En una época donde las grandes firmas del videojuego parecen haberse “casualizado” (a base de remakes, reboots, secuelas o DLC’s absurdos), no es de extrañar que hoy por hoy las obras más interesantes del sector estén siendo firmadas por estudios medianamente modestos. Y es por eso que se agradecen juegos como este, creado por los franceses Dontnod Entertainment.

He de reconocer que una de las cosas que me llevó a jugar fue la obsesión que tiene servidora con las paradojas espaciotemporales… y aquí tenemos una buena: Max Caulfield vuelve a su ciudad natal -Arcadia Bay- desde Seattle -donde ha pasado los últimos años- para estudiar fotografía en la prestigiosa Academia Blackwell. Entonces, en medio de un incidente ocurrido en los baños de la academia y de una manera totalmente involuntaria, nuestra protagonista se da cuenta que tiene el poder de volver atrás en el tiempo y así cambiar ciertas cosas. Ese es el punto de partida de “Life is Strange”. No nos engañemos, el argumento no es nada nuevo y tenemos un montón de referentes a la hora de comparar; lo realmente prodigioso es la habilidad de combinar un montón de influencias por parte de sus creadores y que van desde Twin Peaks -atención a los fans de la serie porque os vais a topar con referencias constantes a la obra de David Lynch- a la película “El efecto mariposa”.

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Y no es sólo el argumento lo que engancha a la hora de jugar, es un compendio de muchos factores que hacen que en conjunto brillen y conformen una de las mejores aventuras de los útimos años: desde la pantalla de carga -en la que el jugador se puede pasar perfectamente varios minutos, escuchando la música o simplemente observando el paisaje-, o la interfaz cuidada al detalle, hasta una de las mejores bandas sonoras que he podido escuchar en un videjuego -con canciones que acompañan perfectamente a Max en cada capítulo-, pasando por la constante sensación de querer vivir en Arcadia Bay. Porque, en serio… Quieres vivir en Arcadia Bay pese a esa sensación constante de melancolía que cubre la ciudad. Quieres acompañar a Max en sus paseos por la academia, mirar cada detalle sin saber (al igual que ella) si el hecho de hacerlo supondrá un cambio en la historia principal, quieres usar tu poder impunemente para arreglar todas las injusticias a tu alrededor, pero al hacerlo te das cuenta que no se puede cambiar el pasado sin que esto tenga consecuencias. Quieres tocar la guitarra sentada en tu habitación acompañando “Crosses” de José González mientras suena en el equipo de música o sentarte en la cafetería Two Whales a tomarte unas tortitas mientras ves a la gente pasar y te imaginas sus historias. Quieres ser alguien. Buscas la gloria como fotógrafa, o simplemente que alguien entienda lo que haces con una cámara analógica instantánea a la que se le está acabando el papel y que parece ser la única cosa que te ata a la realidad. Te arrepientes por haberte ido a Seattle y haber dejado a tus amigos atrás. Sabes que tienes un don que a nadie más le puedes contar… o a casi nadie, porque siempre hay alguien que escucha y que te acompaña, por muy peligroso que sea el camino.

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Básicamente y desde una perspectiva muy personal, estas son las razones por las que considero que Life is Strange es tan rematadamente bueno: está vivo. Cada personaje o cada rincón con el que te encuentras (hasta el más insignificante) tiene algo que contar. Aun así notas que todo se está viniendo abajo… De algún modo sabes que lo que ves es la tranquilidad que precede a la tormenta.

Y tú tienes el poder de parar lo que esté por venir con sólo levantar una mano. Aunque tengas que pagar un precio muy alto por ello.

¿A qué esperas para averiguarlo?

arcadia bay

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