Para este blog, mi primera entrada habría sido hablar sobre la experiencia que había tenido con un juego pero, tras leer comentarios y textos sobre videojuegos, la mayoría negativos, he decidido  que prefería contar mi experiencia en este mundillo.

El primer recuerdo que tengo de jugar a una consola es un mando de NES, una mini tele de tubo y a Mario y Luigi saltando, jugando con mi padre. Recuerdo que era uno de esos cartuchos pirata donde había más de un juego pero que estaban enteros (cosa que no descubrí hasta años después). También recuerdo gastarme dinero y dinero en recreativas. Había una cerca de mi casa, y pasaba horas jugando a beat ‘em ups: Cadillacs y Dinosaurs, Tortugas Ninjas, y otros títulos que ni recuerdo. Para mí jugar a estas cosas era algo normal en mi tiempo libre, y no recuerdo a nadie diciéndome que estaba mal, o que no debía hacerlo.

Tras eso, recuerdo años y años de viciar en fines de semana y veranos con mis vecinos que daba la casualidad de que poseían justamente las consolas que yo no, con lo que alquilábamos con nuestro dinero juegos para todas las plataformas que poseíamos: días y días de vicio pasándonos Zelda, Final Fantasy, gritando como locos con el Super Smash bros. en la misma tele de tubo (que duró años). En esta época Ocarina of Time y Final Fantasy IX fueron los que realmente me hicieron ver qué era un videojuego y los que me hicieron quedarme dentro del mundillo: la historia de ambos, sus personajes llenos de vida, sus diseños, su banda sonora, me marcaron de por vida.

Todo cambió al llegar al instituto, y la llegada a mi casa de una Play 2. Esta fue la única vez que me separé de Nintendo (pero fue un regalo, así que no cuenta…). Mi primer recuerdo con esa consola fue gastarme el dinero que tenía ahorrado en el Devil May Cry, que me abrió el mundo de los hack and slash, y ya no pude salir de allí. Como chica, alguien me podría haber dicho que jugué solo porque el protagonista era un tío sexy, pero a mí lo que me cameló fue ver como una espada poseída por un demonio le atravesaba, él se la sacaba y se marchaba como si tal cosa, y que lo hiciera en todos los juegos restantes me gustó incluso más. Fue en esa época cuando descubrí  juegos de peleas aparte del Tekken, y los compañeros con los que hablaba en clase, lejos de decirme que eran cosas de chicos, me mostraron incluso más y mejores títulos a los que debía jugar. Como siempre llego tarde a muchas cosas, fue entonces cuando descubrí Final Fantasy VII y Resident Evil.

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Yitán y Dante fueron mis segundo y tercer héroe respectivamente, y los dibujo menos de lo que querría.

A partir de ahí todo fue a más. Entre los gráficos, que cada vez eran mejores y me llamaban más la atención, y que poco a poco podía adquirir mis propios juegos al tener dinero, mi colección fue aumentando, siendo RPGs, sobre todo JRPGs, y hack and slash, los que más consumo, con quizás de peleas de vez en cuando. Que la gente confiara tanto en mí para dejarme sus consolas fue un plus, y que me descubrieran Steam hizo que mi vida cobrara un nuevo sentido, ya que los juegos que me gustaban ya no solo aparecían en Xbox o PlayStation. ¡Incluso había juegos que no existían en dichas plataformas! Los juegos indie fueron una gran revelación, sobre todos los maravillosos RPG hechos con “pixelitos” que tanto adoro.

Debo decir que en toda mi vida, mis padres nunca me han dicho nada en contra de los videojuegos, excepto para controlarme y que no estuviera todo el día enganchada de pequeña. Entre la gente con la que me he juntado o he conocido, creo que solo un par de veces me han dicho “¡Anda!, ¿pero tú juegas?”, pero siempre le ha seguido un “Pues toma el mando”. Mis amigos, tanto chicos como chicas, juegan a todo tipo de juegos, y nos sugerimos nuevos, gracias a lo que he descubierto cosas que nunca hubiera encontrado *cough*Hatoful Boyfriend*cough*. Creo que he tenido suerte en ese aspecto de mi vida: encontrar gente que no me venga con “la chicas no juegan”.

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Okosan es el mejor pichón.

Aun así no todo es perfecto, y sí que existe un problema que veo de difícil solución: los juegos online. Este tipo de juego es algo que me encanta y me estresa a partes iguales. Cuando juego en grupo, con desconocidos, siento una gran presión, incluso aunque esta no exista. Tras ver cómo se pone la gente en este tipo de juegos, que alguien me pida party para vencer a un enemigo y yo muera veintemil veces me hace temer que la gente me llame cosas, como he visto alguna vez, y me pone muy nerviosa. Para mí jugar al LoL, por ejemplo, sería imposible, vista la cantidad de cosas que mis amigos cercanos me han contado sobre él, y los post que gente ha escrito sobre el tema.

Así que, mientras espero que las cosas se calmen y la gente también, seguiré siendo el gato solitario encima de un chocobo viendo a chicas en chocobos gordos pasar grácilmente por delante de mí.