The Low Road, la vida de espía es la vida mejor

The Low Road, la vida de espía es la vida mejor

Pertenezco a una generación que ya vivió de lejos la edad dorada del cine de espías, aquella comprimida en los tiempos de la Guerra Fría, donde Rusia sustituyó a Alemania como enemigo favorito del celuloide y las manillas del reloj del apocalipsis avanzaban hacia la aniquilación nuclear. Aunque en los últimos años las películas más populares de espías han cambiado de género, pasando del thriller a la acción, algunas sagas tan reconocidas como James Bond o Misión Imposible siguen gozando de una salud envidiable, lo que ha ayudado a crear un imaginario histórico repleto de escenas trepidantes, momentos de vida o muerte en el que conseguir esos códigos nucleares que evitarán la destrucción de la civilización o tórridos romances con un tocayo del otro bando. La buena vida del espía, llena de intrigas, intensidad y amores prohibidos.

¿Pero cómo es el verdadero espionaje? ¿Aquel alejado de las cámaras, las plumillas y la ficción? Hace unos meses HBO España estrenó una de las que considero como serie revelación de este año, Killing Eve, un divertimento de espías donde Sandra Oh es una aburrida agente del MI6 cuya vida no es para nada lo que ella habría esperado. Ser espía no es llevar una pistola en el zapato e infiltrarse en fiestas de alta costura, sino rellenar monumentales pilas de papeleo y hacer pesquisas de la forma menos interesante posible. Este también es el punto de partida de The Low Road, un videojuego de espionaje ambientado en los años 70 donde nos pondremos en la piel de Noomi Kovacs, una aprendiz de espía recién graduada de LeCarré Institute for Exceptional Spies (LIES) que descubrirá que la vida que le habían prometido no está en países lejanos, sino tras un escritorio en un aburrido pueblo de Connecticut.

Así empieza esta clásica aventura gráfica, en las aburridas oficinas de una agencia de espías venida a menos donde lo más emocionante que puede pasar es que se estropee la máquina del café. Tras el aclimatamiento inicial y el claro descontento de Noomi por el choque de realidad ante la vida de espía, llega nuestra primera misión. Un famoso científico de una multimillonaria empresa del automóvil ha desaparecido. La única pista es una misteriosa secta que podría haberle captado y una mujer que podría conocer su paradero. Empieza el juego.

The Low Road utiliza los puzles y la deducción como forma de hacer avanzar sus tramas, por ejemplo, en este caso que he citado anteriormente se nos dan varios documentos de información sobre la mujer y debemos hacernos pasar por una antigua conocida para que nos dé la ubicación de la secta sin levantar sospechas. Un ejercicio sumamente interesante que no ha podido evitar recordarme a las partes de Phoenix Wright en las que, a través de las pruebas del juicio, debes desnudar al culpable. Una vez pasada esta prueba de fuego al teléfono, y con Noomi sumamente cabreada por no ser una agente de campo, el juego nos da el control del personaje para vagar por la primera zona: las oficinas. Aquí, como en cualquier aventura gráfica más clásica y con muchísima influencia del estilo Ron Gilbert, tanto en ejecución como sentido del humor, deberemos hablar con nuestros compañeros, recopilar objetos y combinarlos para poder seguir avanzando.

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Como es habitual en este tipo de aventuras gráficas tan cercanas a la comedia, las cosas irán poniéndose cada vez más rocambolescas, siempre impulsadas por los deseos irrefrenables de Noomi de convertirse en una espía de verdad. Tal y como pasa en Killing Eve, el primer hastío ante la anodina vida del espía pronto deja paso a la emoción cuando la trama empieza a desmadrarse y convertirse en una toda una película de espías. Poco a poco, lo que empieza como una simple abducción o secuestro se desarrolla como un complot mucho más complejo y disparatado en el que se incluyen sectas, pelucas y planes maléficos para frenar la tecnología del mundo, de ahí el título “The Low Road”, el camino más lento, si adaptamos un pelín el significado.

Pero más allá de su divertida y totalmente disfrutable trama, The Low Road es una muy accesible aventura gráfica para todos aquellos que quieran un reto moderado y no esas pesadillas de puzles imposibles que le encanta hacer a Ron Gilbert. Y esto se debe principalmente a lo comedido de sus espacios. Mientras que en Thimbleweed Park tenemos áreas extensísimas para cubrir y muchísimos personajes con los que hablar, en The Low Road siempre estaremos en pequeñas áreas con no más de cuatro o cinco personajes con los que resolver conflictos, algo que reduce muchísimo las combinaciones y el ensayo y error con objetos para presentar a los personajes. Además, los puzles no solo se resuelven a través de los diálogos o tirando de inventario, sino que también habrá secciones de habilidad y destreza mental en las que deberemos birlar bolsillos haciendo gala de nuestro pulso o manipular el contenido de una cinta de cassette para que diga exactamente lo que nosotros queremos.

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Otro de los aspectos más divertidos del juego es cómo han resuelto los Game Over. Podemos perder en The Low Road, y una respuesta equivocada puede llevar a descubrir nuestra tapadera y mandarlo todo al garete. Cuando esto pase, unos créditos aparecerán en pantalla contándonos el destino que sufrieron los personajes por culpa de nuestro desastroso error. Cuando acaben, un rebobinado muy VHS nos llevará justo al momento en el que fallamos para volver a intentarlo de nuevo.

Pero no solo hay inventiva a la hora de resolver la jugabilidad, y es que The Low Road también es exquisito para entrar por los ojos. Con una estética que se aleja de la animación digital para adoptar un aspecto muy plástico al estilo gouache, tanto los fondos como los personajes parecen recién pintados, lo que les da un toque vintage que potencia la ambientación de la trama en esos setenta de tonos tan amarillos y ocres.

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Un videojuego al que da gusto jugar, de corta duración y dificultad accesible, ideal para todos aquellos que quieran iniciarse en las aventuras gráficas o busquen una experiencia satisfactoria sin tener que fundirse todas las neuronas del cerebro en un solo día. Desafortunadamente, para todos aquellos que tengáis dificultad con el inglés, el juego en su versión para Nintendo Switch tan solo ha llegado en este idioma o francés, tanto doblado como subtitulado, sin poder contar con textos en castellano. Y siendo una aventura gráfica en tono de humor, donde se priman tantísimo los juegos de palabras (atención al personaje que solo habla con rimas) y las respuestas son clave para no dar un paso en falso, quizá puede ser una brecha de entrada para todos aquellos que no lo dominen.

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2 comentarios
mirandaikon
mirandaikon 05/10/2018 a las 5:39 pm

Me dieron muchas ganas de jugarlo, muchas gracias por la reseña!

Kitsune
Kitsune 09/10/2018 a las 1:40 pm

Me ha gustado un montón esta reseña 😀 siempre lo llenas todo de referencias al cine y mola un montón

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