El videojuego es uno de los medios en los que es más sencillo desarrollar mundos imaginarios.

No hay más que meterse un rato por itch.io para acabar con una gran variedad de juegos nuevos en nuestra carpeta de descargas, todos con una estética, planteamiento y mecánicas completamente distintas. Desde un dating sim con carreras de coches, a un mundo con animales antropomorfos y estética noventera, pasando por encarnar a una persona intentando salir del armario ante sus estrictos padres.

Por todo esto me resulta realmente desconcertante cuando en cada noticia sobre Pokémon aparezca el comentario que pide una versión realista o aplauden la versión de turno de un nivel de Ocarina of Time en Unreal Engine.

Pero, ¿qué es el realismo? O mejor aún, ¿qué entiende el gamer medio como realismo?

Primero de todo, se refiere a un juego con gráficos fotorrealistas, con muchos polígonos, texturas en alta resolución, framerate alto, generalmente con cinemáticas actuadas y una paleta de colores grises, azules o marrones.

Está claro que en el mundo real los colores saturados no existen.

A nivel de personajes destacan por una diversidad bastante mediocre, las mujeres tienen una representación ridícula, las personas LGBT o no existen o están escondidas, y podrás contar con los dedos de una mano cada vez que salga alguna minoría racial. Por supuesto el protagonista será blanco, treintañero, con pelo castaño y corto y barbita de varios días.

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Señor Serio Simulator.

En cuanto a ambientación, con que aparentemente parezca veraz, cualquiera podrá funcionar. Da igual que reescriba la historia para que encaje en la trama (Assassin’s Creed, Battlefield, MGS), o que sea directamente fantasía y muestre cosas imposibles (Witcher 3, Mass Effect).

Finalmente el guión debe tener gran presencia de la violencia, varias muertes y es importante meter la escena de sexo de turno, escrita regular y animada aún peor. Todo esto con nuestro protagonista muy serio y pegando muchos tiros, porque así es la vida real.

Aunque no suenan como los que he descrito, si existen juegos realistas. Por ejemplo, Gone Home, en el que nos colamos en una casa en la que nuestros padres no están y nuestra hermana se ha fugado. A través de la manipulación de los objetos, iremos desentrañando y averiguando la historia que esconde la mansión, a la vez disfrutando de un brillante diseño de niveles.

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Otro ejemplo es Cibele, donde podremos manipular el escritorio del ordenador de Nina, una adolescente aficionada a los juegos online. Está basado en la vida de la propia autora, Nina Freeman y, realmente, me hizo sentir mal jugarlo porque es todo tan íntimo que se siente como si estuviera viendo algo que no debería.

Por supuesto este no es el tipo de juego que está buscando el chico que pedía en un foro un Pokémon realista. Esta necesidad surge por el problema que supone que los videojuegos se sigan viendo como algo infantil y frívolo en vez de un medio válido de entretenimiento. Por lo tanto, los mundos coloridos e imaginativos se seguirán asociando con algo para niños y el jugador necesitará reafirmarse con los juegos superficialmente serios, que, por lo general, son fantasías diseñadas para alimentan su ego. Todo esto hace que, de alguna manera, estemos atascados en un bucle de juegos genéricos con protagonistas intercambiables y una sensación de déjà vu constante.

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