Nunca he visto mi cuerpo representado en los medios. Ni siquiera en las campañas de «mujeres reales», en las que trataban de combatir el canon del cuerpo femenino esbelto y de curvas discretas con el canon del cuerpo femenino con curvas generosas, pero firmes y bien proporcionadas y, por supuesto, no menor de 1,70 metros de estatura.

Mido 1,55m, como Ellen Page y otras actrices de las que nos recuerdan su baja estatura para decirnos que, a pesar de ello, siguen resultando atractivas. Tengo los miembros cortos, caderas estrechas y poco espacio entre las costillas y la pelvis, con lo cual, poco espacio para la cintura, en concreto, para esa cintura estrecha y ese vientre plano que, según los medios, es lo habitual en todas y cada una de las mujeres del planeta.

Ni siquiera en los videojuegos, en la que creatividad no parece estar limitada por el naturalismo de recrear cuerpos humanos me he visto representada. Llevo jugando desde hace 24 años y me cuesta recordar personajes femeninos que me dijeran que existía variedad más allá de la esbeltez y la cintura de avispa en conjugación con pechos y traseros desbordantes y firmes. Guardo en mi corazón aún la fea pero encantadora Laverne de Day of the Tentacle, y el flechazo que sentí cuando vi el diseño de Faith, de Mirror’s Edge, en los estudios de EA. Era bajita, como yo, y tenía curvas discretas. Estaba fibrada, lo cual era coherente con su estilo de vida. Y era guapa, sin ser despampanante.

Durante mis andazas por el mundo geek, descubrí el cosplay. Fue en un Salón del Manga al que acompañé a una amiga que se había elaborado un traje de Kagome, de Inuyasha, mientras que su chico se había vestido y caracterizado de Vegeku. En la eterna cola me encontré Tifas, Laras Croft, Chun-Lis y Cammys. Felices y orgullosas de dar vida a heroínas de consola, incluso si no poseían la idealizada anatomía de éstas.

Durante el salón, y más tarde en Internet, conseguí indagar más sobre el cosplay. Me pareció una afición preciosa que combinaba artesanía y teatro. Y una herramienta preciosa con la que, además de rendir homenaje a un personaje que adoras, cumples la fantasía de convertirte en ese personaje, darle vida y hacerlo tuyo.

Años más tarde, comenté a un conocido lo mucho que me gustaría hacer un cosplay de Wonder Woman. Su primer comentario fue que no podría hacerlo por una sencilla razón: no tenía los generosos pechos de la princesa amazona. Por supuesto, tampoco tengo su musculatura ni sus ojazos azules, pero al parecer el gran obstáculo para realizar el cosplay eran mis humildes pechos. Ese comentario me hizo pensar. Si el cosplay estuviera permitido sólo a personas que fueran una copia genética idéntica a la del personaje al cual fueran a interpretar este arte no existiría, ya que en muchos casos es imposible tener las proporciones físicas de los habitantes mundos de fantasía a los que nos transportamos a través de la consola o el ordenador. Y, precisamente, parte de la gracia del cosplay es ésa: poder llevar a la realidad una criatura ficticia, con tu propio cuerpo, y darle así una dimensión única.

He sido Wonder Woman, a pesar de mis pechos humildes y mi falta de tonificación muscular. He sido Max Caulfield, a pesar de sacarle dieciséis años y no poseer su esbeltez. He sido Sophia Hapgood sin estar hecha de píxeles y también he sido Elizabeth Comstock, sin tener su cintura estrecha y sus curvas cartoon. Con todas ellas me he visto preciosa y he cumplido esa fantasía de ser ellas o mi versión de ellas, y las he interpretado con todo el orgullo e ilusión del mundo. Me han hecho valorar mi belleza personal y me han hecho descubrir que con mi cuerpo puedo darles vida y otro tipo de belleza. Y aunque no esté dibujada como ellas, sí puedo dotarlas de movimientos más humanos, hacerlas respirar y hablar con mi voz, y jugarlas con algo más que con el mando de la consola o el teclado del ordenador.

Lo importante en un cosplay es hacer al personaje identificable, y muy pocas veces esa identidad se encuentra en las medidas exacta de éste. Si eres un homenaje genético del personaje en cuestión, tanto mejor (como lo es nuestra Helena de Mei), pero puedes ser una versión del personaje que le aporte características interesantes. ¿Por qué no una Bayonetta igual de sexy, pero con curvas más realistas? ¿O una Inquisidora de Dragon Age Inquisition personalizada más allá del completo editor de personajes que nos proporciona el juego? ¿Qué tal una Comandante Shepard menuda? ¿O una Dawn de Contrast con un cuerpo más carnoso?

Si sueñas con convertirte en uno de tus personajes preferidos gracias a la magia del cosplay, no tengas en cuenta que tu cuerpo no sea como el suyo. A ella la han diseñado en un estudio cuyas intenciones creativas se encaminan más a la fantasía que a la fotografía de la realidad. Tu cuerpo, en cambio, es tangible, tiene vida, responde al ser directamente acariciado, tiene aroma, pliegues y curvas que no se aprecian en la televisión de más alta calidad. Y sólo por ello es hermoso. Piensa en un personaje al que adores, cuya vestimenta sería una celebración a tu belleza personal. Disfruta del proceso de creación de esa vestimenta y de la caracterización para ser esa versión que sólo puedes encarnar tú o, si no tienes tiempo, contrata a una cosmaker que sepa confeccionar ese traje teniendo en cuenta tus medidas, tus formas y tus proporciones. Luce a ese personaje con todo el orgullo del mundo en esa convención que vas a disfrutar, déjate mimar por una sesión de fotos por un fotógrafo que te retratará como a ese personaje y que sacará de ti facetas que sólo tú puedes otorgarle. No necesitas los pechos de la Lara Croft de los 90, ni la esbeltez de Morrigan del Dragon Age: Origins y ni siquiera el aspecto aniñado de la princesa Peach para convertirte en ellas. Sólo necesitas ilusión y tu cuerpo (sí, el tuyo, que tiene su propia belleza personal), con una belleza que ningún desarrollador podrá renderizar, porque es más interesante fuera de las videoconsolas.

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Moi como Elizabeth de Burial at Sea. Gracias a Ana López (fotógrafa), Laura Carmona (maquilladora), Kokonoehikaru y Regina Vermillion (cosmakers) por hacer este sueño posible

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