Imagina una tarde tranquila, de esas que estás dispuesto a perder mirando al techo y escuchando canciones que podrían dejarte dormido en menos de cinco minutos. Realmente te apetece hacer algo, y un videojuego sería perfecto… pero narices, qué pereza te da empezar una partida de cualquier FPS u otra ronda de uno de estrategia. ¿Aventuras? Pfff… ya te has pasado mil veces los que tienes, y de empezar uno nuevo, ni hablemos. No, un poco de relax es lo que necesitas.

Ahora imagínate un juego donde sumergirte es lo que importa. La jugabilidad es extremadamente sencilla, el objetivo fácil de comprender; no hay apenas texto y el diálogo se produce directamente con tus sentidos a través de la música y la gráfica. Su principal meta: que disfrutes del mundo que te plantean antes que de alcanzar los objetivos. Aislarte, hacer una inmersión completa en el juego.

Me gusta llamar a este tipo de videojuegos así, juegos refugio. Te plantean un escape a una realidad explorable, con un ambiente que invita a olvidarte del resto de cosas durante un buen rato. Historia, personajes, guión e incluso la forma de avanzar pierden totalmente el protagonismo pero sin desaparecer del todo, convirtiéndote en un espectador que corretea de aquí para allá admirando el mundo con los ojos como platos. La música suele ser envolvente, suave y de cierta calidad, muy ambiental; los gráficos muchas veces huyen del realismo buscando texturas atractivas y formas originales de presentar los objetos.

Shelter II, en el que me voy a centrar, es un buen ejemplo.

(¿… Lo pilláis? Juegos refugio, shelter = refugio… Es un juego de palabr-bueno vale, en mi cabeza sonaba ingenioso…)

Volvamos al asunto. La tuya es la historia de una madre coraje que debe criar a sus cuatro retoños, alimentándolos y manteniéndolos protegidos de las amenazas del mundo a través de las estaciones cambiantes. Una historia de valor y fuerza, llena de amor materno y… Bueno, vale, sí… eres una mamá lince con cuatro adorables cachorritos de diferentes colores. Muy majos todos. Corren y maúllan y se quejan cuando tienen hambre… Qué monos.

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No es por decir nada pero… ¿a que es bien bonico?

Hasta que el zorro de los co***** se te lleva a uno y maldices en arameo. Peeeero, ¡te quedan tres! Así es la vida señores, dura; aunque más dura es la verdura. Y el paisaje es tan bonito, los sonidos tan suaves y agradables, las texturas tan bien usadas para dar profundidad…

Hala, un águila… pues ya van dos…, ¿pero has visto esas montañas a lo lejos? ¡Y los árboles son diferentes en cada zona!

Huy… se me ha muerto de hambre el tercero. ¿Debería preocuparme, verdad?

Shelter II no es un juego sencillo —ni jugando en modo normal—, ya que gestionas el hambre y el cansancio de cuatro cachorros y un lince adulto, al que controlas, durante varios periodos estacionales en los que las presas van cambiando de zonas, forzándote a moverte. La expansión de Mountains (muy recomendable comprarla) añade además cierta variedad de predadores tanto terrestres como voladores, que únicamente puedes combatir previniendo sus ataques mediante los sonidos que producen. Pero el juego no busca que te centres en sobrevivir, sino en su ambiente; la magnífica música instrumental, la naturalidad con que árboles, plantas y animales se comportan a pesar de su diseño geométrico, la paleta de colores variante en cada estación… Shelter II rezuma calidad estética e inmersiva, reduciendo al mínimo sus posibilidades jugables (que, todo hay que decirlo, sin la expansión podrían resultar insuficientes). ¿Cuánto podrán sobrevivir tus pequeños bajo tu cuidado?

Prepárate para la frustración; cualquier pieza de caza que se escapa puede suponer uno menos en tu camada, y las presas son difíciles de seguir en según qué zonas de hierba o nieve. Y si escuchas un águila… ¡corre, insensato!

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Que jartá de cazar ratones, hijos míos… ¡y con esta nieve no veo ná!

Mención especial merece el árbol genealógico que se inicia con tu primera partida; cuando consigues que tus cachorros lleguen a ser finalmente adultos hechos y derechos —con hipoteca y coche a plazos—, una nueva línea de descendientes se abrirá y podrás jugar con ellos para formar y, si tienes la habilidad suficiente, mantener con éxito su propia familia.

Como Shelter II existe, por ejemplo, Abzû; e incluso podríamos mencionar Firewatch: videojuegos basados en la exploración de un mundo abierto o semiabierto, destinados a envolverte en una manta de sensaciones para olvidar durante un rato el estresante exterior. Se nota el mimo con el que el estudio Might and Delight ha trabajado este pequeño espacio de evasión; e incluso han ampliado el mundo de Shelter II con un Story Mode al que han llamado Paws, del cual no osaré hablar ya que tristemente no lo he probado. Meh.

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A la izquierda, el orgulloso primogénito (vamos, el último que me quedaba) ya crecidito. A la derecha, mamá lince contemplando las geniales texturas estilo patchwork.

¿Mucho estrés? Tarde de mantita y peli, café y un buen libro… o tu videojuego refugio favorito.

(Fuente de las imágenes: GOG y una servidora.)