Cómo ser tu propio gamer

Cómo ser tu propio gamer

01/10/2016 | Pauler | 18 comentarios

No deja de resultarme curioso que cada vez más, y sobre todo desde que Internet se ha convertido prácticamente en un bien universal, se producen batallas semánticas sobre la legitimidad de determinados títulos y las personas que los ostentan. Como explica muy bien Ene en su fantástico artículo Cuando el LOL robó el conejo rosa. Una historia sobre terminología y aficiones de este mismo blog, el término gamer es actualmente un campo fértil para una de estas batallas, con un sector concreto acusando a otro sector bastante más amplio de no ser “verdaderos gamers”.  Si bien resulta dudoso que existiera ninguna guerra en primer lugar, ya que estoy convencida de la mayoría de las personas que disfrutan los videojuegos son ajenas a este debate y les interesa bien poco, hay un porcentaje elevado de gente que parece decidida a convertir este asunto en su causa personal. Y cuando eres una persona racional y tolerante como es mi caso (o al menos eso quiero pensar) este tipo de actitudes descorazonan un poco.

Bien, ahora es cuando admito que he hecho un poco de trampita con el título. Así escrito parece que tenga intención de contestar a una pregunta (pregunta que, a nadie se le escapará, yo misma he planteado). Incluso parece que, en efecto, pueda tener algún tipo de respuesta y sea capaz dedicar las próximas dos mil palabras a elaborarla con acierto, incluso a deslumbraros. Bien, pues no; confieso que no tengo una respuesta definitiva para hablar de la identidad, de la misma manera en que nadie puede deciros qué videojuego os tiene que gustar y las razones por la que algo os debería divertir. Si he elegido este título es sencillamente porque abre múltiples posibilidades de respuesta, la que cada uno con su propia experiencia quiera darle. Y de esto precisamente vengo a hablaros: de lo que significan para mí los videojuegos, de qué manera me relaciono con ellos y por qué levanto una ceja (puedo hacerlo, lo he practicado) cada vez que escucho eso de “bueno, pero que juegues a Los Sims no quiere decir que seas gamer”.

La primera vez que vi un videojuego creo que tenía cuatro años. No recuerdo el momento exacto, ni siquiera qué juego era, seguramente el Tetris o el Super Mario Land de la Game Boy que le habían traído los reyes a mi hermano mayor. Bien, digo que no recuerdo el momento exacto, pero hay una cosa que sé a ciencia cierta: en el momento en que mis ojos se posaron sobre la pantalla y comprendí lo que ocurría, mi mundo cambió. Los videojuegos fueron mi segunda obsesión. La primera, por ser más accesibles y porque siempre he sido así un poco repelente, fueron los libros.

Os contaré una cosa: cuando la mayoría de niños en preescolar tenían dificultades para encadenar dos letras seguidas yo ya era capaz de leer párrafos enteros e incluso cuentos. Igual que no sé cómo me obsesioné con los videojuegos, tampoco sé cómo aprendí a leer. Cual Matilda de la vida, aprendí prácticamente sola porque las letras eran algo que me fascinaba. Podía pasarme horas leyendo y, después, imaginando ideas sobre lo que había leído, dibujándolo y reconstruyéndolo de mil maneras distintas. Aún a día de hoy lo hago. Meterme en la mente de otras personas a través de los mundos que se inventaban era ya entonces, como lo es ahora, mi actividad favorita. Bien, imaginaos mi cara cuando descubrí que existía una manera no ya sólo de acceder a esos mundos como espectadora, sino de viajar a su interior como participante e interactuar con ellos. Mi cabecita infantil, todavía incapaz de generar razonamientos tan complejos, supo intuir lo que ahora sé de facto: ese invento estaba hecho para mí.

A partir de ese primer encuentro, llamémosle catártico (yo soy mucho de dramatizar), los videojuegos empezaron a ocupar gran parte de mi ocio y de mi dimensión interior. Los jugaba, los imaginaba, los inventaba, los dibujaba, los volvía a jugar. Leía revistas sobre el medio de principio a fin (tengo varias Hobby Consolas y Nintendo Acción de entre 1996 y 1998 que aún no he tirado), estudiaba las puntuaciones de los expertos preguntándome qué demonios significaban palabras como “jugabilidad” y me dejaba hipnotizar por los avances gráficos entre generaciones. No me saltaba ni las guías sobre videojuegos que no conocía, porque todo lo relacionado con los videojuegos me interesaba. Me fascinaba su estructura pensada al milímetro, los diferentes retos que planteaban, sus trampas endiabladas en las que caías una y otra vez, la idea de avanzar por nuevos caminos, los easter eggs. Mi hermano era el proveedor de consolas, juegos y revistas (era el mayor, tenía dinero y libertad de movimientos) pero de los dos yo era la consumidora ávida. Podía pasarme tardes enteras viendo sólo como jugaban él y sus amigos (no existía YouTube y yo ya era fan de los gameplays) porque, y aquí es donde viene el quid de la cuestión, lo que menos me interesaba de los videojuegos era jugar.

No me malinterpretéis: los retos y la competitividad me interesaban, pero en comparación con otros aspectos de los videojuegos como los gráficos, la música o la historia me resultaban anecdóticos, casi un trámite. Y puesto que a mi hermano tampoco le gustaba competir (incluso menos que a mí) y se negaba a jugar a dos conmigo, me acostumbré a acceder a los videojuegos no como se accede a un reto, sino como se accede a una experiencia. Porque para mí los videojuegos eran como los libros y los tiempos de juego como los tiempos de lectura. Momentos personales, íntimos, particulares, que me proporcionaban una diversión difícilmente comparable con nada más precisamente porque tomaban algunas de las cosas que más me fascinaban y las aunaban en una sola.

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Full Throttle de LucasArts fue la primera y última aventura gráfica que me pasé íntegra, de principio a fin, sin mirar una sola guía. ¡Y en inglés!

Todos estamos de acuerdo en que por su naturaleza interdisciplinar los videojuegos son productos muy complejos, pero arrastran consigo el yugo de ser, además, muy jóvenes. Por donde el cine y la literatura se pasean con la expresión adusta de quien se ha ganado el derecho a existir y no tiene que dar explicaciones, los videojuegos aún agachan la cabeza con cierta vergüenza. Y como todo medio recién nacido suscitan desconfianza entre amplios sectores de la sociedad, hasta el punto en que sólo ahora y de manera tímida empiezan a considerarse a sí mismos como obras de arte. Pero yo siempre he sabido que eran obras de arte. Lo sabía cuando jugaba una y otra vez el mismo circuito del F-Zero de SNES para escuchar el tema que lo acompañaba. Lo sabía cuando pulsaba pause varias veces seguidas en el Terranigma a mitad de un salto para ver de qué manera había resuelto el ilustrador los frames del personaje en cada punto. Lo sabía cuando esperaba varios minutos antes de darle a start en la pantalla de título del Top Gear porque la canción de la intro era espectacular. Lo sabía cuando saltaba de alegría porque mi hermano y yo conseguíamos llevar una llave hasta su cerradura en el Super Mario World. Lo sabía cuando me pasaba el Super Street Fighter II Turbo haciendo siempre el mismo ataque con Ryu hasta que mataba al otro de puro asqueo (¡Hadouken!). Lo sabía hace veinte años cuando entre mi hermano, mi padre y yo conseguimos superar Full Throttle en inglés y sin guía. Lo sabía hace diez, cuando agité por primera vez la espada de Link con el mando de la Wii en The Legend of Zelda: Twilight Princess. Lo sabía hace dos años, cuando lloré con el final de Mother 3. Y lo sé ahora, mientras escribo este artículo y recuerdo todo lo que los videojuegos me han hecho sentir como niña, como adolescente y como adulta.

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Terranigma para SNES fue uno de mis muchos amores adolescentes. Aún hoy se me ponen los pelillos de punta cuando recuerdo algunas de sus escenas, como esta en la que Ark se queda atrapado en una cueva con un matrimonio de cabras montesas (como lo leéis).

Así que sí: soy una gamer atípica. Muy rara vez juego online o con otras personas. No me interesa medirme con otros y me motiva bien poco ganar o perder más allá de lo divertido que pueda resultarme jugar contra mis amigos. No me obsesiono con completar los juegos al 100% o conseguir todos los logros, ni practico combos con un personaje hasta que puedo dominarlo a la perfección, ni intento batir mis tiempos. Miento: sí que lo hago, pero la pasión competitiva me dura bien poco. Yo lo que de verdad quiero es ir a mi ritmo, poder reflexionar sobre lo que estoy viendo, leyendo y oyendo, darle sentido y guardármelo dentro. Como en un libro, pero distinto. Como en una película pero mucho, muchísimo mejor. Porque mi debilidad real, y supongo que esto ya lo habréis deducido después de leer hasta aquí, es la narrativa. Y la narrativa que se genera en los videojuegos en concreto, por su particularidad interactiva, ofrece posibilidades a la hora de comunicar historias que ningún otro medio es capaz de igualar en la actualidad.

Ahora imaginad que sois una adolescente de dieciséis años en primero de Bachiller y os han sentado de pareja con el chulito que os insultaba cuando teníais quince, a ver si se le pega algo de ti, tan formal que eres (ya he dicho que soy bastante repelente). Al principio es todo un poco tenso, hasta que un día no se sabe por qué, empezáis a hablar de videojuegos. Tú le dices al chulito: “Sí, me gustan los videojuegos”, y él te contesta: “¿Sí? ¿Pero a qué juegas? A Los Sims, supongo”. Tú te quedas un poco aturdida con la pregunta, sin tener ni idea de por qué ha dicho eso, y le contestas: “Sí, bueno… Los Sims me gustan, pero también juego a otras cosas”. Y cuando te pregunta a qué otras cosas y empiezas a enumerar (Final Fantasy, Zelda, Soul Calibur, etc.) notas cómo su cara pasa del escepticismo al asombro más absoluto. No se sabe ni cómo, acabas explicándole al chulito lo que es un emulador y para qué sirve, recomendándole juegos y grabándole un CD con el ePSXe, las ISO de Chrono Cross y un Word en el que le explicas minuciosamente cómo configurarlo. Bien, ahora imaginad que ha pasado el tiempo, tenéis veintinueve años, lleváis jugando a videojuegos desde los cuatro y enseñabais lo que eran los emuladores a vuestros  compañeros de clase con dieciséis. Imaginad que, sabiendo esto, escucháis comentar como me ha pasado a mí hace poco que “a las mujeres sólo nos gustan las videoconsolas por nuestro deseo inherente de parecernos al hombre”. ¿No creéis que, ante la duda de si reír o llorar, os entraría la risa floja? A mí desde luego sí.

Para ir terminando que esto ya se alarga demasiado, lo que quiero decir con todo esto es que la gente está llena de prejuicios y dice toda clase de tonterías para reafirmarse y sentirse superior. Por eso, si creéis que sois menos gamers que nadie por no haber dedicado 300 horas a farmear en el WoW o porque sólo jugáis a aventuras gráficas, os lo repito: nadie puede deciros lo que significan los videojuegos para vosotros. Porque como ocurre con toda forma de arte, en el momento en que alguien toca un videojuego éste deja de pertenecer a su creador y pasa a formar parte de la persona. ¿Y qué va a ser alguien que juega con entrega y pasión, sea su juego el que sea y por las razones que sean, sino un auténtico jugón?

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Pauler
Pauler

Tengo carnet de friki pero también de moderna. Me verás deambulando por FNAC o Ruzafa adquiriendo cultura y saqueando buffets gratuitos. Los videojuegos ocupan un lugar en mi Top 10 junto a la música, los libros y las tostadas con tomate.

18 comentarios
Aesidh
Aesidh 01/10/2016 a las 2:45 pm

Me encanta leer estas historias sobre qué le hacen sentirse gamer a una, y cómo le define la palabra gamer. Porque al final, va de que eres tú quien decides cómo darle ese significado, eres tú quien, al final, compone parte de este mundo que puede ser tan rico.
Y ahora en un tono menos solemne: genial artículo, mis dieses ;D

lostinlordran
lostinlordran 01/10/2016 a las 2:49 pm

Me ha encantado leerlo. Precioso. 😀

Catherine Wyrd
Catherine Wyrd 01/10/2016 a las 3:25 pm

Maravilloso. Me encanta esta reivindicación sobre el amor a los videojuegos y lo que se debería entender como gamer, en lugar de la definición que se han apropiado los repartecarnets. Me parece muy necesaria visto los comentarios que tenemos que aguantar en las redes y fuera de ellas.

Germán S
Germán S 01/10/2016 a las 5:14 pm

Jo, tampoco teníamos tantos juegos a los que poder jugar a dobles :'(
Jejeje

Corroboro lo de devoralibros, por si alguien duda.

Pauler
Pauler 01/10/2016 a las 5:20 pm

Ya, eso es verdad, pero es que ni al Super Mario World te parecía bien porque había pique con las vidas y te parecía todo fatal XDDDD. Aparte que yo jugaba térribol JAJA.
Gracias por leer :***

excel07
excel07 01/10/2016 a las 7:25 pm

Me ha gustado porque además, como tú, yo no soy de jugar online. Solía jugar mucho a videojuegos con mi hermana, y si tenía modo multijugador pues guay, pero nunca fui de juegos online, más que el Mario Kart o el Super Smash Bros.
Una historia bonita de leer. Me gustan estos artículos que tocan varios temas y juegos, son entretenidos.

Flereous (@flersio)
Flereous (@flersio) 01/10/2016 a las 7:35 pm

Ah, el Terranigma <3. Quien no lo haya jugado y disfrute con los RPGs, que vaya corriendo a conseguirlo en emulador. Solo por la banda sonora ya vale la pena. De lo mejorcito que salió en la SNES (¡que ya es decir!).

Hay muchas formas diferentes de disfrutar de los videojuegos. Es lo bueno que tienen, que son un género más heterogéneo que los demás, que lo mismo puedes relajarte con un 4X que zambullirte en algo narrativo o competir en un shooter. Estaría genial que celebrásemos más esa diversidad, tanto a la hora de respetar los gustos de los demás como a la hora de atreverse uno a probar cosas nuevas.

NeithVanCat
NeithVanCat 01/10/2016 a las 11:47 pm

Espléndido. Me ha encantado.

GloomyMonday
GloomyMonday 01/10/2016 a las 11:48 pm

Me ha encantado lo bien que escribes. Se nota que entiendes mucho de videojuegos y que eres muy leída, la verdad. Como a Aesidh, a mí también me gusta mucho leer experiencias personales de chicas en el mundillo.

Como nota aparte, a mí también me encantaba ver los gameplays caseros de mis hermanos. Me flipaba especialmente el Wind Waker.

BoKeRoN
BoKeRoN 02/10/2016 a las 12:22 am

Buena crónica vital de una jugona. Me ha gustado bastante, enhorabuena.

Repartir carnets de trv gueimer está muy feo, a parte de ser algo cutre.

Sin embargo, tumbar a uno de esos mismos gueimers que te viene de listo aprovechado la base de llevar 30 años jugando videojuegos, reconozco que es un pequeño placer que me permito de cuando en cuando.

No es que no tenga abuela, es que quiere más a mi hermana. Jo.

Pauler
Pauler 02/10/2016 a las 5:41 pm

@aesidh muchas gracias! Me gustaria leer experiencias con los videojuegos de todas vosotras, son cosas que me gustan mucho. Las anécdotas y todo eso… a ver si alguien más se anima :).

@lostinlordran mil gracias!! me hace mucha ilusión leer eso ^^

@catherinewyrd totalmente de acuerdo. Creo que este blog es el entorno perfecto para este tipo de reflexiones, y por eso quería compartir mi experiencia con todos vosotros.

@excel07 tenemos que reivindicar nuestro derecho a no jugar online! Los gamers solitarios tambien existimos! XDD ahora en serio, me alegro de que te haya gustado :).

@flersio el Terranigma es uno de los mejores RPG jamás creados. Es largo, bonito, con muy buena jugabilidad, gráficos muy cuidados y una historia súper original! Y sí, totalmente de acuerdo contigo en que todas las formas de disfrutar de los juegos son válidas. Hay que decirlo más 😀

@neithvancat muchísimas gracias!! ^___^

@gloomymondayzeke jajajaja muchas gracias, para algo tenían que servir todos esos años con la cabeza metida ne libros XD. La verdad es que me encanta leer y escribir y poder hacerlo sobre videojuegos, en un entorno tan bueno como este, me está encantando. Y el Wind Waker… juegazo!

@BoKeRon jajajaja muchas gracias. Mira, yo también hago uso de mi experiencia para callar bocas, para algo tiene que servir la edad XDDD. Es que los niñatos trv gamer (y los no tan niñatos) se creen que son los primeros en descubrir algo y luego van despreciando a otros por no pertenecer a su secta. me ponen mala ¬¬. Em cualquier caso, me alegro mucho de que te haya gustado :D.

Dryadeh
Dryadeh 02/10/2016 a las 5:59 pm

Gran artículo, la reflexión final me ha conmovido. Tienes toda la razón. A mí no me gusta ver gameplays y también me pasaba el Street figther en el recreativo usando siempre el mismo movimiento (eso me funcionaba contra la máquina pero cuando jugaba contra alguien me crujía xD), pero me encanta la historia que los videojuegos nos cuentan. Por eso me gustan tanto los rpgs o las aventuras gráficas y los multiplayer y sandbox suelen aburrirme. En fin, que muy interesante:)

Pauler
Pauler 03/10/2016 a las 10:11 am

Muchas gracias! A mí me pasaba lo mismo, contra la máquina me funcionaba pero luego otros jugadores me crujían XD. me alegro de que te haya parecido interesante ^^.

sgtdorian
sgtdorian 07/10/2016 a las 12:12 pm

Vaya…

Ahora mismo estoy en esa neblina mental que te atrapa cuando lees algo que te inspira tantas cosas. Estoy enamorado de tu artículo.

Yo sí que recuerdo cuando fue mi primer contacto con el mundo de los videojuegos. Debió de ser en torno al 1995 (con cinco añitos) jugando al Prince of Persia que se ejecutaba desde floppy disks en la oficina de mi padre. Ahí empezó todo, y todo sigue hoy. Lo que expresas en este artículo es auténtico amor por esta forma de arte, al margen de lo que cualquier dudebro true gamer pueda decir al respecto. Tu manera de amar este mundo me hace recordar como descubrí que The Last of Us es un juego que me encanta sin haberlo jugado nunca (ni siquiera hoy), sólo a base de sentir todo lo que me transmitía su banda sonora.

Yo soy un tipo de gamer bastante distinto a ti, pero a mi me encanta ganarme la vida como músico callejero en Los Sims y nadie me hará sentir menos gamer por eso.

Gracias por este artículo (:

Pauler
Pauler 07/10/2016 a las 12:24 pm

Hola! Muchísimas gracias por este comentario tan sincero, me alegra una barbaridad haberte inspirado todo lo que dices :). Quería transmitir lo que significan para mí los videojuegos y por tu comentario me llevo la sensación de haberlo conseguido ^^
Como bien dices, nadie puede hacerte sentir menos gamer por seguir tus propios ritmos e impulsos al disfrutar de este mundillo. Lo genial de los videojuegos es que nos hablan a cada uno de manera distinta. Para mí la competitividad no es más que un agregado, pero para otros puede ser lo que da sentido al juego. Me parecen respetables todas las posturas y esa gente que intenta apropiarse del medio, sectarizándolo, me parece que no ha entendido nada de nada.
En fin, ¡muchas gracias por leer y comentar con tanta honestidad! ^^

Lau
Lau 06/03/2017 a las 9:43 am

Menuda maravilla de entrada. Me he visto tan identificada! ¿Puedo darte un abrazo?

Es exasperante tener que estar así siempre, ver como los hombres dan por echo que mientes, que es imposible que a ti te gusten los videojuegos más allá de Los Sims! O cuando lo demuestras después de soltar la lista de juegos o consolas te respondan con un “aahh ya lo entiendo, tu tienes hermanos no?”. Por supuesto tu solo puedes ser una “true gamer” si has tenido un hermano…

Aunque yo ya, con 33 años y un hijo (aka niño rata de 10 años) estoy en la parte de entrar a Game y que le hablen a él y a mi solo me miren para decirme el precio.
Hasta él se a dado cuenta y le da tanta rabia como a mi, sin ir más lejos cuando fuimos a comprar el FFXV le dijo al dependiente “a mi no me mires que la que juega es ella, yo soy muy malo todavía”.
Quiero creer que estoy educando a otro tipo de chico y me encanta ver como cuando vienen los amigos se le infla el pecho al decir “buah chaval pues mi madre ya se lo a pasado”.

Vale, me he ido por las ramas, lo dicho, estupendo artículo y más estupenda página!!
Sois un amor!

Pauler
Pauler 07/03/2017 a las 10:33 am

No hay nada que me ilusione más de escribir aquí que poder compartir experiencias, así que gracias a ti por leer y por tu maravilloso comentario ^^.
Puedes estar bien orgullosa de tu hijo y de ti misma por estar educándole en valores de tolerancia. Yo soy optimista y pienso que los niños del futuro serán mucho más inclusivos, empáticos y dialogantes que los hombres de nuestra generación. Y será en parte gracias a que podremos compartir nuestras experiencias con ellos :).
Un abrazo fuerte y a seguir jugando, que es lo que de verdad mola de todo esto XD.

DanielLykos
DanielLykos 30/01/2018 a las 9:53 am

En mi caso lo tengo claro y es más o menos lo mismo que dices. El ser gamer es pasión, pasión por los videojuegos, por jugarlos, ver a otros. Por hacerlo a tú manera, jugando lo que te gusta y como te gusta, sin más

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