A veces ocurre tal que así: tienes grandes esperanzas puestas en un juego. Has leído buenísimas reseñas y estás impaciente por jugarlo. Luego lo juegas y… bueno. Te deja así. Ni frío ni calor. Ni bueno ni malo. Bleh. Podría haber sido mejor, podría haber sido peor.

Puede haber varios motivos para esto, claro. Esperar algo que nunca se te ofreció. Bugs que te estropeen la experiencia. Muerte por hype. Que no te guste alguno de los aspectos del juego y que esto pese lo bastante como para que tu opinión general sobre él baje bastante.

Todo esto es un poco lo que me ha pasado a mí con Prey (Arkane Studios, 2017).

Vaya por delante algo: el juego tiene aspectos francamente positivos. Todo el Día de la Marmota del principio me encantó. La ambientación es fascinante (esa genial Talos I, la estación espacial donde trascurre todo). Algunas misiones secundarias. Los efectos sonoros, que son increíbles. La historia, que es muy buena. Fantástica, incluso. Te hace pensar, tiene un plot twist interesante y no siempre es sencillo ver por dónde van a ir los tiros. Mi problema ha sido un poco todo lo demás.

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La Talos I, genial ambientación

Me he encontrado con unos cuantos fallos importantes. Uno muy molesto con las texturas (tuve que ponerlas en calidad media porque con la alta se veía un borrón). Bajadas muy brutales de fps en algunos puntos. Lo peor fue un bug que me obligó a retroceder unas seis horas de juego (cosas que pasan cuando tienes cerrada una puerta que debería estar abierta). Suelo ser bastante comprensiva con los bugs (he jugado a Mass Effect: Andromeda, después de todo) pero la sensación de tiempo perdido con la que me quedé después de esto me costó quitarla, llegando a afectar en ocasiones a mi experiencia de juego posterior.

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Ese problema raro con las texturas (arriba calidad alta, abajo media). También se ve mi armadura muy en rojo

Fuera de esto, mis pegas principales son el combate y Morgan.

No he empatizado nada con Morgan. Para mí eso es un problema porque, si no empatizo con el personaje, la historia no me atrapa. Me cuesta seguir adelante, y es una especie de shock jugar en primera persona cuando realmente te sientes como un espectador. Sobre todo esto me pasa porque Morgan, tanto en su versión femenina como en la masculina, es un personaje ‘mudo’, es decir, nunca oyes su voz en diálogos, aunque sí, por ejemplo, en vídeos y grabaciones. Y esto asumo que es personal y subjetivo, pero me cuesta horrores meterme en la piel de alguien que no suelta de vez en cuando un “pero qué leches está ocurriendo” cuando se ve en medio de una situación como la que se da en Prey. Sería lo normal, lo lógico.

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Otro aspecto positivo es la opción de elegir al principio de juego si queremos jugar como un hombre o una mujer

(Por esto el Guardia Gris es mi protagonista menos favorito de Dragon Age y nunca le daré un 10 al primero de Dishonored, que aparte de esto me parece un juegazo).

Pero aunque esto me importe, la verdad, tampoco es un factor esencial a la hora de plantearme si, como juego, Prey me gusta o no.

El combate ya es otra historia.

Lo confieso: estuve a punto de abandonar el juego varias veces por lo desesperante y tedioso que me resultaba el combate. Las armas, incluso mejoradas todo lo posible, no parecen hacer gran daño. Tienes habilidades de sigilo, pero lo único para lo que te valen es para que los enemigos tarden un poco más en localizarte (al menos a mí me localizaban SIEMPRE). Así que si vas con la idea de pasar de puntillas cerca de un alien que es demasiado fuerte para ti, igual deberías cambiar de estrategia: en este juego eso es francamente difícil, tirando a imposible. Y claro, te ven y luego van y te pegan. Muy fuerte. Tan fuerte que en apenas 2-3 horas de juego ya no tenía armadura; y tardé unas cuatro horas más en encontrar un kit para repararla.

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El cañón gloo, el arma más ‘divertida’ del juego

Cuatro horas en las que morí unas cuantas veces; supongo que es lo que ocurre cuando estás sin armadura, casi sin munición y pegándote con enemigos bastante más fuertes que tú.

Y es que la munición es muy, muy escasa y, aunque puedes fabricar más, te obliga a explorar mucho (MUCHO) en busca de recursos. Normalmente esto no me supone un problema porque me encanta patearme por completo los mapas de los juegos en busca de cosas que me haya perdido, pero aquí se vuelve frustrante porque igual entre tú y esos recursos que necesitas hay un enemigo con el que no puedes acabar porque, bueno, no tienes munición, y es un poco la pescadilla que se muerde la cola. Luego están otros detalles, como limpiar por completo una habitación de enemigos, volver y que la hayan repoblado por arte de magia. Tendría sentido si los aliens pudieran abrir puertas, pero es que no pueden (más de una vez me he encerrado en alguna habitación para esquivarles y jamás entraron a buscarme).

Aunque tengo que decir que creo que mi principal problema fue que la dificultad me resultó, cuanto menos, extraña. Empecé en normal y nunca en mi vida de jugona he tardado menos en cambiarla a fácil, porque aunque según se va avanzando se equilibra un poco, el principio es relativamente complicado, hay que tomarlo con calma, andarse con cien ojos y blandir con energía tu llave inglesa, primera arma que consigues, mientras pegas a todo lo que se mueve (y a tazas y sillas y vasos y cualquier cosa susceptible de ser un alien mimético que esté ahí para pegarte un buen susto).

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Morgan y su fiel llave inglesa

Quizá, entre bugs y demás, he tenido un poco de mala suerte, o a lo mejor es que no es juego para mí. Algo que quede claro, eso sí: en muchos sitios se califica a Prey como un FPS, cuando yo diría que es más un survival horror que otra cosa. No es un FPS al uso, desde luego: no te vale con entrar corriendo en una habitación y pretender limpiarla a disparo limpio porque, como ya he dicho, no es tan sencillo. Ese sí que es un punto que me encanta: que te obligue a pensar cómo actuar, a planear una estrategia. ¿Por la derecha o la izquierda? ¿Me la juego entrando de golpe en la habitación o mejor voy por estas tuberías que la recorren por arriba? ¿Me enfrento al alien de turno tan solo con mi valor y la esperanza de ganarle o ya si eso lo dejo para más tarde, cuando tenga mejores armas, munición y armadura decente?

Esta posibilidad de elegir, junto con lo interesante de la historia y el apartado gráfico (los personajes son muy estilo Dishonored, y eso me gusta muchísimo) son lo mejor del juego. Mención aparte merecen los finales (hay varios) que, dependiendo de tus acciones y decisiones, cambian mucho la forma en la que termina la historia de Morgan. Y es que lo de sentir que lo que tú has hecho o dejado de hacer tiene peso en la forma en la que acaba todo, al menos para mí, siempre es de agradecer. Los diferentes caminos que se pueden recorrer también dan a Prey un factor de rejugabilidad importante si eres de esas personas a las que les gusta explorar todas las posibles alternativas, y de hecho recomendaría jugarlo al menos una segunda vez, para apreciar todos los detalles (que son muchos) que nos vamos encontrando sobre Morgan, los habitantes de la Talos I y la historia de la estación en nuestro paseo por ella.

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Información que nos vamos encontrando por la Talos I y que nos ayuda a comprender la situación y a los personajes

Así que buenos días, Morgan. Hoy es lunes, 15 de marzo de 2032. ¿Volvemos a empezar tu historia?

(Imágenes de la reseña capturadas por mí directamente del juego).

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