Tenía pendiente jugar a Journey por los comentarios de la gente. Tenía también tenía cierto escepticismo por los comentarios “es una experiencia”. A mí, cuando te venden algo como “una experiencia”, me salta el hipster-radar y desconfío mucho del juego.
Así que, cuando hace un par de meses lo pusieron en el Playstation Plus para PS4, aproveché y me lo bajé para jugarlo en algún momento. Por si no lo conocéis, Journey es un juego indie del que ya habló Catherine hace tiempo en el blog.

Journey es un juego muy simple: puzles de localizar A, que abra B, con un plataformeo sencillo y en el que tienes cuatro controles: moverte con el stick, mover la cámara con el otro stick, saltar y “cantar”. No vas a necesitar nada más para completar los escenarios. Escenarios que ya analizó Bukkuqui y que tenéis abajo, y que principalmente transmiten la sensación de la más absoluta soledad. Y aunque puedes pasarte el juego sin nadie más, el juego tiene modo multijugador, que es automático: en algún momento del juego puede aparecer otro jugador para acompañarte en tu viaje, y es entonces cuando entiendo la palabra “experiencia” que la gente asocia al juego.

Como ya he dicho, los escenarios son inmensos, transmitiendo una sensación de soledad absoluta, sólo rota por los bichos-alfombra que te encontrarás, y que te dan ganas de acariciarles. Pero siguen siendo NPCs, programados con unas rutinas y unos comportamientos determinados. Y es cuando aquí entra el modo multijugador. Ya he dicho que yo jugué hace un par de meses, y mis expectativas de encontrarme a alguien jugando eran nulas, asumía que me iba a tocar pasármelo sola. Así que tiré para adelante, hasta que llegué al túnel.
Y es que otra cosa no, pero soy muy caguica, y a la mínima que intuyo que algo me va a dar susto lo paso mal, tensándome mucho y apretando la mandíbula. Así que al primer sobresalto en el túnel, apagué la consola y dejé el mando, antes de que me diera algo. Al cabo de un par de días, decidí armarme de valor y continuar, que tampoco me quedaba tanto juego por delante. Y sucedió lo inesperado: encontré a alguien más.

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Encontrarme a alguien más fue bonito e inesperado

Tras el asombro de encontrarme a alguien, lo primero que quise hacer fue darle las gracias, ¿pero cómo? No había ningún chat, tampoco sabía quién era esa otra persona, pues era un monigote como el mío, no tenía ninguna forma de enviar un mensaje. Salvo “cantar”.
Y es entonces cuando el juego cambió. Pasó de ser un plataforma sencillito a un plataformas donde vigilaba dónde estaba la otra persona, me pegaba a ella para tener el valor de continuar avanzando. Y me pasé el túnel, llegamos a una parte con saltos, donde yo fallé uno y perdí. Y tuve que seguir mi camino sola de nuevo.

Llegué a la nieve, y ¡sucedió de nuevo! ¡Me encontré con otra persona! Y aquí estuvimos juntos hasta el final. Aquellos que hayáis jugado conoceréis la última parte, y lo que sucede. Mi reacción instintiva todo ese tiempo era pegarme al otro, cantarle y “protegerle” todo lo que te deja el juego. Sé que si hubiera hecho la última parte del trayecto sola, no habría sido lo mismo. Puede que por una vez, jugar “una experiencia” sí mereciera la pena. Porque lo importante no es el final, sino el viaje.

Todas las imágenes son de la página web de ThatGameCompany

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