Análisis de Radiolight
17/11/2025 | Aonia Midnight | No hay comentarios
Lo creáis o no, hubo una época en la que los dulces de Halloween y los turrones apenas se cruzaban en los supermercados. Y la spooky season se alargaba al menos un par de semanas de noviembre, si no más. Sin embargo, en un momento en el podemos ver polvorones prácticamente a finales de agosto y decoración navideña en noviembre, cada vez es más difícil que las calabazas y el terror tengan su espacio más allá del 31 de octubre. Con suerte, según en qué día de la semana caiga, se puede organizar un puente o fin de semana terrorífico que rasque unos días. Aunque empieza a ser habitual esperar la aparición de Mariah Carey reventando calabazas para dar la bienvenida a la Navidad. En cualquier caso, yo sigo reivindicando un otoño spooky y, por ello, hoy quiero hablaros de Radiolight.
En este walking simulator de misterio en primera persona, nos pondremos en la piel de un policía que se adentra en el Parque Nacional de Ashwood Creek para investigar la desaparición de un guardabosques. Aparentemente, cuando todavía está en marcha el dispositivo de búsqueda de un niño en el mismo lugar. Ambas desapariciones tienen detalles en común, aunque nada parece indicar que estén relacionados. En cualquier caso, nuestra misión será buscar pistas y reportar a través del walkie-talkie cualquier cosa que pueda arrojar algo de luz. Y dispondremos de una vieja radio por si necesitamos acallar los ruidos extraños con algo de musiquita o atender a la información de seguridad del Parque. Eso sí, se trata de un arma de doble filo, dado que puede que sintonicemos alguna que otra frecuencia extraña. Y que esto sea nuestra perdición… o que nos ayude a avanzar. Por probar que no quede.

Cabe mencionar que si bien Radiolight ofrece un doblaje en inglés profesional y pulido, no se puede decir lo mismo de la descuidada labor de traducción. Algo que podría llegar a sacarnos de la inmersión en determinados momentos e incluso nublar la experiencia. En cualquier caso, siempre tenemos la opción de cambiar el idioma y, de paso, navegar por los ajustes para configurar la partida a nuestros gustos o necesidades. Aunque debo advertir de que no cuenta con demasiadas opciones para quienes sufren el síndrome del simulador. Tampoco será fácil ver que podemos interactuar con algunos elementos por la falta de contraste entre el indicador y el objeto. Por ejemplo, a la hora de leer algunos carteles.
Afortunadamente, no habrá muchos más elementos que amenacen nuestro paso por el juego. Al menos no a nivel técnico, dado que adentrarnos en un Parque Nacional en plena noche no está desprovisto de peligros ni situaciones inquietantes. Así, pasearemos a mayor o menor velocidad, sin cansarnos, y trataremos de ubicarnos en la inmensidad del bosque. Sin embargo, no tardaremos en asumir que no sabríamos regresar al punto de partida ni con un mapa. Aunque quizás no nos haga falta, dada la linealidad del camino y la presencia de señales.
Podremos explorar a nuestro ritmo y en múltiples direcciones, pero no será difícil encontrar la manera de avanzar en la historia. De este modo, se entrelazan la sensación de habernos perdido en mitad de ninguna parte y la seguridad de poder continuar. Habrá caminos bloqueados de forma orgánica por elementos que encajan con el escenario y la situación. Y espacios abiertos que invitan a indagar por lo que podamos encontrar. También sonidos que nos harán girarnos, mirar alrededor y sentir la necesidad de salir pitando de esa zona. Y puede que este título nos tenga preparado algún que otro susto que entrará a las mil maravillas cuando nos lo comamos irremediablemente. Lo esperemos o no. Eso sí, no se trata de un juego que abuse de sobresaltarnos, centrándose sobre todo en crear una atmósfera que nos mantenga en tensión.

Y con esta finalidad destaca el apartado audiovisual, proporcionando unos escenarios y sonidos fieles a la realidad, alejándose de la mala costumbre de emitir en bucle una secuencia de ruidos de forma continua. Aunque peca de repetirlos en determinadas zonas. Algo que hará que nos habituemos si pasamos por el mismo lugar varias veces por estar buscando algo. En cualquier caso, es ampliamente recomendable crear un ambiente adecuado para el juego, utilizando auriculares, regulando el brillo y apagando las luces. Y, si me apuras, encendiendo alguna vela con aromas boscosos.
Radiolight es una aventura que nos atrapa poco a poco a lo largo de sus aproximadamente 4-5 horas de juego. Sea por la premisa de adentrarnos en el Parque de noche en busca de pistas, por el halo de suspense que nos envuelve o por el uso de la radio. Comenzaremos dando nuestros primeros pasos con la confianza que destila el protagonista y acabaremos caminando con cautela y recelo. Sumergiéndonos en el bosque y dejando que los sonidos nos atrapen, aunque ello nos mantenga con los nervios a flor de piel. Temiendo sintonizar la radio por lo que podamos encontrar. Del mismo modo que nos debatiremos entre las ganas de desvelar el misterio de las desapariciones y las de volver a la seguridad de nuestro hogar.
Y es que, tratándose de un título ambientado en 1985, quién sabe lo que podríamos encontrar entre los árboles. Porque terror/suspense y desapariciones puede implicar sectas, asesinos en serie, alienígenas o incluso posesiones demoníacas. Y a lo mejor ese sonido aparentemente animal que escuchamos al inicio de la aventura sea algo feral pero más peligroso. A fin de cuentas, si los animales del Parque Natural de Ashwood Creek supusieran una amenaza, las autoridades advertirían a las visitas. Y en la radio no hemos oído nada al respecto. Aunque, claro, ¿quién —o qué— interfiere en la emisora y lo que sintonizamos? Perdonad la paranoia, pero siento que los árboles me observan. O algo que se esconde entre ellos.
Curiosa, reflexiva y torpe // Palomitas y cerveza // Psicóloga porque lo dice un título // Mi mente está llena de mundos en los que evadirme // Nothing is true, the cake is a lie

