Análisis de The Mound: Omen of Cthulhu
15/07/2026 | Aonia Midnight | No hay comentarios
Si la memoria no me falla, diría que jamás he leído a H.P. Lovecraft, aunque es un clásico del que me han hablado mucho. Sin embargo, no son pocas las obras inspiradas en la suya que he disfrutado o mandado directas a mi lista de deseados. Y, de hecho, The Mound: Omen of Cthulhu es una de las propuestas basadas en el universo del autor que más ha llamado mi atención en mucho tiempo. Aunque, siendo completamente sincera, poco o nada tenía que ver con su inspiración en sí, sino con su sistema de locura y percepción alterada. Y es que, bien aplicado, puede cambiar totalmente la experiencia de una fórmula que conocemos y hemos saboreado en múltiples ocasiones.
En cualquier caso, The Mound: Omen of Cthulhu tampoco es un cooperativo al uso, lo que le permite diferenciarse del resto. Sin comparaciones y sin deberle nada a nadie. Aquí jugaremos en solitario o con otras tres personas, pero no nos enfrentaremos a oleadas de enemigos mientras viajamos del punto A al punto B. Más bien, nos moveremos con cierta cautela mientras exploramos una zona en busca de tesoros y suministros. Y tan pronto como llenemos nuestros bolsillos, y el carro que nos acompaña, saldremos pitando al bote para volver al galeón con el botín.
A fin de cuentas, nuestro objetivo en el Nuevo Mundo es encontrar el legendario Montículo (Mound), un misterioso lugar repleto de tesoros místicos. Aunque sobra decir que no somos los primeros en intentarlo o que pocos han vuelto para contar lo que encontraron… si llegaron a hacerlo. Y los pocos que lo han logrado, no han vuelto a ser los mismos. Algo en el bosque acecha y fractura la mente de sus presas. Por tanto, nuestro grupo tiene pocas garantías, pero aparentemente tenemos poco que perder. Y así será como, a bordo del Tempestad, escogeremos qué personaje nos representa mejor y nos uniremos al resto, convirtiendo el galeón en nuestro centro de operaciones.
The Mound: Omen of Cthulhu no cuenta con un sistema de clases, donde cada cual tiene un rol con sus ventajas y desventajas. Nos ofrecen cuatro personajes iniciales, descritos de forma breve, y cómo nos desenvolvamos dependerá de nuestra habilidad y capacidad de comunicación y coordinación con el grupo. Así, conoceremos a Alfonso de la Torre, Leonor, Don Rodrigo de Medina y el fraile Gaspar al principio, y desbloquearemos a otros dos más adelante. Y todos ellos podrán utilizar las mismas armas y herramientas, encajarán igual los golpes y correrán a la misma velocidad. Nada los diferencia más allá de su apariencia y trasfondo.

De hecho, la mejor forma de sobrevivir será trabajar en equipo ya desde el inicio. Antes de firmar el contrato que nos llevará a tierra, deberemos ponernos de acuerdo con el resto del grupo para escoger qué llevar. Ello sabiendo que nuestro inventario es limitado y se llenará tanto con las armas y recursos como con aquello que recojamos en la misión. Por tanto, de poco servirá llevar un arma de cada tipo. Y menos pudiendo repartir el equipamiento y coordinar movimientos. También podremos dejar en el carro cosas que podrán utilizar todos los miembros del grupo. De nuevo, teniendo en cuenta que nuestro objetivo es llenarlo de tesoros y su capacidad es limitada. Escoger con cabeza antes de empezar cada misión puede suponer una gran diferencia al llegar a tierra.
Una vez en la zona de la misión, será importante no separarse demasiado ni por mucho tiempo. Como decía antes, el bosque acecha y el aislamiento nos pasará factura. Además, algunos tesoros aumentarán estas sensaciones, jugándonos malas pasadas. Por tanto, dejarnos llevar puede ser todo un peligro para nuestro personaje y para el grupo, ya que alguien tiene que venir a salvarnos si nos metemos en problemas. Y no saber discernir si es realmente alguien del equipo o una alucinación puede acabar mal.
Esta mecánica y cómo se ha implementado son lo que hacen único The Mound: Omen of Cthulhu. Sobre todo si dejamos a un lado las aplicaciones de comunicación habituales e interactuamos con el equipo a través del chat de voz del juego. Dejar de escuchar al resto cuando nos alejamos será solo una parte de la inmersión. El resto corre a cargo del bosque, en especial si utilizamos auriculares y nos sumergimos en la ambientación del juego. Algo que no nos costará nada gracias al manejo de su apartado audiovisual, que nos envuelve a cada paso que damos. Pronto, nos atrapará tanto que estaremos pendientes de cada crujido (o rugido) que escuchemos. Incluso cuando nos dejemos llevar por las ansias de coger todo lo que no esté clavado al suelo.
Cabe decir que otra forma de sobrevivir será escoger bien nuestras batallas. The Mound: Omen of Cthulhu no es un juego de masacrar oleadas de enemigos sino de explorar y saquear. Por lo que nuestras armas no siempre serán suficientes para salir con vida de un encuentro. Saber cuándo volver al bote o evitar ciertas zonas será más importante que demostrar nuestra valía o destreza con las armas. Aunque aprenderemos sobre la marcha, ya que la dificultad irá aumentando contrato a contrato. Y, como mucho, se adaptará al número de exploradores en el terreno.

Conforme vayamos cumpliendo misiones, desbloquearemos nuevas. Y si bien el juego tiene un final alcanzable, invertiremos una buena cantidad de horas rejugando mapas y contratos, probando nuevas estrategias para hacernos con un botín cada vez mayor. Y el dinero obtenido en cada trabajo podremos invertirlo en mejorar nuestras armas, lo que nos animará a volver con más preparación y valentía. Sin duda, un pozo de horas basado en su rejugabilidad y nuestra curiosidad para explorar aquellas zonas del amplio mapa que debiéramos dejar atrás… por lo que sea.
Si tuviera que sacarle una pega sería al hecho de que las voces del juego se encuentren en inglés, aunque esté traducido a múltiples idiomas, entre ellos el nuestro. Al menos teniendo en cuenta que el equipo de desarrollo es chileno y los personajes españoles, ¡un poquito de por favor! No es que sea algo especialmente relevante para disfrutar de la aventura, pero debo admitir que lo vi como una oportunidad perdida. Sobre todo teniendo en cuenta la calidad del doblaje en nuestro idioma y que el mercado está repleto de juegos en inglés. Algo más molesto y que sí afecta a la experiencia, sin embargo, es lo ortopédico que puede resultar el movimiento de los personajes en algunos puntos. En especial en combate. Aunque dado que he probado una versión prelanzamiento, esto podría cambiar en su versión definitiva de salida.
The Mound: Omen of Cthulhu ha cumplido con creces lo que prometía, jugando con nuestra percepción mientras nos adentramos en la jungla. Alejarnos del grupo, quedarnos a solas, traerá consecuencias que pueden ser letales. Y jugar en solitario directamente nos obligará a gestionar el inventario y estar todavía más alerta a cada sonido o movimiento extraño. Cabe decir que está claramente enfocado a jugarse en grupo, utilizando el chat de voz, pero se disfruta igual por nuestra cuenta. Quizás repitiendo partidas o arriesgando menos, pero sumergiéndonos igual. Y es que ofrece una experiencia que atrapa tanto como los misterios de la expedición. Tanto como para ignorar toda señal de peligro y seguir lanzándonos de cabeza a por cada ídolo lovecraftiano que veamos a lo lejos.
Curiosa, reflexiva y torpe // Palomitas y cerveza // Psicóloga porque lo dice un título // Mi mente está llena de mundos en los que evadirme // Nothing is true, the cake is a lie

