Sinceramente, no sé cómo comenzar esta reseña, ni tampoco cómo es posible que yo esté aquí hablando de My Horse Prince. Bueno, en realidad sí lo sé: tengo tendencias masoquistas y me pierden las cosas grotescas con colorines, ¿y qué hay más grotesco y colorido que un juego japonés de un caballo con cara de zagal prepúber pastando zanahorias por un hermoso prado? Pues eso.
My Horse Prince, desarrollado por la compañía japonesa Usaya, es un otome gratuito para móviles. Antes de entrar en Todas Gamers no tenía ni la menor idea de que esto de los otomes existía (compañeras redactoras, yo os maldigo), pero para los que lo desconozcáis, se trata de un género en el que se simulan citas con el protagonista masculino, y como veis aquí, igual que en el amor, no existen fronteras. Así, dependiendo del juego, uno puede encontrarse ligando con un chico corriente, un caballo con cara humana o una paloma, porque para gustos, otomes.

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Yuuma on ice

Lo mío con My Horse Prince comenzó por lo que comienzan todos los traumas de los que uno puede reírse, por gilip*le dan una colleja*… por casualidad, comenzó cuando vi que la pugatura hablaba de él en Twitter. La imagen de ese caballo acorralando a la protagonista contra la pared cual marichulo de instituto americano se quedó grabada en mi inconsciente, y un tiempo después acabé descargándome el juego en mi móvil.
Qué gracioso me pareció todo al principio, qué inocente yo que sólo quería reírme de una empalagosa, ficticia e hilarante relación zoofílica.

El juego comienza cuando nuestra protagonista, a la que yo llamé “Chorbita” (porque un nombre serio habría restado surrealismo a la situación) decide que en su trabajo actual nunca podrá encontrar un maromo del que enamorarse porque no hay chicos sexy, todos son señores y ella quiere carne fresca (esto es literalmente así). De modo que, ni corta ni perezosa, Chorbita se va de vacaciones a un rancho para reflexionar sobre su vida y replantearse si realmente le merece la pena eso de ir a trabajar sin que haya mozos guapetones cerca. El caso es que en el rancho, además de a un señor con aspecto de patata llamado Ojisan, conoce al ser que cambiará su vida para siempre, un caballo con cara humana que despierta en ella sentimientos encontrados porque «Oh, es tan sexy, pero vaya, ES QUE ES UN CABALLO». Una cosa acaba llevando a la otra, Chorbita se convierte en la “dueña” de Yuuma (así se llama el susodicho equino) y a partir de ahí no podrá quitárselo de encima, aunque no del modo literal que algunos (yo) podrían pensar.
La historia avanza a través de una serie de episodios que siempre siguen el mismo esquema. Cada uno nos sitúa en un escenario en el que aparecerán elementos alrededor de Yuuma, los cuales tendremos que ir consiguiendo para llenar la barra de progreso y pasar al siguiente. Conseguir estos elementos (desde zanahorias a cintas de correr o tablas de surf) estará relacionado con el objetivo del episodio, que normalmente es entrenar al caballo, pero también participar en carreras, picar puerros, arreglar una carretera o dar un concierto (todo muy normal). No hay nada que nuestro Yuuma no sea capaz de hacer con sus pezuñas poderosas que lo mismo sujetan un cigarrillo que tocan la guitarra a lo Jimi Hendrix. Que digo yo que si tan habilidoso era Yuuma ya podría haberle dado a Chorbita un poco de*le dan otra colleja*.

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Yuuma atormentan… digo esquilando ovejas.

Como iba diciendo, Yuuma debe conseguir estos elementos para pasar al siguiente episodio, pero al hacerlo pierde energía. La manera de recuperarla es responder a las preguntas que nuestro querido caballo le hará a la protagonista, y que el juego aprovechará para meternos anuncios a tocateja, ya que sólo hay tres preguntas disponibles cada media hora, y si queremos repetir antes de ese tiempo tendremos que tragar publicidad. Las opciones de respuesta son tres, la mayoría sin mucho sentido (al fin y al cabo estamos tratando de agradar a un caballo con cara de persona, me ofendería si fueran lógicas), y con sólo una opción equivocada que hará que Yuuma pierda energía.

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¿Eso que tienes ahí son tus patas delanteras o es que te alegras de verme?

En mi opinión estos episodios son muy largos (al menos si no estás dispuesta a consumir más publicidad de la necesaria) y repetitivos. Personalmente después de dos o tres empecé a cansarme, pero seguí porque creía que sería un juego cortito. Nada más lejos de la verdad. Hay demasiados episodios, tantos que ni podría deciros un número. ¿Diez? ¿Catorce? Una vez pasé del «Uy, qué gracioso es este juego» al «Acábate ya, maldita criatura del averno. ¡¡Muere!!», perdí la noción dimensional del juego. Cada episodio era para mí un vacío tortuoso que, al ritmo de su incansable y alegre musiquilla, se convertía en todo un reto por superar. Lo que en un principio me divertía por ser tan estrambótico que no sabía si reír o tirar el móvil contra la pared, asustada, acabó resultándome desquiciante.
Sí, reconozco que empecé My Horse Prince pasándomelo realmente bien. Me gustaba que se burlara de sí mismo con esos diálogos rocambolescos, como si supiera qué clase de juego era y lo aceptara con gusto, pero el carácter reiterativo de los episodios y su duración acabaron con mi paciencia. Contentar a Yuuma comenzó a irritarme, y cada vez era menos indulgente con la idea de que la protagonista estaba ahí sólo para hacerle feliz, para agradar a ese maldito caballo que lo máximo que nos da es un abrazo en todo el juego.

DESHONRA SOBRE VOSOTROS, USAYA. ESTE OTOME ES MÁS LIGHT QUE POCOYÓ.

Además, a Yuuma ni siquiera parece importarle la protagonista. Lo único por lo que de verdad se preocupa es él, él y él. Es decir, no he jugado a más otomes, pero si se supone que son simuladores de citas, ¿no tendría que haber sido ese un elemento de peso en My Horse Prince? Porque la verdad es que la relación entre Yuuma y la protagonista es algo que pasa más bien a un segundo plano, limitándose a unas pocas interacciones (muy decorosas) entre episodios.

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Estoy perdida en mitad de la nada y tengo frío, voy a usar mi único medio de salvarme para encender un fuego porque LA MADERA ES DEMASIADO MAINSTREAM.

Alerta: spoiler del final.

Pero aquí no acaba todo, nunca mejor dicho, porque My Horse Prince NO TIENE FINAL. Sí, habéis leído bien. No es que tenga un final abierto, es que no tiene. El último episodio es infinito, se repite una y otra y otra vez. Así es. Y yo tuve que jugarlo dos veces para darme cuenta, para comprender que después de todo mi aguante y persistencia para acabar la partida, no iba a obtener ese preciado momento de satisfacción cuando algo que estabas deseando finalizar se cierra por fin. En lugar de eso, Yuuma, la protagonista y el señor con forma de patata se quedan en una especie de… ¿limbo? No estoy segura, pero hay un prado verde y un dios con cuerpo de hombre y cabeza de caballo con la melena de Kim Basinger que baja a hablarte en no sé qué idioma y luego se sube al cielo de los híbridos creepy mientras tú sigues atrapada eternamente en ese prado viendo a Yuuma correr en cintas estáticas y comer zanahorias.
Gracias, Usaya, por compensar todos mis esfuerzos de una forma tan satisfactoria y para nada exasperante.

Fin del spoiler.

En definitiva, My Horse Prince parte de una premisa escalofriantemente divertida que, debido al número excesivo de episodios, así como a su duración, simpleza y repetitividad, se convierte en un juego aburrido que la mayoría de jugadores abandonarán tarde o temprano, o en un infierno de bonitos colores para los que, como yo, nos lo tomemos como un reto personal y queramos “acabarlo”.

Espero que hayáis sentido mi rabia en esas comillas.

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