Era Día de Reyes. Día de desenvolver regalos, probarlos, volver a sentirse como críos con una Nintendo 64. Aunque los regalos no tengan por qué ser tuyos, claro. No, desafortunadamente, los muy queridos Señores Reyes Magos de Oriente no me han traído unas HTC Vive, tampoco un ordenador capaz de asumir la potencia gráfica que requieren. Pero para qué están los amigos si no para instalarse en su casa durante toda una madrugada, apropiarse de sus regalos, fundirse las retinas en el proceso y que luego, cuando te levantes el casco, veas que has vuelto a la aburrida realidad cotidiana. Todo escepticismo que pudiera tener sobre el posible futuro de la Realidad Virtual quedó borrado de un plumazo, en parte gracias a esa pequeña maravilla nacida en Valve llamada The Lab. Porque si alguien podía demostrar que la Realidad Virtual tiene sentido más allá de los jump scares, los juegos post-Wii y las típicas simulaciones de espectador pasivo, esa era Valve.

Pero vayamos al principio, a las sensaciones iniciales, al aclimatamiento para el futuro. Cuando mi amigo y yo empezamos a trastear con el cacharro (cacharro de casi 1000 euros, casi nada), lo que más nos sorprendió fue la falta de lag y la fluidez con la que se ven los mandos dentro de la interfaz virtual, unos periféricos imprescindibles para jugar a esta primera hornada de juegos. Nuestro primer contacto con el artilugio en pleno funcionamiento fue Trials on Tatooine, un pequeño experimento de ILM (Industrial Light&Magic) que nos permite atisbar cómo sería un videojuego de Star Wars en VR Mode. Y qué decir. Siendo fan exacerbada de la saga durante toda mi vida se me saltaron las lágrimas dentro del casco cuando vi aterrizar al Halcón Milenario sobre mi cabeza con la voz de Han Solo alertándome de que llegaban imperiales. El momento cumbre fue cuando R2-D2 me tendió mi sable láser, cortesía de Luke, con el que tumbé a los cabeza cubos que se aproximaban devolviéndoles sus disparos de bláster.

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Vale, bien, esto es una pasada, todo un chute de adrenalina y posiblemente unas cuantas drogas más. ¿Cuál era el siguiente paso? Rastrear todo Steam en busca de los mejores juegos gratuitos (el presupuesto no daba para mucho más). Y claro, encontramos desde bizarradas como golpear la cabeza de Donald Trump mientras grazna “Make America Great Again” a auténticas joyas como The Lab o Accountance, el juego de los dementes creadores de Rick and Morty. Y es en The Lab donde quiero centrarme, donde el concepto de realidad virtual explota y nos deja ver el tremendo potencial que porta en sus entrañas.

Valve es un estudio que siempre ha sido pionero en su forma de entender y desarrollar los videojuegos. No solo ha revolucionado el medio desde lo puramente jugable, también es el padre de una herramienta ya imprescindible en nuestras vidas como es Steam. Desde el primer Half Life, Valve ha retado nuestras concepciones primarias sobre qué era y cómo debía ser un videojuego, algo que continuaron explorando en sus posteriores entregas y llegó a su cénit con los dos Portal. Por estos motivos, que Valve haya hecho una apuesta tecnológica tan clara por HTC Vive ya debería ponernos en modo de alerta. Aunque no nos engañemos, esto tampoco es ninguna garantía de futuro, pues también guardan unos cuantos cadáveres en el armario, como las Steam Machine, que da la sensación de que nunca acabaron de despegar.

De ahí nace The Lab, un juego gratuito en Steam cuyo objetivo es explotar estos nuevos juguetes y ofrecernos una pequeña muestra de lo que puede depararnos el futuro. A través de una interfaz que toma la forma de uno de los laboratorios de Aperture Science, se nos plantean cinco mundos, cinco experimentos, todos pertenecientes a diferentes géneros que sabremos identificar sin problema. Desde un shoot ‘em up de naves que haría llorar a los creadores de Galaga a un juego de tiro al arco que da sentido a lo que quiso plantear Nintendo con Wii y no consiguieron por la falta de precisión de los Wiimotes. Pero lo verdaderamente increíble, lo sorprendentemente innovador, se encuentra en dos de estos mini juegos: Secret Shop y Robot Repair, que plantean cómo podrían ser los juegos de rol del futuro o incluso el próximo Portal, aunque esto, para Valve, sería ir a lo fácil.

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En Secret Shop nos trasladamos a una tienda de ambientación fantástico-medieval donde podremos interactuar con todo lo que nos rodea, desde acercarnos físicamente para leer documentos esparcidos en una mesa a examinar los objetos que yacen en las estanterías. Si en The Order demostró que plantar diferentes objetos con el único fin de mirarlos era algo completamente inútil, con la Realidad Virtual este sencillo gesto cobra un significado totalmente nuevo. Imaginaos jugar a un Elder Scrolls así, entrando en una cueva, explorando todos y cada uno de los detalles, leyendo los documentos esparcidos por una mesa. Sintiendo y respirando Tamriel. Es la posibilidad de sumergirse en un mundo como jamás lo habíamos hecho, formar pare activa de él, y esta vez de verdad. Es un concepto tan peligroso como atractivo, que plantea tantas preguntas éticas como posibles plots distópicos para capítulos de Black Mirror pero aun así no puede dejar de fascinarme. 

El siguiente es Robot Repair, un regalo para cualquier admirador de Portal con mil y un guiños, desde las consabidas tartas a una invitada muy especial. Lo genial de The Lab es cómo nos insinúa, cómo deja entrever cómo puede ser el futuro, en este caso, de los juegos de puzles. Empezamos en un taller de reparaciones de Aperture Science, con sus respectivas tazas, instrumental y sorna en los diálogos, introducidos visualmente de forma muy inteligente a través de unas omniherramientas que son los mandos de HTC Vive. Si se hubiera utilizado la típica fórmula de clavar los subtítulos en la parte inferior de la pantalla, la ilusión de inmersión se rompería. Algo que deberán de tener muy en cuenta los futuros desarrolladores: depurar al máximo la interfaz e integrarla al mundo, como cuando Bungie decidió meter el contador de balas dentro del propio rifle en Halo: Combat Evolved. Soluciones inteligentes que evitan que nuestra mente detecte el artefacto del videojuego.

Interfaces aparte, dentro del taller aparecerá un robot muy familiar al que deberemos reparar. Y aquí es cuando se pone la cosa interesante. Con nuestra omniherramienta podremos desarmarlo por completo, ver su interior o girarlo como si estuviéramos en una película de ciencia ficción. El concepto de puzle puede adquirir una dimensionalidad única que trascenderá el espacio. Realmente creo que cuesta describirlo con palabras, así que lo mejor será acompañarlo con un vídeo, en el que aviso, hay spoilers.

Este nivel de perspectiva y profundidad, bien aplicados, pueden suponer una auténtica revolución en casi cualquier género. Algo que va mucho más allá del 3D o los intentos de captura de movimiento de Wii o Kinect. Es algo que combina toda la tecnología anterior, todo el camino recorrido y lo lleva donde debería estar, donde realmente va a explotar verdadero su potencial. La única mejora que se me ocurre para hacerlo el mecanismo perfecto es que podamos eliminar cualquier objeto físico y los controles partan directamente de nuestro cerebro, una tecnología que podría dejar de ser ciencia ficción antes de lo que esperamos. Pero como esto, de momento, parece fuera de alcance, sería suficiente con introducir mecánicas que mejoren el desplazamiento del personaje dentro de la Realidad Virtual, pues ahora es un tanto tosco y en algunos juegos está limitado al espacio físico de la realidad. 

Se nota que a la Realidad Virtual le queda mucho camino que recorrer, tanto en el perfeccionamiento de su tecnología como en la asimilación de sus limitaciones y virtudes, sin olvidar su escasa accesibilidad a nivel económico ahora mismo. Las HTC Vive son, supuestamente, las mejores gafas de Realidad Virtual del mercado, pero aun así, su pantalla evidencia un amplio rango de mejora para que la inmersión sea realmente total. Si bien es cierto que jugué con una tarjeta gráfica a la cual no le habría ido mal un poco más de potencia, creo que el resultado no distaría demasiado del que pude experimentar. De todas formas, este no es un problema, porque aun sabiendo que la tecnología aún está dando sus primeros pasos, la génesis, el core de la idea está ahí, y es gloriosa. Poder estar dentro del juego va mucho más allá de la anécdota, va a ser una nueva forma de jugar, de entender los videojuegos y el espacio que ocupan, tanto en su mundo como en el nuestro. No solo estamos eliminando el marco, estamos atravesando el espejo. Y lo que nos espera es un verdadero país de las maravillas.

Foto de cabecera: http://358-2days.deviantart.com/art/Code-Sharing-70773186

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