Balas de culto
Análisis de Children of the Sun
18/04/2024 | Nix | No hay comentarios
Eres una bala. Eres una bala que atraviesa miembros, lanzando chorros de sangre sin ton ni son. Eres una chica. Eres una chica que busca venganza, oculta tras una máscara con aspecto de muñeca. Eres una muerte tras otra, la aniquilación de una secta, un viaje de venganza comprendida. Eres una cabeza abierta, un bidón de gasolina ardiendo, una explosión en el centro de un parque. Eres Children of the Sun. Y, casi sin querer, te ves en el centro de un viaje disfrazado de puzle con un juego que quizá pueda pasar desapercibido, pero que debería estar obligatoriamente en todas las bibliotecas.
La trama de Children of the Sun se va transmitiendo a cuentagotas durante todo el juego, en forma de flashes cortos y coloridos en los que vamos apreciando cada suceso sin que nos lo den todo mascado. Es decir, nos tocará ir uniendo los puntos para enterarnos de qué le pasó a la chica protagonista y hacia dónde se dirige. Nuestro viaje es, principalmente, una historia de venganza en la que nos iremos librando uno a uno de todos los integrantes de la secta, manteniendo una marcha que nos lleva directamente hacia el líder. O eso es lo que esperamos. Buscaremos la satisfacción de un ajuste de cuentas, pero también trataremos de desvelar todas las atrocidades cometidas hasta el momento. Y, si bien cuenta con una trama interesante, lo cierto es que es de lo menos importante en este juego. Lo único que necesitamos saber es que somos una chica que busca venganza.

La mecánica principal de este título es el simple disparo de una bala. Nuestra protagonista aparecerá en cada nivel teniendo un margen de movimiento lateral muy delimitado, lo suficientemente amplio como para tratar de ver dónde se localiza cada uno de los enemigos y planear nuestra estrategia. Podremos marcar a cada enemigo con un número, para saber si hemos encontrado a todos, y además también tendremos la posibilidad de señalar objetivos extra que nos pueden ser útiles, como pájaros, depósitos de gasolina o bidones. Una vez que los tenemos marcados, nos tocará trazar mentalmente la trayectoria del disparo para poder alcanzarlos a todos porque, aquí es donde más interesante se pone la cosa, sólo podremos disparar una única vez. El proyectil que disparemos y que (probablemente) matará a nuestro primer enemigo activará una especie de tiempo bala que nos permitirá redirigir el disparo hacia el siguiente objetivo. Y es que aquí existe la magia y una bala no siempre va a ir en línea recta.
Dentro de esa sencillez de disparar y dirigir un solo proyectil, la cosa se irá complicando por momentos. En un inicio la única dificultad será escoger bien la posición de nuestras víctimas para conseguir su muerte, pero a medida que se van sucediendo los niveles aparecerán enemigos con defensas, armaduras o escudos un tanto especiales, y se irán sumando mecánicas a nuestra bala, como ralentización, cambio de dirección o aceleración. Todo con su explicación en un pequeño tutorial, pero dejándonos su uso a nuestro libre albedrío. Porque, si algo destaca en cada uno de esos niveles, es que no hay una forma mala de terminarlo, ni tampoco una óptima, porque siempre vendrá alguien a demostrarte que se puede hacer más espectacular. Y, además de esos niveles, también nos encontraremos alguno extra que hace a su vez de una especie de interludio, donde el juego romperá momentáneamente con todo lo que habíamos utilizado.

Children of the Sun es uno de esos títulos cortos y concisos pero, al mismo tiempo, cuenta con la posibilidad de mantenernos dentro durante muchísimas horas, y todo es gracias a su rejugabilidad. Como he dicho antes, la historia es lo de menos, y en esta ocasión consiguen que queramos jugar una y otra vez únicamente por la puntuación que nos da el juego al terminar cada nivel. Y es que cuando acabamos en la posición número 3000 tenemos ganas de mejorarla porque no queremos estar en un lugar tan bajo de la tabla, pero cuando quedamos de 300 nos da rabia no haber subido un poco más y, al menos, conseguir un top 100. Sin embargo, si hay algo que ayuda todavía más a querer subir más puestos son los controles del juego. Quienes juguéis con mando quizá os preguntéis qué puede tener de interesante, porque son unos controles genéricos y bien implementados, pero si dejáis de lado el mando os daréis cuenta de que absolutamente todo el juego se controla con el ratón. El movimiento del personaje, el apuntado, el disparo, los efectos de la bala, todo se hace con una sola mano de una forma muy precisa y sencilla, como si nuestra mano fluyese en sintonía con esa bala. Y haciéndonos abrir el juego en los ratos muertos pensando en cómo mejorar nuestra puntuación mientras nos comemos un bocadillo con la otra mano.
Si bien no hay nada de este juego que no funcione, tengo que reconocer que lo que quizá nos mete más en ese universo de sectas y venganza es su apartado visual. Esos trazos sucios y agresivos que nos acompañan en los fragmentos de la historia se trasladan perfectamente a cada uno de los niveles, dejando de lado esa necesidad recurrente de realismo para ofrecernos algo más grotesco que, de alguna manera, se vuelve bonito en nuestras pantallas. Que no podemos negar que un buen diseño de arte es muchísimo más importante que cualquier textura hiperrealista, y esto se demuestra en cada nivel, donde, además de encajar con la historia, nos permite observar y entender los alrededores para poder preparar nuestra estrategia de muerte.

Children of the Sun es un título pequeñito y muy de nicho, pero eso no lo hace un juego peor, sino todo lo contrario, porque esto le permite arriesgarlo todo a, literalmente, una única bala. Cada nivel está diseñado al milímetro para obligarte a pensar muy bien cada uno de tus movimientos, haciendo que te plantees cada una de tus decisiones para acabar arañando unos puntitos más. Y, sobre todo, para ayudar a la chica a avanzar en su camino de la venganza. Porque el sol saldrá pronto por el agujero de tu rostro.
I run on coffee, sarcasm and lipstick. Hace años le vendí mi alma a Bioware y me convirtieron en la Shadow Broker. Tengo un papelito que dice que soy N7, pero no quieren darme mi propia nave. Me gusta llevarle la contraria a la gente y por eso soy una Inquisidora enana y pelirroja.

