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Análisis de Going Under

Análisis de Going Under

No hay quien siga la marea de lanzamientos que tenemos prácticamente cada día en el mundo del videojuego. Qué narices, seguir los grandes lanzamientos ya es en sí sola una tarea titánica, sobre todo si, como yo, has perdido la noción del tiempo como construcción social después del confinamiento. Siempre hay algo bonito que se pierde, lo que vale la pena pero a la vez pasa inadvertido, la joyita perdida debajo del radar. Y, aunque hayas salido una semana antes que Hades, querido juego, nunca es tarde para sacar a la palestra alguno de estos juegos que valdría la pena recuperar. Sí, hablo de ti, Going Under.

En este roguelite eres Jackie Fiasco, la nueva becaria (sin sueldo) de Fizzle, una start-up alimenticia ubicada en la incubadora de la mayor empresa de Neo Cascadia, Cubicle. Pero en vez de cumplir las apasionantes tareas de marketing en las que te formaste en ese mundo de Yupi llamado universidad, tocará bajar a los antiguos espacios de trabajo de start-up fracasadas, en las cuales todavía conviven trabajadores y CEOs transformades en diferentes bestias mitológicas. Y mientras tu jefe se rompe la cabeza tranquilamente en su amplio despacho sobre cómo malgastar el presupuesto en alguna idea de bombero, tú tendrás que conseguir los avances de estas empresas fracasadas que, a lo mejor, permiten a Fizzle no solo evadir la bancarrota, sino incluso salir de la incubadora y tener éxito en el mundo de Neo Cascadia. La vida de un becario cualquiera.

Captura de Going Under. Conversación entre Jackie y Marv, su jefe, en el que le obliga vencer a los enemigos del "sótano".

¿Eres nueva? Pues toma mierda

Estas expediciones a territorios de trabajo desconocidos nos muestran anteriores empresas que parecían buenas ideas y mejores negocios, pero que resultaron nefastas: desde aplicaciones para encontrar trabajo hasta aplicaciones de ligar, sin olvidarnos de la plaga de las criptomonedas. Si queremos llegar hasta los antiguos CEOs, o al menos conseguir salir de la sala de reuniones de cualquiera de estos sitios, nos tendremos que hacer paso frente a les enemigues que encontremos. No te encariñes con un ningún arma (eso que antiguamente se llamaría “silla” o “grapadora”) porque el desgaste está a la orden del día, pero tampoco te preocupes, porque pocas veces tendrás una falta de armas, incluso cuando no quede ningún objeto destruible en la sala (lo que antiguamente se podría llamar “puños”). Esta rapidez en la destrucción y en la variedad de armas convive con un combate igual de frenético y que pide de tus reflejos. Igual ocurre con los combates de jefes, trabajados lo suficiente para no ser una copia del anterior y respetar la identidad de la dungeon-start-up, en los que incluso puede saturar la cantidad de elementos a los que une jugadore no duche con los roguelites o los action rpg le obliga atender. Además de la violencia de estampar una maceta en la cabeza a un bicho, podremos encontrarnos en salas especiales diferentes habilidades (hacer más daño con menos vida, encontrarnos más dinero, efectuar contraataques en forma de calambre…), que si logramos quedarnos con ellas el tiempo suficiente, podremos elegirlas antes de entrar en cualquier startup y llevarlas con nosotras desde el principio. También tendremos aplicaciones de móvil, las cuales desaparecen con varios usos y que no nos podremos llevar de los niveles, pero bastante útiles: desde un cebo hasta una rebaja en los diferentes tiendas-bares-gastrobares de cada sitio. Finalmente, al parecer en la empresa recuerdan nuestro título de “becaria” y, tras ciertos eventos del juego, podremos pedir la mentoría de cualquiera de les empleades de Fizzle: Kara te permitirá usar más veces las aplicaciones, conseguir más dinero con Tappi o poder comprar más objetos con Ray aunque no tengas dinero (con girito), sin olvidarnos del objeto gratuito de Swomp o usar las propias bebidas de Fizzle creadas por Fern. En muchos casos, el primer nivel de mentoría te será suficiente para mover la balanza a tu favor, pero siempre puedes cumplir los favores que te piden y conseguir algo más de tus “superiores”. Muchos de estos son bastante extravagantes y rompen el “mata a este bicho” o “tráeme esto” típico de una misión para dar un giro a cómo entender los diferentes niveles de este juego.

Captura de Going Under. Pantalla de combate en tercera persona de Going Under.

Hay espadas y lanzas, pero qué sienta estampar lápices al personal

Con esto habría cubierto la totalidad del juego, pero en 2021 tuvieron a bien añadir contenido gratuito, que tardó un poco más en Switch, nombrado Work From Home. Dentro de la historia base, amplía el número de habilidades a 99 y añade un nuevo cuarto en las start-ups: la fotocopiadora. Ésta sirve para presentar la interpretación que le da Aggro Crab al bestiario: el “Fichero Rotativo”, por el cual tendremos que estampar (como la maceta de antes) las tarjetas a les enemigues de las diferentes start-up para conseguir sus fichas, hasta un máximo de 57. Pura alma coleccionista, con la recompensa de unas descripciones más que acertadas. Dando honor al hombre del DLC, tendremos un nuevo espacio, la habitación de Jackie, en la que podremos acceder al resto de contenido del DLC: detalles como poder acceder a cualquier canción de la banda sonora y nuevos atuendos; y el Modo Impostora: esta vez, los niveles irán uno detrás de otro, alterando qué start-up nos espera con cada visita. Con este modo llega otra nueva jefa, la CEO de nuestra autoestima: la propia Impostora. Ya sea solo con el Modo Impostora o con los Ficheros Rotativos se puede alargar la aventura muchas horas más: de las 10 horas que puede durar la historia base (o 30 si te quedas atascade como una redactora por aquí) hasta el infinito y más allá.

La trama es directa y los giros de la historia son hasta esperados, ya que esto sirve para que la crítica al microclima empresarial estadounidense (o por no decir específicamente Sillicon Valley), vestida de tono humorístico y sarcástico, mantenga esa rotundidad. Tono perfectamente respetado en la localización al español. Aquí diría quién lo ha hecho, pero en los créditos no aparece el nombre de ningún localizador, ni siquiera agencias de localización.

Sumado a la trama, coexisten personajes que son pinceladas de les potenciales trabajadores de este pequeño universo y que crean una dinámica fantástica y orgánica. No da mucho tiempo para desarrollarlos más que como parte del sistema económico-laboral y, en muchos casos, víctimas de los acontecimientos de Going Under. Es otro de los casos en que, si le jugadore no pone de su parte cumpliendo los favores de sus mentores/compañeres o simplemente acercarse para hablar entre pelea y pelea, nos quedaremos con las pocas cinemáticas del juego que explican su carácter y la relación con sus compañeres, e incluso sin saber lo más sorprendente: la vida fuera del trabajo.

Todo esto viene acompañado con una dirección artística redonda (en ambos sentidos), suave y colorida, un reflejo cuasiperfecto de lo que se podría denominar “arte corporativo” o “corporate Memphis” extendidos por los diseños de Xoana Herrera para Facebook del que quieren parodiar y echar pestes (o más de las megacorporaciones que utilizan esta dirección artística). Y con una música que espera apoyar este ambiente relajado y divertido mientras que la protagonista busca el beneficio de una empresa que no le paga, no espera recompensarla en ningún momento, ignora su formación y la envía a hacer el trabajo sucio buscando la perfección.

Going Under pasó sin pena ni gloria por razones ajenas al propio juego durante el desgraciado 2020, y gracias a su entrada en el Gamepass de XBOX del último mes ha conseguido llegar al público que se merece. Tanto si lo compráis en vez de encandilaros por el alquiler, aquí os aseguramos que los vale igual. Un gameplay rápido, caótico y muy divertido rodeado de una historia cimentada en una crítica al ambiente empresarial de Sillicon Valley/estadounidense, sistema que se vende como suave, redondo y colorido pero que deja más monstruos y cadáveres (no solo en forma de aplicación fallida) de los que quiere admitir. Vale la pena bajarse a ver qué pasa en los fondos de Cubicle.

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kelerele
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"No estoy muerta, estoy en alguna mazmorra de parranda. O escribiendo, que quién sabe con estos tiempos". Me puedes encontrar como @anus_kele en Twitter.

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