Nevado, raña na piroliña
Análisis de Shin chan: Nevado en Carbónpolis
23/10/2024 | Nix | No hay comentarios
Si hay una serie de mi infancia que me sigue gustando a día de hoy, es Shin chan. Además soy una firme defensora de su emisión con doblaje en gallego pero, por simple accesibilidad a su visualización, últimamente la he estado viendo en castellano, apreciando también esos detalles característicos que la hacen tan única. Sin embargo, el lanzamiento de Shin chan: Nevado en Carbónpolis me ha obligado a leer en español y escuchar en japonés, y eso me ha hecho darme cuenta de que, si bien el núcleo es ese humor tan suyo, lo que siempre pone la puntilla es la localización, y los juegos de palabras tienen más relevancia de lo que todo el mundo cree. Aunque entre “cuíño, cuíño”, “culete, culete” o “puri-puri”, yo tengo claro cuál voy a acabar escogiendo.
Pero no nos centremos en las variaciones idiomáticas, porque de lo que os vengo a hablar es del nuevo título del que, en esta ocasión, no tuvimos que rogar su publicación. Y es que por fin se han dado cuenta de que Shin chan todavía es relevante en nuestra cultura popular, y el fenómeno fan se mantiene en España igual que hace años, por lo que Shin chan: Nevado en Carbónpolis viene para consolidar ese nuevo mercado probablemente anual de juegos tranquilos, sin exigencias y humorísticos con el mejor niño de cinco años al mando. Y, quién sabe, quizá en algún momento también acabemos manejando a Himawari.

El juego comienza en Nomagari, un pequeño pueblo de Akita, la prefectura de donde son originarios los abuelos de Shin chan por parte paterna. En esta ocasión, Hiroshi se lleva a toda su familia a su lugar de origen por trabajo, y allí tendrán que pasar unas semanas de verano, en una casita bastante tradicional en el centro del pueblo. Esto hace las delicias de Ginnosuke, abuelo de Shin chan, que decide enseñarle las cosas que hacía él con su edad y que, más tarde, hacía su hijo Hiroshi, como cazar bichos y pescar. Los primeros días del juego, de hecho, consistirán en ir de aquí para allá sin rumbo aparente, cazando y pescando todo lo que queramos, y conociendo a los demás habitantes de la zona. Habitantes que, de vez en cuando, nos pedirán que les hagamos ciertos recados. Pero no adelantemos acontecimientos, porque nuestra atención estará, sobre todo, en nuestro abuelo. Una noche, este nos contará la historia de la piedra del compañerismo, una piedra con forma de culo que nos acabará llevando a Carbónpolis, una pequeña ciudad a la que llegaremos utilizando un tren misterioso, y de la que regresaremos como despertando de un sueño.
Como os podéis imaginar, Shin chan: Nevado en Carbónpolis se divide en dos secciones muy bien delimitadas, como son Nomagari y Carbónpolis. Lo primero que debéis saber es que no importa lo que hagáis ni cuándo lo hagáis, porque si bien hay tanto misiones principales como secundarias, en todo momento tendremos el poder de decisión de lo que queremos hacer cada día. En Nomagari, por ejemplo, lo más importante es la caza de bichos, la pesca, la recolección de plantas y el huerto. Los demás habitantes nos irán ofreciendo misiones muy fáciles de cumplir, hechas principalmente para darnos un motivo para dar otra vueltecita más al pueblo, a ver si aparece esa mariquita que nos hace falta para entregarle a aquella persona. Además, nos encontraremos con varios niños, cada uno obsesionado con su propia cosa, que nos pondrán a prueba para ver si conseguimos superar sus récords y que, si sois de explorar por vuestra cuenta, en más de una ocasión podréis terminar su misión en cuanto os la den. Que igual se creen que no somos capaces de cazar 30 bichos sin ayuda.

En cuanto a Carbónpolis, aquí nos encontraremos más variedad a la hora de recibir misiones, porque en esta ocasión tendremos el honor de conocer a la mejor inventora del mundo, que nos pedirá que le ayudemos a encontrar materiales para sus inventos, pero también le echaremos una mano en la cocina a una señora que tiene un mesón, a otra que tiene unos baños públicos, o nos podremos meter de lleno en las carreras de vagonetas, con unos circuitos divertidísimos y, a veces, un poco peligrosos. Pero aquí también nos tocará recolectar, aunque en esta ocasión nos encargaremos de recoger minerales de todo tipo que nos servirán tanto para los inventos como para las vagonetas. Sin embargo, todo esto no se acaba aquí, porque hay una cosa que une las dos localizaciones, y son los tablones de anuncios. En ellos podremos intercambiar cualquier cosa que hayamos recogido por otra que nos pueda hacer falta en ese momento, siempre y cuando alguien lo esté solicitando u ofreciendo. Esto también es un detalle, porque siendo un niño de cinco años no tendremos acceso a mucho dinero (aunque sí llevaremos algo en los bolsillos y, más adelante, un poco más en la cartera), pero podremos conseguir prácticamente todo lo que necesitemos a base de trueques, y las pocas cosas que tengamos que comprar de forma obligatoria lo podremos hacer con las propinas que nos vayan dando con los diversos recados que nos manden los adultos.
Si bien el apartado visual podría llegar a considerarse simple, por el hecho de que cada zona a la que vayamos sea una pantalla estática sin giros de cámara, lo cierto es que sería una forma de menospreciar esa atención al detalle que le han dado. Cada pantalla tendrá sus propias animaciones y sonidos, colocados de una forma que hacen pensar en esos días de verano, los anocheceres e incluso las noches, pudiendo pasear a Shin chan durante un rato antes de dormir y permitiéndole cazar luciérnagas, tal y como probablemente hayáis hecho en vuestra infancia. Y esa es la clave, el combinar tan bien ambos recursos para darnos esa felicidad infantil. Y, por supuesto, los chistes absurdos con los que agradeceremos en más de una ocasión que exista una traducción al español, porque el hecho de que Shin chan viaje a Cagónpolis para ser corredor de vacas lerdas va a ser algo difícil de olvidar.

Shin chan: Nevado en Carbónpolis es uno de esos juegos perfectos para descansar de todos aquellos que tanto exigen, ya sea en forma de gameplay o de sentimientos dentro de la trama. Y es que es un juego tranquilo que transmite precisamente las preocupaciones de un niño de cinco años, su necesidad de explorar y divertirse todo el día, y su tranquilidad de saber que si en ese día no hizo todo lo que quería, no importa, porque ya podrá hacerlo mañana. Y, de vez en cuando, ese tipo de juegos son realmente los que necesitamos, lugares seguros donde no tener que hacer nada por obligación.
I run on coffee, sarcasm and lipstick. Hace años le vendí mi alma a Bioware y me convirtieron en la Shadow Broker. Tengo un papelito que dice que soy N7, pero no quieren darme mi propia nave. Me gusta llevarle la contraria a la gente y por eso soy una Inquisidora enana y pelirroja.

