Sigue siendo más listo que yo
Análisis de Blue Prince – Nintendo Switch 2
17/03/2026 | Nix | No hay comentarios
Cuando volvemos a un videojuego por segunda vez, lo hacemos con una mezcla de nostalgia y de sospecha. Nostalgia, porque recordamos perfectamente cómo nos sentimos la primera vez que lo jugamos, y por eso queremos volver. Sospecha, porque ¿y si no es tan bueno como lo recordamos y acabamos odiándolo o encontrando defectos donde antes veíamos virtudes? Que ya sabemos que el cerebro miente, y no siempre podemos confiar en nuestra memoria (para muestra, cómo recordamos los gráficos de PS1 y cómo son en realidad). Es normal mezclar esos dos sentimientos, porque muchas veces a nuestros juegos favoritos les cuesta mantener el tipo. Y luego está Blue Prince. Si leísteis mi análisis original, o me habéis escuchado alguna vez, quizá recordéis que cuando lo jugué defendí su GOTY con uñas y dientes y, ahora que vuelvo a él puedo afirmar, sin temor a equivocarme, que sigue siendo el mejor juego del año pasado (y si me dejáis, de este). Y es que yo me esperaba regresar al Mt. Holly para desentrañar los últimos puzles que me había dejado tras terminar el juego, pero me encontré con que habían aparecido más secretos donde parecía que no quedaba nada. Y lo sigo disfrutando como el primer día.
Si me lo permitís, voy a intentar no repetir muchas de las cosas de las que hablé en el análisis original, por una parte, por no repetirme y, por otra, porque el encanto de Blue Prince reside, sobre todo, en descubrir cómo funciona cada una de sus capas. Y, por eso, volver a jugarlo resulta tan raro, porque todo el progreso que había conseguido en mi anterior partida no estaba en la nueva, pero sí en mi cabeza (y en mi libreta, claro), haciendo que creyese que lo tenía todo bajo control. Sí, ya, me sentí muy lista durante un rato pero se me pasó muy rápido, cuando el juego me dijo un “Quieta parada, rubia”. Porque si algo sabe Blue Prince es hacer que nos demos cuenta de que todo lo que habíamos entendido es un simple fragmento pequeñito de algo mucho más grande, y que no debemos pensar en él únicamente cuando estamos jugando, sino también las demás horas de nuestro día. Y quizá por eso encaja tan bien en la Switch 2.

Una de las primeras cosas que pensé cuando abrí Blue Prince en esta nueva versión es en lo mucho que le favorece el formato portátil porque, en el fondo, además de ser un juego que me puede mantener ante la pantalla durante horas, le sienta todavía mejor eso de poder cogerlo en cualquier rato libre que tengamos para ver si conseguimos desentrañar algún nuevo misterio. Sobre todo, si hemos llegado a ver los créditos del juego y estamos ya en el punto de completa locura. Y es que su estructura, con esa duración de los días (o runs) dinámicos que pueden durar 20 minutos o 2 horas, puede encajar perfectamente incluso con ese pequeño rato de juego antes de dormir… a menos que acabemos encontrando nuevas pistas y decidamos que hoy no se duerme, que ese ajedrez tiene algo que decirnos y no vamos a hacerle el feo de no escucharle. En ese sentido, las partidas de la Switch 2 se convierten en algo parecido a un ritual, el tenerlo ahí suspendido esperando a que lo cojamos un ratito, que hagamos pausas para tratar de darle vueltas al asunto, y que siga ahí, esperándonos, de forma mucho más cómoda que cuando nos toca jugar en el ordenador. Un ritmo extraño, sí, pero que encaja con la esencia del juego.
Os estoy hablando del modo portátil como la maravilla que es, pero realmente la gran novedad de Switch 2 es el poder combinar el uso del Joy-Con como mejor nos venga en cada momento. Movernos y recorrer las habitaciones de la mansión utilizando el joystick se nota más fluido, cogiendo ventaja sobre el WASD (aunque alguna gente se niegue a reconocerlo), pero el poder hacer el cambio al ratón en un instante hace que lo que parece una simple curiosidad técnica se convierta en la mejor forma posible de jugar. Y es que mezclar la calma del joystick con la rapidez y precisión del ratón consigue que no echemos nada en falta, recibiendo además esas pequeñas mejoras, como si fuesen una herramienta más de las que encontramos en la tienda del juego.

Blue Prince es un juego que no dejamos de jugar en cuanto apagamos el ordenador o, en este caso, la consola. Y esa es quizá la mayor ventaja que tiene Switch 2 sobre este título, porque mientras en la versión de PC vamos llenando hojas y hojas de la libreta, en este caso podemos descartar teorías probándolas en un ratito muerto, ahorrándonos un par de páginas de descartes. Si a estas alturas todavía no os habéis puesto a jugarlo, hacedme (y haceos) el favor de poneros a los mandos y entrad a la mansión con paciencia. Sin guías. No, en serio, no queráis jugar con prisa por terminarlo, dejad que el juego os engañe, que os haga pensar que lo tenéis todo controlado. Dejad que os dé una lección de diseño de videojuegos y, de paso, disfrutad del camino. Y si alguien cree que llegó al final, que se fije un poco en esa pared, que estoy segura de que no habéis visto esa pieza decorativa con forma sospechosa.
I run on coffee, sarcasm and lipstick. Hace años le vendí mi alma a Bioware y me convirtieron en la Shadow Broker. Tengo un papelito que dice que soy N7, pero no quieren darme mi propia nave. Me gusta llevarle la contraria a la gente y por eso soy una Inquisidora enana y pelirroja.

