Animal Crossing: New Horizons con mirada novata

Animal Crossing: New Horizons con mirada novata

Desde que anunciaron el nuevo Animal Crossing: New Horizons he seguido de cerca el hype por el diseño del juego y la ilusión de la gente con los pequeños detalles, como las huellas de las patitas de los vecinos. Nunca había tocado ningún Animal Crossing, en principio porque soy poco de consola y porque no me interesaba decorar. De todas formas le eché mano al Animal Crossing: Pocket Camp que es F2P y está para móvil, es decir, muy accesible para probarlo tranquilamente. Para sorpresa de nadie duré poquísimo: sistema de juego muy simple, coleccionismo de muebles y vecinos poco atractivos, la recolección de recursos limitada… Muy cuqui y recomendable para momentos de enfermedad pero no me enganchó para nada. Así llegó el lanzamiento de ACNH y vi cómo todos se olvidaban del dichoso coronavirus y se dejaban arrastrar por la emoción y la buena vida en una islita. Y entonces me di cuenta de que este juego podía ser mucho más, podía ser el oasis que necesitaba. Mi aventura noob en Animal Crossing comenzaba. Pero novata de verdad, eh.

El juego empieza despacio: tienes pocas herramientas a tu disposición; una simple tienda de campaña en la que no puedes meter casi nada, pero no te importa porque tienes aún menos cosas para equiparla; y solo un par de vecinos que te den la brasa. Ideal para alguien sin experiencia. No tenía prisa, en el juego hay objetivos claros y se van desbloqueando más cosas según avanzas, si es que quieres avanzar. Pero explicaciones las justitas. ¿Que no sabes que picar piedra va por tiempo? Pues te aguantas y sacas menos de lo que podrías. Eso duele porque al principio son materiales escasos y necesarios para ampliar la tienda de los hermanos Nook, por ejemplo. ¿Que escuchas un silbido o un tintineo y no sabes de dónde viene o por qué? Pues vuélvete loca mirando para todos lados hasta que descubras que es un globo o estrellas fugaces. Ah, y cómo conseguir la escalera de mano o que aún no aparezca Estela para explicarte cómo funcionan los deseos a estrellas pues bueno, más adelante…

Animal Crossing New Horizons Pescando

Hay muchas cosas sin explicar, o con poca información, o que llega tarde. A veces eso lo hace interesante por el descubrimiento, otras frustrante por la pérdida de eficiencia. Es que incluso puedes perder bastante dinero: ¡los nabos tienen dos precios al día! Ejemplo de cosa que descubres después de un mes de juego… Pero con esto no penséis que la dificultad es alta, en absoluto. Te quedas un momento con cara de tonta tras tu hallazgo tardío, pero luego sigues felizmente con tu tarea, ahora realizándola aún mejor. Para mí es un fallo, supongo que para otros más experimentados es una característica propia del juego, y tal vez también una bonita forma de vender guías. En ningún caso me ha impedido seguir con mi aventura isleña.

Pero no nos quedemos en lo malo y pasemos a lo bueno. Lo que me resulta más satisfactorio es recolectar y el coleccionismo. Echar horas y horas pescando, cortando madera, limpiando de hierba la isla, plantando flores a lo loco (para luego descubrir un intrincado mundo de hibridaciones), pensando en qué regalar a los vecinos, completando los logros de millas, llenando el museo y la capturapedia, quitándome la hipoteca de en medio… Objetivos como la terraformación para cambiar tu isla o montar tus propias películas en Cayo Fauno no me interesan, pero el título tiene suficientes alicientes para entretenerme aunque no use el cien por cien de sus posibilidades. No hay una sola forma de jugar, puedes perfectamente centrarte en lo que te interese, sobre todo después de tener todas las opciones desbloqueadas. Es un juego que se presta a cortos momentos al día o largas sesiones de pozo. Tú eliges.

Un aspecto del que no esperaba gran cosa ha sido socializar con los vecinos. Aunque hay unas ocho personalidades nada más, las interacciones tan variadas que puedes tener con ellos son divertidísimas, entretenidas y acabas con ciertas preferencias a la hora de quedarte con uno de estos compañeros de isla, o decirle adiós con la manita. Además de que te dan recetas, te enseñan emociones (para poder actuar como personita y no ser un palo), te recompensan por tus regalos con más regalos, ¡y hasta usan lo que les das! Bueno, diréis que qué menos, pero es que así los puedes personalizar. Y si se marchan y acaban en la isla de alguien pueden seguir usando tus cosas. Me parece todo muy chulo, superinútil, sí, pero ¡tan divertido! Que mi horrendo diseño de sudadera acabe luciendo todo estirado en la barriguita de un vecino no tiene precio.

Animal Crossing New Horizons De Fiesta

¡De fiesta con patrones de Todas Gamers!

Esto nos lleva a que Animal Crossing es un lugar maravilloso para hacer cosplay de forma económica y rápida. Variedad de ropa, disfraces y patrones personalizados. Es fantástico si te gusta cambiar modelitos a cada segundo. No sirve para nada, como casi todo en este juego, pero ¿puedes ir a picar piedra como si fueras Monkey D. Luffy o la reina de Inglaterra? Sí. El tema creativo es amplio y está muy arraigado en el juego. Tanto que he empezado a disfrutar el tema decoración, y eso que me daba un poco de pereza al principio. Hay limitaciones como poner las cosas en diagonal o que no puedas modificar la zona costera, pero tienes mucha más libertad de la que me esperaba y la cantidad de objetos de mobiliario y temáticas son muy amplias. La personalización por patrones es genial, a pesar de las dificultades al ser pixel art (hay gente haciendo auténticas virguerías).

Entre todo este jolgorio de esparcimiento y aesthetics están los sonidos. Como he dicho antes son muy importantes porque te indican cosas como que pasa un globo con regalo o caen estrellas en las noches despejadas. También tienen su importancia a la hora de pescar: no recojas el sedal hasta que no escuches el plop de picar el pescado, es lo más fiable para hacerlo justo a tiempo si la vista no es tu fuerte (sobre todo si estás en modo portátil). Los sonidos están hasta en el más mínimo detalle: las pisadas cambian según el calzado o el tipo de suelo; la melodía del juego nos acompaña  según la hora o el lugar en el que estemos, se silencia si nos asomamos a la playa y disfrutamos de las olas y el viento; suena el reloj de la plaza cada hora con la canción personalizada de la isla; la lluvia repiquetea en el tejado de la MiniNook mientras compras; las hojas hacen diferente ruido cuando se agitan según el tipo de árbol que sea… así podría estar varios artículos porque el tema sonido está cuidadísimo en este juego, y eso que no he mencionado las mil y una canciones que hay de Totakeke.

Con todo esto puedo decir que Animal Crossing: New Horizons ha estado a la altura y era exactamente lo que necesitaba. Ha sido todo un oasis para enfriar la cabeza y dejar de pensar tanto durante este tiempo de confinamiento y preocupaciones. He disfrutado realizando actividades repetitivas y sencillas, con objetivos cortos y claros y, sobre todo, inútiles. Aunque te den recompensas por tener la casa más decorada en el fondo no importa, puedes jugar sin perseguir esos objetivos y una vez conseguidos vas a seguir como si nada hubiera pasado, porque no son determinantes. Que en esta edición se haya tomado como escenario una isla desierta me parece perfecto, porque transmite completamente mi idea de aventura llena de posibilidades con mucho toque de relax. Mil gracias, Nintendo. Si me necesitáis ya sabéis en qué pozo encontrarme.

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