Mira al Pikipek y di «patata»

Análisis de New Pokémon Snap

Análisis de New Pokémon Snap

La vuelta al cole del año 2000 fue, en mi caso, un poquito más feliz de lo normal. Con 11 añitos que tenía en aquella época, el colegio ya se había convertido en esa rutina en la que lo mejor del día era a la salida, cuando me juntaba con un amigo para jugar con nuestras flamantes Nintendo 64 y GameBoy Color. Pokémon estaba en absolutamente todos los rincones, ya fuese en forma de serie animada, de peluches, de camisetas y, por supuesto, de videojuegos. La primera generación la teníamos ya con el contador de horas dado la vuelta, Pokémon Stadium le había dado una rejugabilidad extra maravillosa y habíamos empezado a conocer algún spin-off como Pokémon Pinball, con el que nos entusiasmábamos muchísimo pero seguía siendo un pinball de los que ya conocíamos desde hacía tiempo. Y en ese momento llegó Pokémon Snap. 

A pesar de no ser el primer juego con un gameplay basado únicamente en hacer fotos, lo cierto es que Pokémon Snap planteaba una premisa bastante desconocida y que podía echar hacia atrás a mucha gente. Pasar de combatir, subir niveles y recorrer el mundo tratando de mejorar al máximo tu equipo a simplemente ver a los pokémon pasearse y darle clic a la cámara era un cambio bastante arriesgado, y sin embargo consiguieron que funcionase tanto de forma técnica como para su público, que para su propia sorpresa descubrió que la fotografía era más divertida de lo que podría parecer en un principio. Tened en cuenta que en ese momento la fotografía era esa cosa que te obligaban a hacer tus padres cuando se reunía toda la familia, y que Instagram era una idea loquísima que a nadie se le habría ocurrido ejecutar. Y ahí me encontraba yo, con un juego que a pesar de su corta duración (podías llegar a pasártelo en una tarde si tenías cierta maña) se llevó a sus espaldas horas y horas de mi tiempo durante meses. Me sabía de arriba a abajo los recorridos de los niveles y qué hacía cada pokémon cuando tirabas una manzana en el momento exacto. Disfrutaba con los gestos y sonidos que emitían, iguales a los que podía ver en la serie, gracias al despliegue técnico que habían dedicado a un juego tan pequeñito y tan de nicho como ese. Más de una vez me encontraba a mí misma metiendo el cartucho en la consola, buscando una partida rápida solo para poder darle de comer a ese Pikachu gordito tan majo que había en la playa y hacía surf. Era un juego original que podía haber fallado estrepitosamente por su falta de acción, por considerarse demasiado infantil o por creer que no tenía la más mínima profundidad, y sin embargo se consolidó como uno de los mejores juegos de Pokémon de la época. 

Dejemos el flashback y volvamos a 2021. Tras unos meses de hype extremo después del anuncio de New Pokémon Snap, ha llegado por fin a mis manos. Y ahora es cuando me toca analizarlo bajo un punto de vista crítico, descubriendo que es un juego con dos caras, tan bueno como el anterior pero al que le cuesta un poco adaptarse a los nuevos tiempos. Esto no es tanto por las manidas y absurdas quejas de siempre de que no se ve con unos modelados y texturas dignas de una televisión en 8K y con muchicientos teraflops, sino más bien en la sensación general que dan ciertos fallos o decisiones de diseño que se nota que se tomaron principalmente para no alejarse de su origen.

Como suele ser lo normal desde hace ya algún tiempo, el juego comienza dejándonos elegir entre dos tipos de cuerpo sin tratar de definirte con la antigua frase de “¿eres un niño o una niña?”, además del tono de piel, ojos y pelo entre cuatro opciones disponibles. Tras ello, nos dejan por fin empezar nuestra aventura, que en esta ocasión se sitúa en el archipiélago de la región de Lensis, y comenzamos nuestra exploración en Floreo, isla donde tiene su laboratorio el Profesor Espejo. Allí además conocemos a Rita, una niña más o menos de tu misma edad que se presenta como la ayudante del profesor, y más adelante también aparecerá Lloyd, un niño bastante más pequeño que también se acaba uniendo a la aventura porque aquí el Profesor se ve que tiene poca autoridad o pocas ganas de trabajar. Además, después de tantos años ya sabemos que en el universo Pokémon el tema del trabajo infantil no está tan mal visto porque siempre hay bichitos monos que lo disimulan. 

Tras las presentaciones nos explican que están en mitad de una investigación sobre el comportamiento de los pokémon en su propio hábitat y quieren ir rellenando la Fotodex, una especie de álbum que nos permite guardar hasta 4 retratos de cada pokémon. Para ello nos piden que les ayudemos utilizando su Reflexplora, una cámara bastante moderna que nos permite hacer instantáneas mientras ellos las van viendo a tiempo real en sus monitores y comentándote lo buena que es esa que acabas de sacar, todo mientras tú sigues tranquilamente en tu ruta disparando (fotos) a todo lo que se mueva y buscando el momento justo en el que están haciendo algo interesante. Esto quizá habría salido mejor utilizando una cámara de vídeo, pero no estamos aquí para juzgar ideas ajenas, y mucho menos de gente que hace la ciencia. Sin mucho más lío, nos mandan subirnos al Neo-One, el vehículo que nos trasladará a través de todos los escenarios para que no tengamos que preocuparnos de nada que no sea sacar fotos. Como veis, la historia es sencillita y para toda la familia, porque hay que tener en cuenta que sigue estando dirigida principalmente a un público infantil, a pesar de que todavía mantenga un entretenimiento más que suficiente para quienes crecimos con el inicio de la saga. Y bueno, tampoco estamos aquí por la trama, sino por las toneladas de pokémon haciendo monerías.

Las mecánicas de New Pokémon Snap son bastante limitadas y directas, tal y como ya lo eran en su anterior entrega. Sin embargo no podemos considerar que esto sea malo porque, en general, podemos decir que tenemos más que suficientes y alguna que otra vez nos parecerá que incluso sobran, y es que confundirse de botón cuando te emocionas es algo bastante común. Al inicio contamos sólo con la posibilidad de girar la cámara y el puntero, hacer zoom y sacar la foto, y a medida que avanzamos en la trama iremos desbloqueando nuevas opciones, como el radar, las blanzanas (manzanas más blanditas para que no te sientas mal al estampárselas en la cara a los pokémon), música o incluso los orbes Lúmini, una especie de bolas de luz que sirven para que algunos pokémon empiecen a brillar y a comportarse de formas un poco diferentes a lo que tienen por costumbre. Cuando comienzas una zona no puedes utilizar todas las opciones, pero lo cierto es que en la primera vuelta puedes sacar toneladas de fotos sin necesitar ningún tipo de extra, porque los pokémon están en su propio ecosistema y haciendo sus cositas: Bidoof construyendo una presa, Pikipek taladrando árboles o Pichu correteando por el campo. A medida que vas repitiendo cada zona, también vas subiéndola de nivel. Y cada vez que éste aumenta se van uniendo más pokémon o van cambiando el lugar en el que están y las cosas que hacen, dándote motivos para seguir repitiendo cada camino. Además de la zona normal también vas consiguiendo acceso a la misma pero de noche, cosa que prácticamente cambia al completo todos los bichitos de la ruta, y también a las zonas Lúmini, donde nos encontraremos lo que podemos considerar los bosses del juego. 

Tras cada vuelta que haces, el profesor, que está ahí moviendo papeles y haciendo como que trabaja, te pide que selecciones la mejor foto de cada pokémon que hayas conseguido capturar con la cámara, y podremos hacerlo de forma automática o eligiendo una por una la que más nos guste y nos parezca mejor para colocarla en la Fotodex. Las demás desaparecerán, aunque antes nos darán la oportunidad de guardarlas en nuestro álbum y tenerla de recuerdo, o modificarlas con Foto Plus, una herramienta que te permite encuadrar mejor la imagen, variar su profundidad y todas esas opciones tan comunes ya en el modo foto de tantos juegos. Y encima también podemos pasar al modo edición, donde tenemos marcos y pegatinas que podremos poner a nuestro gusto y que iremos desbloqueando poco a poco gracias a las misiones secundarias en las que te van pidiendo de forma un poco críptica que saques unas fotos concretas. Por supuesto, después podemos subirlas a Internet y compartirlas con todo el mundo, cosa que nos incentiva a sacar la instantánea más bonita o la más mamarracha, que los memes no se hacen solos. Como veis, el funcionamiento general es muy fácil, pero en ningún momento se queda corto en contenido y es muchísimo más largo que el anterior, ya solo teniendo en cuenta el número de rutas o las subidas de niveles. 

Antes os comenté que el juego tenía dos caras. Hasta ahora solo os he contado la parte buena, aunque lo cierto es que tiene otra que, si nos ponemos tiquismiquis, empeora la experiencia de una forma que podría haber sido fácilmente evitable, pero quizá no quisieron tocarlo para no variar demasiado lo que ya conocíamos en la primera entrega. Para empezar, tenemos una enorme cantidad de estímulos visuales que nos encontramos en cada ruta, y es que con la velocidad que lleva el Neo-One a veces se hace frustrante la cantidad de cosas que puedes llegar a perderte. Esto tiene cierto sentido, porque el juego está pensado para que lo rejuegues una y otra vez y siempre encuentres algo nuevo. Sin embargo, a veces da la sensación de que lo que pretenden es forzarte de forma artificial a que vuelvas más veces de las que son necesarias, y lo que podrías hacer en una o dos vueltas, quizá con la posibilidad de hacer una pequeña pausa en el camino (recordemos que el Neo-One no tiene frenos), acaba necesitando cinco vueltas y media más. Quizá no sería tan grave si no fuese por el segundo problema: la IA que tiene que decidir qué foto vale y cuál no es un poco especialita y a veces parece que lanza una moneda al aire. Por norma general su funcionamiento se limita a una explicación completamente opaca de por qué una tiene más o menos estrellas, o por qué recibe un número de puntos tan exacto y no otro, pero los problemas reales vienen más bien cuando el profesor o los ayudantes te piden algo muy concreto en las misiones secundarias. O sacas la foto en el momento exacto cogiendo el ángulo perfecto… o la IA no lo reconoce. ¿Y cómo sabemos qué es lo que quieren? Pues adivinándolo o tirando 25 instantáneas en el mismo punto, no hay atajo posible y es todo más cuestión de suerte que de que tú entiendas qué es lo que te piden. Estos fallos no estropean el juego. Están ahí y pueden molestar, pero una tiene el corazón blandito, así que se lo acaba perdonando todo y dejándolo en una pequeña colleja a algunas decisiones de diseño.

New Pokémon Snap no es un juego pensado para todo el mundo, y sin embargo es capaz de dar horas de diversión incluso a esa gente que ha acabado descolgándose un poco de los títulos principales. Todo gracias a su sencillez y su facilidad tanto para poder engancharte durante cuatro horas seguidas, como para hacer partidas rápidas en cualquier momento sin tener que preocuparte de dejar las cosas a medias o que salte una cinemática larga. Está hecho para que seas feliz y olvides tus preocupaciones, utilizando la nostalgia de quienes vivieron la primera generación y la ilusión de los más peques de la casa descubriéndolo todo por primera vez, tal y como hicimos en su momento en la Nintendo 64. Además, ¿a quién no le va a gustar sacarle fotos a pokémon monísimos jugando y poniendo caritas?

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Nix

I run on coffee, sarcasm and lipstick. Hace años le vendí mi alma a Bioware y me convirtieron en la Shadow Broker. Tengo un papelito que dice que soy N7, pero no quieren darme mi propia nave. Me gusta llevarle la contraria a la gente y por eso soy una Inquisidora enana y pelirroja.

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