En ocasiones veo pechugas

Análisis de Lust from Beyond

Análisis de Lust from Beyond

Más allá del horizonte de la percepción, resuenan las corrientes de la Esencia.

Muestran Lusst’ghaa, la Tierra del Éxtasis Eterno a los Videntes.

Seguiremos su resplandor hasta quedarnos sin aliento.

Cuando hablamos de terror y gore en los medios audiovisuales no solemos verlo asociado con el erotismo (salvo en el caso concreto de los vampiros), o al menos no de una forma que no consista en que la señora guapa de turno enseñe las tetas antes de morir sin haber tenido la más mínima relevancia para la trama. Este caso quizá es el más repetido en el mundo de los videojuegos, donde casi la totalidad de los títulos eróticos van dirigidos al disfrute y la recreación en el contenido, sin profundizar mucho más en la historia o sus personajes. Por suerte esta no es la intención de Lust from Beyond, segunda parte de Lust for Darkness y que podéis probar de forma gratuita tanto en Prologue como en Scarlet, porque si bien os vais a encontrar contenido sexual explícito, va a ser lo que menos os llame la atención de todo el juego. 

Para ponernos en situación, y esto lo voy a contar con los spoiler al mínimo, en la primera entrega de la franquicia de Movie Games Lunarium nos cuentan la historia de Jonathan Moon, un señor que tiene que ir a rescatar a su pareja, Amanda, por motivos que en un principio desconocemos. El mayor problema aquí es que esta vez no se trata de un secuestro “normal y corriente” al estilo Mario y Peach, sino que Amanda está encerrada en una mansión perteneciente a una secta que se autodenomina como el Culto del Éxtasis. Éstos habían decidido hacer un ritual para unir el mundo físico y Lusst’ghaa, su propia tierra prometida, creyendo que ahí se encontraría la salvación y una especie de orgasmo eterno. Por supuesto, esto sale mal, ese mundo está lleno de criaturas que lo que quieren es matarte y no precisamente de gusto. Sin embargo, tras varios sucesos que no os voy a contar porque lo que quiero es que juguéis, Jonathan y Amanda consiguen huir de la mansión, y ahí es donde termina el primer juego (más o menos).

 

Amanda con la máscara

 

¿Y por qué os cuento todo esto? Pues porque resulta que en Lust from Beyond retoman esa trama un par de años después, pero esta vez con una lucha entre dos bandos. El primero, que nos presentan en Scarlett, es la llamada Logia Escarlata, un grupo que tras los eventos de Lust for Darkness se fue por su propio camino en la búsqueda de respuestas sobre la Tierra del Éxtasis. El segundo es el ya conocido Culto del Éxtasis, en el que nos encontramos entre otra gente con Jonathan y Amanda, porque el lío que se inició en la mansión todavía los tiene intentando solucionar asuntos pendientes. Y por último está nuestro protagonista, Victor Holloway, el señor más escaso de neuronas que os vais a encontrar en bastante tiempo, que se pasa el juego como una pelota de ping-pong entre los dos grupos para que así nos podamos enterar de qué va toda la cosa. El caso es que al inicio del juego nos topamos con lo que parece un día normal en la vida de Victor, preparando una celebración romántica para su pareja, Lily (con erótico resultado). Sin embargo, por algún motivo desconocido en un primer momento, nuestro protagonista está de alguna forma conectado a Lusst’ghaa, aunque cree que son sueños turbios y recurrentes que empiezan a afectarle mentalmente en su vida diaria. Esto lo lleva a buscar ayuda psicológica, yendo a la consulta del Dr. Charles Austerlitz en un pequeño pueblo llamado Bleakmoor. Este es el momento exacto en el que vais a pensar que en comparación con Victor, absolutamente todos los protagonistas de películas de terror que preguntan “¿Hay alguien ahí?” justo al lado del asesino son merecedores de todos los premios Nobel a la vez. Sin entrar en muchos detalles, a partir de ahí el propio juego le grita cada 5 minutos que se largue de ahí y no vuelva más, poniendo un festival con unas calles desiertas, un doctor desaparecido e incluso un hotel con la moqueta de El Resplandor. Pero Victor, que lo de usar la neurona es algo que no le apetece mucho, continúa metiéndose en el fango cada vez más hasta que llegas al final del juego. En parte se agradece, porque la trama se pone cada vez más interesante con las luchas entre sectas, una especie de dios llamado lauv’abrarc y algunas elecciones que te acaban llevando a uno de sus diferentes finales.

 

Objeto en altar de Lusst'ghaa

 

En cuanto al gameplay, hay que reconocer que el salto de la primera entrega a la segunda es abismal, y aunque la base de los dos sea muy parecida a un walking simulator en el que hay que resolver algún que otro puzle sencillo, lo cierto es que en Lust form Beyond va un poco más allá y añade escenarios de sigilo e incluso algún que otro combate (un poco reguleros, todo hay que decirlo), o las propias escenas de sexo en las que interactúas a base de quick time events. No aumenta la dificultad del juego, pero hay que tener cierta maña para acertar en el punto correcto. Aparte del incremento de la jugabilidad, también solucionan ciertos problemas que sólo conseguían alargar el juego artificialmente. Así como en Lust for Darkness podías abrir todos y cada uno de los miles de cajones que había en la mansión o manosear hasta la última figura o cenicero, ahora lo han reducido. En esta entrega hay muchos menos objetos con los que puedes interactuar y además la mayoría tienen relevancia para la trama, para una especie de misiones secundarias, o son armas, o simplemente podemos añadirlos a nuestro inventario como coleccionables u objetos curativos. Un poco más siguiendo la línea de “juego estándar en el que tienes que hacer cosas”, y menos en la de “voy paseando y suceden cosas”, que en un título de terror también se agradece.

La ambientación y la atención a los detalles que hay tanto en la construcción de los escenarios como en las piezas más pequeñas que lo forman es lo que más me gusta de todo. Por un lado, tenemos el diseño de las calles de la ciudad, con un sonido tan cuidado que al ir rebuscando por los callejones no solo te encuentras con los pisoteos en los charcos o los golpes en la puerta al llamar, sino también con el perrete que ladra al acercarte a su casa o el zumbido de los cuadros eléctricos, dándole un realismo muy adecuado que ayuda a crear la sensación de que tienes que estar atenta a todo por si a alguien le da por querer matarte. Esto, por supuesto, también se repite en los escenarios interiores, añadiendo el plus de los objetos que puedes inspeccionar y ver el nivel de texturizado o modelado que tienen, cuidando cada cosita por irrelevante que parezca. En lo único que cojea un poco es en los personajes, porque en los momentos en los que no usan la máscara podemos observar que suelen tener una expresión vacía, que no transmite lo que está diciendo en ese momento. Sin embargo, tenemos que tener en cuenta que el juego está hecho por un estudio indie, y que las animaciones y modelados faciales suelen ser bastante más complicadas y costosas, por lo que no me parece algo que haya que recriminarles, y en conjunto hicieron muy buen trabajo.

 

Rhea con un bate en una sala de tortura.

Como os habréis imaginado, este juego no está hecho ni para todos los públicos, ni para todas las sensibilidades. Ya no solo por la parte de terror y el gore que nos podemos encontrar incluso como parte del decorado de los escenarios, sino porque en las diferentes escenas de sexo explícito también se encuentran situaciones muy desagradables (y no me refiero a la parte BDSM, que en esta web no nos gusta el kinkshaming, sino a temas relacionados con el consentimiento o las orientaciones sexuales, entre otros). Precisamente es por todo ese conjunto de horrores por lo que consigue funcionar, equilibrando la balanza del miedo y del erotismo sin caer en el recurso fácil del contenido sexual sin sentido ni criterio y atreviéndose a marcar los límites haciendo que en ocasiones te provoque cierto rechazo. No se puede negar que el juego tiene algún que otro fallo, sobre todo en lo referente a la parte de combates y persecuciones, pero en general la forma que tiene de contar su historia y la profundidad que va desarrollando en el lore me ha sorprendido gratamente y ha conseguido consolidar como buena una saga a la que al principio se la conocía como “El juego de tetas que da miedo”. Ahora es más que eso, y nos demostró que terror y erotismo no están reñidos ni tienen que ser un cliché malo de película, pueden ir mucho más allá. Incluso a Lusst’ghaa, atravesando por completo un cuadro de Zdzisław Beksiński.

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Nix

I run on coffee, sarcasm and lipstick. Hace años le vendí mi alma a Bioware y me convirtieron en la Shadow Broker. Tengo un papelito que dice que soy N7, pero no quieren darme mi propia nave. Me gusta llevarle la contraria a la gente y por eso soy una Inquisidora enana y pelirroja.

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