preciosidad de la estatua de Tracer.

En el pabellón de arriba estaba la zona retro (la zona para los nostálgicos), donde podíamos jugar a juegos de las primeras videoconsolas y de ordenadores. A mí especialmente me hizo gracia encontrarme con una PS2 de color rosita supercuqui donde podías jugar a un juego de disparar ambientado en la época nazi, el constraste me pareció divertido. Aparte de los ordenadores y consolas había recreativas (bueno, realmente las recreativas estaban por todo los espacios). En este espacio también había una zona donde adquirir juegos de esas videoconsolas, así como merchandising.

Ahora me gustaría hacer una pequeña mención sobre un juego que probé. Es un juego indie llamado Blub. Como el nombre da entender va de peces (porque en la lengua hispana representamos el ruidito que hacen los peces con blub), o mejor dicho, sobre un pez de color azulque se encuentra dentro de una pecera. Lo que tienes que hacer es simple: comer la comida que te va cayendo mientras escuchas la radio. A medida que pasas los niveles la radio va cambiando su contenido, explicándote las noticias del día. El juego aún necesita hacer algunos cambios, pero bajo mi humilde opinión tiene muy buena pinta y la idea es original, con ese final inesperado. Me encantó.

Si tengo que reclamar algo del evento es el hecho de que no te dejaran salir y volver a entrar, cuando en el Salón del Manga, que se realiza en el mismo recinto, te lo permiten; y los precios desorbitados, tanto de la comida como de las bebidas. Bajo mi punto de vista si no permites salir a comer fuera, reduce los precios de dentro, que ya que la entrada te cuesta 14€ qué menos que bajar un poco lo que cuesta la comida (pero eso ya es opinión personal).

Me lo pasé genial, me arriesgo a decir que me encantaría volver a ir el año que viene y disfrutar de más experiencias así. Además, si se comparte con compañeras tan buenas como las de este año, vamos, es que no me iría jamás.

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