The Last of Us Parte II – En defensa de Abby

The Last of Us Parte II – En defensa de Abby

En general, The Last of Us Parte II, además de un éxito en ventas como Naughty Dog podía esperar, ha dejado muy buen sabor de boca entre les jugadores y ha demostrado que no todas las segundas partes son malas: que incluso pueden ser mejores que sus predecesoras. Sin embargo, una pequeña nube ensombrece todo esto y es el desproporcionado odio que se ha levantado en una buena parte de la comunidad hacia Abby. Así que vamos a analizar en profundidad a este personaje, el porqué de éstas bad vibes y por qué debes intentar comprenderla un poco más.

El siguiente análisis contiene spoilers del juego, así que si no quieres despellejarte algunas sorpresas… ¡no sigas leyendo!

Laura Bailey es la voz original de Abby en The Last of Us Parte II. Su cara y su musculado y potente cuerpo, del que hablaremos más adelante, está basados en la ex-Naughty Dog Jocelyn Mettler y la atleta de crossfit Colleen Fotsch, respectivamente. Así como en Uncharted 4, donde tuvo el mismo rol para el personaje de Nadine, levantó muy buenas críticas, Laura Bailey se ha convertido en el blanco de muches jugadores en esta última entrega.

Jugar como Abby en The Last of Us Parte II es muy diferente a hacerlo desde la piel de Ellie —lo que es un puntazo a favor de Naughty Dog— y no solo por las historias tan diferentes de cada una y que acaban por entrelazarse. A nivel físico, Abby es mucho más resistente y fuerte, como podría esperarse de un cuerpo más grande y entrenado frente a la delgadez y menuda figura de Ellie o Dina. Y su personalidad también es menos carismática o dulce que la de otros personajes femeninos del juego; y sin embargo parece que en más de una ocasión podemos encontrar comportamientos muy parecidos entre Abby y Ellie.

Abby parece encarnar esa personalidad típica de aquellos que quieren enmascarar sus emociones tras una capa de chica dura, incluso borde, para no sentirse vulnerable ni exponerse a resultar herida por los demás. Quizá esto se vio acentuado a raíz del asesinato de su padre y reforzado por el ansia de venganza y su participación con los luciérnagas —aderezado con unas dosis de mundo post-apocalíptico— que acabaron por convertirla en una soldado irónica siempre a la defensiva. Así es Ellie también en algunas ocasiones, más reservada, insegura, incluso agresiva cuando siente que sus sentimientos están a la vista de todo el mundo. Al fin y al cabo, no son tan distintas como podemos pensar al principio.

Pero sabemos que Abby es mucho más de lo que aparenta, y la evolución del personaje en la segunda mitad del juego nos deja entrever lo que se esconde tras esa armadura.

Es necesario parar un momento y ser conscientes del escenario que nos presenta The Last of Us: aquí la gente no hace cola cuando pasa por caja en el supermercado de la esquina, el que primero llega y revienta el cristal se lo lleva. Esto es, aunque a veces se nos olvide, el apocalipsis.

Abby gritando de dolor y rabia

Abby gritando de dolor y rabia

Es cierto que en esta segunda parte hemos visto cómo diferentes grupos numerosos de personas se han unido y han conseguido establecer asentamientos seguros y permanentes donde, de alguna forma, llevan una vida parecida a antes del brote infeccioso. Pero tenemos que tener en cuenta que cada núcleo tiene sus propias normas y prioridades. Mientras que Jackson parece ser un “asentamiento amistoso” que abre sus puertas a desconocidos y ofrece ayuda, refugio y hospitalidad, Lobos y Serafitas (Scars) parecen mucho menos family friendly y velan con mucho celo de sus territorios y habitantes.

Estas conductas quizá puedan parecer algo radicales, pero en un mundo donde el caos y el peligro se puede desatar con la más mínima chispa, es comprensible la desconfianza, la agresividad y, en resumen, una ley marcial que nos ayuda a comprender en muchas ocasiones por qué los personajes se comportan como se comportan, algunas de sus decisiones y empatizar con sus emociones.

Y ahora, el punto de la cuestión: ¿qué pasa con Abby?

Lo que pasa, al margen de los motivos obvios, es que una parte de la comunidad de jugadores sigue siendo misógina. Muchas de estas personas son las mismas que se quejan cuando el personaje protagonista en un videojuego es una mujer, como pasó no hace tanto con el anuncio de Assassin’s Creed Valhalla. En esta situación concretamente, el problema es que Abby no encaja dentro de los patrones generales que agradan a algunos hombres —ya sabéis, bustos generosos, cinturas del diámetro de una moneda y sensualidad escandalosa— y esto hace que inmediatamente pase a ser detestable.

Así es como nos hemos topado con comentarios que acusan a Naughty Dog de crear un personaje “irreal”, porque una mujer jamás podría tener ese cuerpo, cuando precisamente el aspecto físico de Abby está literalmente basado en el de una atleta de crossfit. Que es fea por, sencillamente, tener una expresión y unos rasgos menos dulces y suaves que otros personajes femeninos. Y, por supuesto, a sacar a colación sus preferencias sexuales en un tono condescendiente por “parecer una marimacho”.

Comentarios que han cruzado la línea de lo racional de formas muy locas, hasta el punto de que Laura Bailey, voz y captura facial de personaje, y su familia han recibido amenazas de muerte por redes sociales por interpretar a Abby. O contenido, de muy mal gusto, que ha llenado diferentes plataformas con la intención de humillar, desacreditar e incitar todavía más al odio a este personaje. Personas que incluso han roto su disco del juego para mostrar hasta qué punto odian The Last of Us Parte II por culpa de Abby y, atención a esto, disfrutaron al final del juego con la paliza que Ellie le propina porque sentían que ellos mismos eran quienes le estaban pegando directamente.

Una vez más, parece una representación de fragilidad y egocentrismo de los propios jugadores, donde todo aquello que no encaja en lo que son o desean —sin perder el punto de que se trata de un videojuego, de una historia en mayor o menor medida de ficción, una fantasía— es automáticamente una afrenta y a la hoguera con ello. A veces es increíble lo mucho que puede entretenernos un videojuego y las emociones que podemos llegar a sentir con él, pero en ocasiones se ve empañado por comportamientos tan extremos como estos.

Abby y su padre, Jerry Anderson

Se mire como se mire, Abby tiene motivos para matar a Joel. Desde luego, la forma en la que lo acribilla a golpes de palo de golf delante de Ellie y Tommy no ayuda mucho a querer reflexionar sobre por qué ha hecho eso. Y otra cosa es que nos haga más o menos gracia que esta señora se cargue a uno de los personajes a los que más cariño tenemos, pero no se trata de un asesinato aleatorio con el que podríamos justificar más fácilmente un odio visceral hacia ella.

Tenemos que tener en cuenta dos puntos clave en la motivación de Abby que la lleva a, durante años, perseguir a Joel y vengarse. El primero, y muy importante, es que Abby tiene una posición muy clara con respecto a la elaboración de una vacuna y que muchos han pasado por alto por el cariño que le tienen a Ellie desde la anterior entrega. Si fueras una persona inmune a un virus que ha causado prácticamente la extinción de la raza humana —si entendemos que una gran parte son bajas y otro tanto infectados con muy malas intenciones— y, aunque supondría tu muerte, se podría elaborar una vacuna gracias a ti, ¿te sacrificarías?

Tanto Abby como Ellie manifiestan claramente durante el juego que lo harían sin dudar, pero Joel prefiere dejar a un lado ese único as en la manga de la humanidad en pro de salvar a Ellie. El segundo punto es que Joel mató al padre de Abby. Y ya no es por el sentimentalismo de vengar su muerte —Abby y él parecen tener una relación un tanto diferente a los lazos que pueden unir a Joel y a Ellie, por ejemplo— sino porque además parecía ser la única persona capaz de crear esa vacuna milagrosa que salvaría a todo el mundo.

Motivos, hay: Joel mata al padre de Abby y Joel elimina la única posibilidad de la humanidad de recuperarse del peor virus en toda la historia. ¿Justifica la venganza? Sí. ¿Justifica reventarle la cabeza a golpes? No tanto. ¿A mucha gente le ha cegado su amor por Joel como para ver el egoísmo de su decisión? Parece ser. Además, la imagen de que Abby es un demonio sediento de sangre que no parará hasta destruir el universo no se sostiene por un sencillo motivo: Ellie y Tommy arrasan con la mitad de sus amigos en su intento de venganza, Abby lo sabe y aun así les deja ir hasta dos veces; su verdadero problema era con Joel y, una vez “solucionado” esto, no quiere tener nada que ver con los demás, simplemente seguir con su vida.

Lo importante es comprender un poco más a Abby, aunque al margen de esto tengas más o menos afinidad con ella por su personalidad y relación con otros personajes, y no sencillamente odiarla porque “es la mala del juego y mató a Joel”.

Estamos muy acostumbrados a ver “buenos y malos” en muchas historias y buscamos identificarlos de forma inconsciente, por la típica estructura de personajes a la que estamos acostumbrades, siempre que empezamos una nueva aventura, pero no siempre todo es blanco o negro. The Last of Us Parte II es una historia en un mundo que conocemos, pero en un contexto complicado con unas reglas muy diferentes, y ni Joel es tan bueno como creíamos ni Abby es tan mala como algunos la quieren ver.

Cómprame un café en ko-fi.com

No hay comentarios
Deja tu comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.

A %d blogueros les gusta esto: