«Fue un ex-miembro del cuerpo de seguridad de la Ciudadela que se unió a mi tripulación. Sí, la Ciudadela, ya sabes… ese sitio tan importante. Sí, donde se hacen todas las mierdas políticas que te amargan las comidas, y… ah, sí. Bueno, su aspecto es algo peculiar, como podréis ver mamá y tú. Ehm, no. Papá, haz el favor de ajustarte las lentes. Ajá. ¿Mejor? Ahm… sí, es un turiano. Sí, papá, un turiano. Sí, como los del Primer Contacto, pero… ¡NO, PAPÁ, NO HACE FALTA QUE SAQUES LA ESCOPETA!»

 Y así, más o menos, fue un sueño que tuve hace un año y medio, cuando empecé por primera vez la trilogía de Mass Effect. Yo, en mi papel de Comandante Shepard, les enviaba a mis padres que estaban en la Tierra (?) una fotografía del personaje de Garrus, alarmando, por ende, a mis amados progenitores. Dejando a un lado el salto temporal o la posibilidad de que viviesen en una cueva para no saber cómo era un turiano a esas alturas del mundo, quizá se pensaban que su hija iba a sentar la cabeza con Kaidan, con Jacob o James, e incluso habrían aceptado a Jeff en la familia… (curioso que estos tres personajes empiecen por la misma letra y sean humanos) pero, ¿¡un turiano!? Al despertar, claramente, me eché unas risas y la idea de este artículo, de esta experiencia que os voy a relatar a continuación, empezó a macerarse en mi interior. En su día, cuando me sumergí por completo en el universo de Mass Effect, vi la posibilidad de romancear a varios personajes. Esto no era nuevo para mí o, al menos, no tan nuevo como podía esperar.

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Portraits de Nathyrra, Lady Aribeth y Valen Shadowbreath

Mi primer romance en videojuegos fue en la expansión “Hordas de la Infraoscuridad” del Neverwinter Nights también de Bioware, —ambientado en la edición 3.5 del universo Dungeons & Dragons y cuyo juego base ya fue comentado por mi compañera Jezabel—, donde se daban varios opciones de romance. Mi primera opción surgió de la curiosidad y mi fijación por los elfos oscuros. Aclaro que parte de la culpa la tienen personajes como Drizzt Do’Urden o Jarlaxle, personajes del universo D&D, y a los que leía con doce años. De modo que Nathyrra me llamó bastante la atención, porque era una drow renegada y teníamos objetivos comunes, pero como Bioware no contemplaba el amor lésbico en aquellos tiempos —una lástima, porque tampoco le habría podido echar alpiste a Lady Aribeth, que aparecía en los últimos niveles de la expansión—, mis ojos se desviaron hacia el ÚNICO romance disponible para personaje femenino: Valen Shadowbreath, un tiefling tristón, enfadón y guapetón cuya voz, del actor Frederick Zbryski, me cautivó provocando que la interacción con Valen fuese, más o menos, como la viñeta siguiente:

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Fuente: DancinFox’s

Entendedme: el shippeo era intenso.

Ahí empezó mi andadura en el mundo del romance, “videojueguilmente” hablando, claro. En aquel tiempo ni conocía otomes —si es que había alguno— ni tampoco buscaba esa clase de videojuegos porque consideraba el asunto de los romances como un plus para la interacción de los personajes y no como un género en sí mismo. Si el juego tenía esa clase de opciones pues genial y, si no las tenía, tampoco había que montar dramas… después de todo, ¿quién no tiraba de la imaginación para shippear? Y cuidado ahí, que lance la primera piedra quien no haya shippeado en su vida…

A todo esto, años después jugué mi primera partida del Dragon Age: Origins y fui de las “tontas” que emprendió su periplo para ganarse el corazón de Alistair con vistas a un prometedor y mejor futuro económico (sí, siempre pienso en el dinero en esta clase de juegos). Además, pensar que yo —inocente y pueril en aquella época— pudiese corromper a un alma recta y libre de pecadillo como la de Alistair tenía su aquel.

Alistair
¡Que no os engañen sus ojitos de cordero degolla’o! THE CAKE IS A LIE!

Y claro, la carne es débil, las misiones devastadoras y todo es muerte y destrucción; el mundo se va a la mierda y surge el amor… Por no decir que ser guardia gris no auguraba un destino mejor, de modo que tras destaparse el pastel del verdadero linaje del templario no veía por qué no iba a funcionar si me trabajaba bien la relación… SPOILERS: NO. NO, CHICOS, NO FUNCIONÓ (눈_눈).

Tras dejar el juego aparcado veinte siglos (sí, me enfadé. Por supuesto que me enfadé, porque eso de acertar con los regalos y que decir X cosa pudiera molestar el culito fino de vete a saber quién me parecía tumblr_static_tumblr_static_c68xhio0zns4o80c0kso4o0kw_640muy injusto), lo retomé con otro personaje y me lié con Zevran, el elfo asesino que aunque no era tan inocentón —por no decir otra cosa— como Alistair, su historia y relación con mi personaje (también elfa) me encantó. Salí más contenta que unas castañuelas, vaya, y el tío te viene con la verdad y sinceridad por delante  y por detrás tamb…

La cuestión, que me ando por las ramas, es que muchos años después mi husbando me regaló la trilogía Mass Effect. Irónicamente, había terminado Life is Strange con el corazón destrozado por los feelings e inocente de mí no sabía dónde me estaba metiendo. Pero spoilers aparte yo, aún con discrepancias porque era demasiado “exquisita” con la temática Sci-Fi, lo empecé esperando cansarme o aburrirme. ¿Y cuál fue mi sorpresa? Aparte de una trama que empezaba a atraerme y una música que me arrastraba indiscutiblemente hacia el universo “Massefero“, había extraterrestres. Nihlus KryikEXTRATERRESTRES APUESTOS, encima… O, al menos, llamadme loca, a mí me lo parecieron. Fue entonces cuando sentí el flechazo de Cupido con el primero que vi en la nave: Nihlus Kryik.

¡Qué criatura tan maravillosa! ¡Qué colores! ¡Qué formas! ¡Qué maneras de dejarnos como a un trapo a toda la puta raza humana! ¡Qué voz! Que sí, ya sé que está tratada digitalmente… DEJADME, ¿¡VALE!?

El caso es que cuando finalmente Garrus entró al equipo, no pude evitar interesarme por él… como había hecho con el resto de la tripulación, of course, todo muy profesional. Era la comandante Shepard, condecorada en nosecuantitas batallas, primera Espectro humana, y mi deber era saber de dónde venía, adónde quería ir, sus sueños, sus deseos,giphy sus intimidades más íntimas… Y entonces, tal y como siguen los acontecimientos de la serie —SIN PODER ROMANCEARLO EN EL PRIMER JUEGO. BIOWARE, ¡¿QUÉ PASA CONTIGO?!— me esperé al segundo y ahí sí; ¡ahí sí fue la mía… la vuestra y la de todos! Garrus, Thane, Liara, Javik, Samara… ¡Extraterrestres por todas partes, de todos los colores, con historias interesantísimas todas ellas! Los había para él, para ella, para él y ella… WHO CARES!?

Mi opción ya la sabéis, por supuesto. Vakarian siempre me pareció un compañero muy digno, cándido y adorable para la Espectro más famosa de la galaxia. Consideraba que estaba a la altura y en mi partida le cogí muchísimo cariño… hasta que llegaron las críticas. Por el aspecto de Garrus hubo quien no tardó en burlarse de mi elección diciendo que era algo asqueroso; que era como un reptil; que si estaba enferma, loca… y excusándose además en cómo, BIOLÓGICAMENTE, iba a ser posible una “unión” de tales características (LA CENCIA). Un detalle que yo no me había planteado y que tampoco me importaba demasiado, pero al escuchar esas críticas me empecé a sentir mal, desubicada y… también a sentirme como una completa pervertida. Ya estaba bastante avanzada en la trama cuando me llovió ese aluvión de  comentarios; comentarios de gente cercana con la que hablaba sobre mi avance galáctico, y no podía rehacer muchas de las opciones que escogí por no tener puntos de guardado extra, por lo que el agobio fue aún mayor.

De modo que me empecé a cuestionar cómo de mal estaba de la cabeza o si era la única que había escogido romancear a un extraterrestre porque me había fijado en la forma de ser, la historia, la relación con Shepard, la interpretación y VOZ que le habían puesto al personaje… y no en cómo demonios se lo montaban en el dormitorio. Por ello, busqué en Internet y San Google habló:

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Encontré muchísimos montajes, viñetas, fanarts, fanfictions de Shepard con Garrus, al igual que con otros miembros de la tripulación, fuesen o no extraterrestres. Y ver todo eso me hizo comprender que no estaba tan sola en mi elección como creía —aclaro de que esta situación fue muchos meses antes de conocer la comunidad de Todas Gamers—; que no era un bicho raro y que nosotros, los fans, somos quienes alimentamos esos caminos alejados de la “norma” siendo, simplemente, nosotros mismos: fieles a nuestro estilo de juego, a nuestras opciones, sin miedo a experimentar y lanzándonos a lo desconocido para descubrir lo que esconde cada personaje, lugar e incluso lo que nosotros guardamos en nuestro interior y no expresamos por miedo a, precisamente, lo que yo sufrí con el hilo conductor ya expuesto en este artículo.

Obviamente terminé Mass Effect tal cual, sin alterar nada, y cuando vi la última escena entre Garrus y Shepard —cataratas a mí, of course— supe que mi elección fue la correcta y que no me tenía que arrepentir o sentir mal por nada. Vakarian fue el mejor romance que he tenido en un videojuego, haciéndome conectar y sentir parte del propio universo en el que me fui moviendo y del que no quise despedirme en la trilogía original. Y eso, queridos y queridas, es lo que verdaderamente importa: la sensación de haber recorrido tu propio camino, con tus aciertos y errores, sintiendo las conexiones entre los personajes y formando parte de ellas con tus elecciones para, al final del camino, echar un vistazo atrás sin arrepentimiento alguno dijeran lo que dijesen los demás. Después de todo, sobre gustos no hay nada escrito, ¿no?

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Imágenes de cabecera y cierre: Wei723

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