No soy el guijarro más estable del monasterio
Análisis de The Stone of Madness
28/01/2025 | Aonia Midnight | No hay comentarios
Hay dos excursiones escolares que todo colegio maño, y me atrevería a decir que aragonés, tiene incluidas en su catálogo de actividades de manera inamovible. Por un lado, el Monasterio de Piedra, donde apenas se pisa el edificio, pero sí se recorre su histórico parque-jardín repleto de cascadas. Por otro, el Monasterio de San Juan de la Peña, donde se aprende lo que es el ajedrezado jaqués y es difícil no maravillarse con la forma en que el edificio surge de la montaña. Estas visitas siembran una semilla de cultura que a lo largo del tiempo nos empuja a volver a estos lugares. Algo parecido ocurre con la huella aragonesa de Goya, o si se ha tenido la oportunidad de visitar su hogar de nacimiento en Fuendetodos. Y quizás sea por estas visitas que el anuncio de The Stone of Madness se me grabó a fuego.
Nuestra aventura nos traslada al interior de un monasterio situado en el Pirineo, sin hacer referencia a cuál o la localidad en la que estamos. Sin embargo, poco importa, dado que nuestra estancia en el lugar no es del todo libre y voluntaria y nuestro objetivo será escapar. Así, iremos alternando el control de cinco personajes —Alfredo, Agnes, Amelia, Eduardo y Leonora— para explorar cada rincón del monasterio, evitar a los guardias y descubrir algún que otro secreto. Sobra decir que no será una tarea sencilla.
Aparte de que buena parte de nuestras acciones atraerán la atención de guardias, frailes y monjas, cada personaje cuenta con sus propios monstruos internos. Esto se traduce en que deberemos escoger bien al personaje que queremos encarnar según las condiciones del escenario y las características propias de cada uno. De este modo, Alfredo nos permitirá investigar pistas para avanzar, pero no llevará demasiado bien pasar junto a un cadáver. Leonora podrá matar o noquear cualquier potencial amenaza, pero teme al fuego. Amelia es capaz de colarse por las rejas, pero tiene miedo a las gárgolas del monasterio. Agnes tiene ciertas habilidades de hechicería, pero los espejos no le permitirán utilizarlas. Y Eduardo es capaz de mover objetos pesados, pero sufrirá al moverse en la oscuridad.

Estas son sólo algunas de sus virtudes y limitaciones, pero deberemos conocer todas bien. Y en especial aquellas cosas que afectan a la cordura de los personajes, ya que de esta condición dependerá que sumemos fobias al equipo. Además, cada noche en la celda perderemos cordura, por lo que no está de más cuidar la salud mental del grupo a lo largo del día. En cualquier caso, encontraremos formas de mantener cuerdo al equipo gracias al violín de Leonora, los juegos de Amelia y algún que otro reconstituyente de Agnes. En qué medida podamos recuperarnos dependerá tanto de lo que hayamos sufrido a lo largo del día como de los puntos disponibles para cada personaje.
Y es que si bien se trata de un juego de sigilo táctico en tiempo real, nuestras acciones en la celda sí estarán limitadas. De lo contrario, no tendríamos que escoger entre curar nuestras heridas, rascar unos cuantos maravedíes en el mercado negro, sobornar a los guardias para bajar nuestra notoriedad o estudiar los documentos encontrados explorando. Por suerte, gestionando los puntos de cada personaje seremos capaces de compensar un poco el sufrimiento del día, al menos al principio. Conforme avance el tiempo y quedarnos sin cordura suponga algún que otro trauma nuevo, la cosa dejará de ser tan divertida. Sobre todo cuando lleguemos al punto en que no podamos dar dos pasos sin que nuestros personajes sufran con algo.
En cualquier caso, podremos intentar apaciguar nuestro sufrimiento jugando a The Stone of Madness en una dificultad inferior. O ajustando detalles como la pérdida de cordura nocturna, el nivel de detección o la velocidad de actuación de los personajes. Aunque ello no garantizará que la partida vaya a ser un paseo. Así como las fobias de los personajes aumentarán los elementos que les aterran, habrá mayor seguridad cuanto más nos detecten. ¿Os pensabais que The Game Kitchen sólo sabía complicarnos las cosas con pinchos? Já.
Los guardias nos perseguirán y/o atacarán tan pronto como nos descubran haciendo algo inapropiado. Si conseguimos darles esquinazo, se acordarán de nuestra cara. Si logran alcanzarnos, aumentará la notoriedad y bajará nuestra salud en la mayor parte de los casos. Por tanto, nuestra mejor baza es tratar de evitar llamar su atención en la medida de lo posible. Aunque a menudo una pequeña persecución puede abrir una ventana de acción para otro personaje.

Por su parte, en ocasiones merece la pena finalizar pronto el día para cambiar a los miembros del grupo, arreglar algunos destrozos o replantear la estrategia. Además de tratar de ampliar nuestros conocimientos y habilidades para sortear mejor los obstáculos de los escenarios, aprendiendo determinados conjuros de Agnes, por ejemplo. Sobre todo porque pasearse por el monasterio de noche complica las cosas aún más, tanto en lo que se refiere a vigilancia como con algún que otro espíritu errante. Cada cual que baraje sus posibilidades y destrezas. Otra opción es optar por la Campaña de duración media para explorar nuestras capacidades y no desesperar si se nos da especialmente mal avanzar. Superada ésta, podemos jugar la Campaña larga y exprimir The Stone of Madness al máximo.
Sea como sea, recomiendo tomárselo con calma para no perder nuestra cordura junto a la de los personajes. Y, por supuesto, disfrutar del cuidado apartado audiovisual que nos envuelve, jugando con auriculares y parándonos a observar bien los escenarios. Esto nos ayudará a pensar nuestra estrategia, pero también a apreciar el diseño de los niveles y los detalles de los diferentes lugares que visitaremos. Cada obstáculo y elemento decorativo está colocado con mimo, y una pizca de hijoputismo. Y no será raro que algún enemigo nos sorprenda curioseando donde no debemos por habernos evadido investigando. Al explorar, además, encontraremos materiales y objetos que nos sacarán de más de un apuro e información que nos aportará contexto o nos ayudará a ubicarnos. Y el arte utilizado recuerda a Francisco de Goya, sobre todo en lo que a personajes se refiere.
Por su parte, no he encontrado fallos ni de jugabilidad ni de rendimiento. De hecho, podremos jugar tanto con ratón y teclado como con mando, incluso sólo con ratón la mayor parte del tiempo si hemos escogido la primera opción. Y salvo algún clic con un resultado inesperado que puede provocarnos un microinfarto, todo es intuitivo y manejable. Sin embargo, debo admitir que la partida se me complicó demasiado en algunos puntos, resultando frustrante intentar cualquier acción con los diferentes personajes. Por momentos, parecía que no había forma sigilosa de actuar o que los obstáculos y enemigos eran demasiados como para planear una buena estrategia. Y no son pocas las veces que he optado por cerrar el juego y volver en otra ocasión con la mente más despejada y los niveles de frustración restaurados.

The Stone of Madness es un juego de estrategia que nos pondrá a prueba conforme vayamos avanzando. Si bien es cierto que en todo momento tendremos claro cuál es nuestro objetivo, a menudo resultará complicado no arriesgar nuestra cordura. Y esto es algo que nos pasará factura irremediablemente, por lo que no será raro acabar optando por el ensayo-error en determinados puntos. Sin embargo, merece la pena sumergirse entre los muros del monasterio, tratando de averiguar los misterios que esconde cada Campaña. Y hacerlo en sesiones cortas o largas según nuestra tolerancia a la frustración o nuestra habilidad, dejando que su maravillosa banda sonora nos envuelva.
Quizás acabemos desarrollando alguna que otra fobia (más) durante nuestra estancia, pues si bien no se trata de un juego sencillo, sentiremos la necesidad de volver una y otra vez. Y así como cada noche en la celda les pasa factura a los personajes, también se tomará nuestra cordura. Cuanto más cerca estén de escapar del monasterio, más nos atrapará. Y puede que no sea que la cosa se complica, sino que realmente no queremos abandonar esos muros.
Curiosa, reflexiva y torpe // Palomitas y cerveza // Psicóloga porque lo dice un título // Mi mente está llena de mundos en los que evadirme // Nothing is true, the cake is a lie

