Lámpara, lo nuestro no funciona

Análisis de Date Everything!

Análisis de Date Everything!

Cada cierto tiempo aparece en nuestro radar uno de esos simuladores de citas que, lejos de ofrecernos únicamente escenas de romance de todo tipo (sí, esas también), pretenden darle un toque de humor gracias a los personajes que conforman nuestros intereses amorosos. Quizá el más famoso es Hatoful Boyfriend, también conocido como el juego de ligarse a las palomas, pero por nuestras manos también han pasado títulos en los que nos seducía un caballo, una cabeza en una maceta, un frigorífico o diverso material de oficina. Sin embargo, en esta ocasión nos encontramos con un juego más ambicioso, Date Everything!, que como bien nos dice su nombre pretende que liguemos con absolutamente todo lo que se encuentra en una casa. Y es que lo de darle como cajón que no cierra aparentemente se les ha ido de las manos. 

Aunque estéis por aquí queriendo saber más sobre el ligoteo, voy a empezar desde el principio y explicaros cómo hemos llegado a esa situación. La trama nos sitúa en un mundo prácticamente controlado por una única empresa, concretamente en nuestro primer día de trabajo para la misma. Nos tocará encargarnos de unos cuantos tickets de atención al cliente y, poco después, nos explicarán que nos hemos quedado sin trabajo porque nos van a sustituir por una IA. Sí, en nuestro primer día. Sin embargo, la suerte nos medio sonríe, porque no nos pueden despedir de forma directa, por lo que pasamos a estar en un limbo en el que no tenemos trabajo, pero al mismo tiempo todavía no lo hemos perdido, lo que nos permitirá pasarnos el día rondando por la casa a la espera de que llegue ese despido. Es en ese momento en el que recibimos un misterioso paquete vía dron y comienzan a llegarnos extraños mensajes contándonos que lo que nos ha llegado son unas gafas que nos permiten ver, conocer y hablar con todos los objetos de nuestra casa. Y aquí, intercalada con la misión principal que no os voy a desvelar, comienza nuestro periplo de ver con quiénes estábamos compartiendo casa. 

Al hablar de Date Everything! podemos asegurar que no es una exageración esa parte del “todo”, porque pronto nos daremos cuenta de que tendremos cien personajes romanceables, amigables u odiables (y alguno más secreto que no aparece en la lista). Cada uno de ellos tiene su propia personalidad, diseño y problemas, con unas personalidades muy marcadas y cuidadas hasta el más mínimo detalle, tanto por su aspecto como por sus gustos y preocupaciones. Por ejemplo, nos encontraremos con un osito de peluche que es un señor grandote y blandito que nos cuenta cuentos, o con una estantería que es una señora musculosa e impulsiva, ambos con ropa y complementos perfectamente relacionados con su propia existencia. Esto será clave a la hora de conocer a otros personajes y, al mismo tiempo, nos jugará malas pasadas, porque si bien sabremos que todas las estanterías serán esa misma señora, en ciertas ocasiones nos encontraremos con que un trapo y una toalla cuentan como mismo personaje. O peor, el maquillaje y el cepillo de dientes. Y puede parecer que no es para tanto, pero os falta conocer un detalle: solo podremos hablar con cinco personajes al día, y una única vez con cada uno de ellos. Por supuesto, esto nos mete en un bucle jugable completamente rígido que nos podremos tomar de dos formas, porque o nos dedicamos a encontrar todos y cada uno de los intereses amorosos (con sus repeticiones por creer erróneamente que un objeto sería uno nuevo), o nos dedicamos a avanzar la trama de cada personaje hasta llegar al final. Y tengo que reconocer que al principio es divertido, pero cuando llevas noventa personajes y treinta horas jugadas, ya se parece más a un trabajo que a un juego.

Si bien Date Everything! es un título que cuenta con ciertas virtudes, no podemos negar que también tiene sus errores, y además algunos que pesan bastante. Esto es porque a pesar de querer considerarse un simulador de citas, falla incluso en lo más básico, esas mecánicas que son una norma no escrita en el género por lo necesarias que son. Un ejemplo de ello es un simple historial de conversaciones, porque en más de una ocasión os pasará que pulsaréis un botón sin querer y avanzaréis una pantalla, perdiéndoos parte de la conversación. O querréis revisar lo que os ha encargado cierto personaje, o qué os han preguntado, esas cosas que acabamos olvidando cuando estamos haciendo malabarismos entre cien intereses amorosos. Otro de sus fallos es, precisamente, la obligatoriedad de tener que conseguir un cambio de estado (amor, amistad u odio) con una gran cantidad de personajes para poder avanzar en la trama principal, y la ausencia de profundidad y relevancia que tienen sus interacciones. Si pensamos en un simulador de citas al uso, sabemos que nos encontraremos con una historia en la que se va desarrollando nuestro amor hasta llegar al final del juego, dándonos ganas de volver a empezarlo para romancear a otro de los intereses amorosos para, además, saber un poco más de la historia que los une a todos. En este título sucede todo lo contrario, porque la mayoría de las ocasiones simplemente avanzamos conversaciones como si fuesen una lista de tareas, convirtiéndolo así en un juego de coleccionismo de personajes. Y a pesar de contar con más de un final, nos dará la sensación de que se parece más a Pokémon que a un otome cualquiera. 

Es probable que lo que más me haya gustado del juego sean los diseños de los personajes. Los sprites en 2D tienen un estilo de dibujo precioso que hace que su belleza siempre destaque, empujándonos aún más a querer conocer a esa persona tan guapa que tenemos ante nuestros ojos. Pero además también destaca lo fácil que es descubrir qué objeto es cada una, incluso cuando les vemos aparecer en conversaciones con otros personajes. Tanto es así, que reconozco que en alguna ocasión descubrí dónde buscar a partir de la silueta de la lista de personajes bloqueados, así que imaginaos lo bien hechos que están. Por el contrario, la parte 3D, que viene siendo la casa en sí misma y los objetos en su forma normal, deja bastante que desear, dejando tras de sí un aura de proyecto hecho para una jam o para un trabajo escolar: no está mal, pero se nota que no quisieron o pudieron invertir más tiempo o dinero en ella. Quizá esto se entiende mejor cuando nos damos cuenta de la enorme cantidad de voces famosas que nos podemos encontrar en el juego, porque si bien oír a Ray Chase es algo común (y normal, teniendo en cuenta que es uno de los desarrolladores), también podremos afinar el oído para escuchar a Felicia Day, Matthew Mercer, Laura Bailey, Ben Starr, Ashley Burch, Troy Baker, Courtenay Taylor o Neil Newbon. Y sí, también dice “daaaarling”. Por supuesto, esto conlleva encontrarnos con un doblaje muy bueno, pero evidentemente para ello se sacrifica la posibilidad de encontrarlo en diferentes idiomas. Y no, tampoco lo tendremos traducido, solo es jugable en inglés. 

Date Everything!, aunque entretenido, no es un título que encaja con lo que se suele buscar a la hora de jugar un simulador de citas. Y es que tiene muchísimos personajes, pero le falta la profundidad necesaria, quedándose únicamente en un juego de coleccionarlos a todos. Además, la ausencia de mecánicas clave en los mismos, y el exceso de horas que tenemos que invertir para completarlo (que se pueden ir a las 80), juega en su contra, convirtiéndolo en un título de nicho dentro de lo que ya es el nicho de los simuladores de citas. Pero si aun así os decidís a probarlo, id a llamarle Mistress a la caja fuerte de mi parte. Y a darle besitos. Si os deja.

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Nix

I run on coffee, sarcasm and lipstick. Hace años le vendí mi alma a Bioware y me convirtieron en la Shadow Broker. Tengo un papelito que dice que soy N7, pero no quieren darme mi propia nave. Me gusta llevarle la contraria a la gente y por eso soy una Inquisidora enana y pelirroja.

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