Que muchas de nosotras, chicas gamers, sintamos la absurda obligación de DEMOSTRAR las cosas no es nada nuevo bajo el sol. Si bien es cierto que la mayoría de mis compañeras pueden callar bocas haciendo ver que, de hecho, saben más sobre ese juegazo que tú (por decirlo mal y pronto), me gustaría hacer un llamamiento a las que como yo, efectivamente, no tenemos ni idea sobre x juego.

No te debo ninguna explicación ni justificación, y si crees que soy una poser porque no puedo dejarte en evidencia conociéndome el lore (palabra que aprendí hace muy poquito) de pe a pa o porque jamás he jugado a ningún Pokémon o ningún Final Fantasy, pues no sé, adiós muy buenas. Las que sí podéis demostrar que sabéis sobre algún tema me dais una poca de envidia (sois la leche), pero las que no somos unas expertas del medio y no podemos tampoco tenemos por qué demostrar nada. Cansinos.

Con esta rage quería dar paso a hablar de aquellos juegos pencos a los que jugaba de niña (mi amado Tomb Raider aparte) que no son considerados una pedazo saga ni por asomo clásicos, y que no por ello me hacen en absoluto especial, pero ahí están. Con juegos pencos no vengo a referirme a juegos mal hechos, es simplemente un apelativo gracioso. Los disfrutaba muchísimo y ojalá pudiera seguir haciéndolo.

· Pipo, Trampolín y otros educativos

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Fuente: Pipo Club

A Pipo lo recuerdo con mimo pero a Trampolín con mucho más cariño. Investigando para este artículo descubrí que Trampolín fue desarrollado entre los años 2001 y 2004 por Anaya y Knowledge Adventure como apoyo educativo durante los ciclos de primaria. Estás en una escuela y tu tutor es un perro, Pancho, quien te guiará y te enseñará a hacer todo tipo de cosas de manera sencilla y original. De peque me gustaban especialmente los sonidos del juego (soy una friki de estas cosas), y además me hace especial gracia (porque no me acordaba) que el juego esté en pesetas. Mazo retro. Podéis ver un vídeo aquí mismo.

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Fuente: User on Photobucket

· Laura y el Secreto del Diamante

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Fuente: Reocities

Este juego me fascinó durante muchísimos años de mi infancia. Se trata de uno de los varios juegos (junto con Alex en la Granja y Hype: The Time Quest) que desarrolló Ubisoft Montreal distribuidos bajo licencia de Playmobil Interactive. Sí, como se lee, muñequitos Playmobil que podías manejar con todas las limitaciones anatómicas de un muñequito Playmobil real. Pero lo más cuqui de este juego era la premisa de la que partía: ser buena persona.

Laura es una niña cuyo abuelo colecciona piedras preciosas, y un día, cotilleando dicha colección, una piedra volcánica cae al suelo y se rompe en pedazos. Pero, ¡sorpresa! Resulta que escondía un diamante parlante y volador. Esto se pone serio. El pobre diamante ha estado ahí siglazos aburridísimo y se le han apagado las caras, así que ahora te toca a ti hacer buenas acciones para que se le iluminen una a una. Y así lo hace Laura: desde reconciliar a sus padres hasta salvarle el culo a su hermano pequeño e incluso ayudar a hacer un pastel gigante a su cocinera (porque la Laura vive en una casa victoriana y no es pa no tener servicio, sabes).

He intentado en vano conseguirlo para disfrutarlo de nuevo, pero esto yo lo jugaba en Windows 95 y como no haga tejemanejes es complicado que sea posible. Sin embargo, aunque en inglés, encontré un walkthrough (aunque es un poco molesto de ver porque hay un ligero pitido). La banda sonora la llevo en el corazón y a veces la canturreo sin motivo aparente. *sniff*

· Hype: The Time Quest

Este es, precisamente, el último de los tres juegos de Playmobil que he mencionado arriba. Calificado para una edad más avanzada que el de Laura (que era, creo recordar, para unos 8 años, mientras que Hype era para un público de 10), esta otra joya se ambientaba en una época medieval.

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Fuente: Wikipedia

Reina un señor llamado Taskan IV y, tras una guerra civil, Hype, nuestro caballero protagonista, va a ser recompensado por su lealtad y sus servicios con una espada muy poderosa. Pero la ceremonia es interrumpida por el malo malísimo, el caballero negro, que a riendas de un dragón convierte a Hype en piedra y lo envía al pasado. La aventura consiste en regresar a su tiempo y reparar los daños con ayuda de las enseñanzas del mago Gogoud, quien devuelve a Hype a la vida doscientos años antes de su época. Esta banda sonora hasta me la aprendí con la flauta. Os dejo por aquí la intro en español, muy genialmente doblada.

· Tarzán

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Fuente: Funpop

Bueno, vale, este no es tan penco, a este hemos jugado todos. Qué os voy a contar: es como la película, más o menos, y era un juegazo. Como añadido quiero decir que este sí funciona y es más que compatible con Windows 10 *risa malévola*.

· The Powerpuff Girls

Aquí dejamos el PC y pasamos a la Game Boy Color. Según tengo entendido hay varios juegos de las Supernenas para consolas portátiles, pero yo vengo a hablaros de The Powerpuff Girls: Battle HIM (más conocido como “el de Burbuja”), The Powerpuff Girls: Bad Mojo Jojo (“el de Pétalo”) y The Powerpuff Girls: Paint the Townsville Green (“el de Cactus”).

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Fuente: User on Youtube

Aunque os mentiría si dijera que jugué a los tres de niña. Yo sólo tenía el de Burbuja y mi mejor amiga el de Cactus, y le tenía mucha envidia porque Cactus siempre ha sido mi favorita. Como podréis imaginar por los títulos de las entregas, según a cuál jugaras el final boss era distinto. Los enemigos son múltiples y variados (tanto oficiales de la serie como matones random), pero la batalla final de Burbuja es contra Ése, la de Pétalo contra Mojo Jojo y la de Cactus contra los Mohosos. No me vengáis con que esto es spoiler porque salen en la portada, vamos.

· Atlantis

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Fuente: Xtremeretro

A este le tengo una rabia infinita y me podéis llamar todo lo poser que queráis porque no me lo he conseguido pasar en la vida. Ni de niña, ni de adulta, ni nada. Y mira que me piqué durante bastante tiempo. Yo juego para divertirme, no para estresarme. La estética era muy chula y la música también, además de que manejabas a todos los protas de la película según la situación. Pero el sistema de entrar a las partidas con contraseña, digámoslo mal y pronto, era una jodienda. Yo que me tiraba meses sin jugar porque le tenía manía… al volver ya no me acordaba y tenía que empezar otra vez. Y así es la vida.

Con todo esto vengo, una vez más, a demostrar que efectivamente odio demostrar cosas pero que no tengo por qué hacerlo y que no me avergüenzo de no tener ni idea de mil y una otras cosas. Espero al menos haberos entretenido con mis juegos pencos y cuquis y que tampoco son tan pencos.

Continuará.

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