Lo confieso, soy nintendera. Bueno, digo que lo confieso porque es una cosa que me encanta poner para dar dramatismo (¡ah, por fin confiesas, traidora!) pero lo cierto es que mi pasión por la gran N no es ningún secreto. Lo proclamo con orgullo a los cuatro vientos siempre que tengo ocasión y, cualquiera que me siga mínimamente en redes ya se habrá dado cuenta de que mi historia de amor con Nintendo se remonta más o menos a la era en que el neandertal se hurgó la nariz por primera vez descubriendo así los placeres mundanos*.

Me gusta Nintendo, y me gusta por razones muy concretas que puedo enumerar y explicar y desmenuzar y listar para goce de los más inquisitivos y empiristas. Puedo explicaros por qué me gusta Nintendo y puedo hacerlo pormenorizando, pero no he venido aquí a esto porque dar explicaciones sin que te las pidan es de ser un poco huevo de Twitter. Lo que quiero es más bien contaros por qué nos gusta lo que nos gusta y por qué es estúpido intentar convencer a otra persona de que se equivoca cuando decide gastarse el dinero en una consola que no es la que tú te comprarías.

Bien, antes de nada voy a contextualizar: llevo ya unas semanas asistiendo con pasmo a las reacciones de algunas personas cuando sale a colación el precio y las características de la Nintendo Switch. Los comentarios de los detractores oscilan entre el “es muy cara” al “los gráficos son de PS3” pasando por la de “solo 32 GB de memoria, vaya chufa”. Todo esto es legítimo y es más, yo soy la primera que no se va a comprar la Switch de salida AUNQUE NECESITO EN MI VIDA EL ZELDA BREATH OF THE WILD YO TE MALDIGO NINTENDO porque no me convencen las características y creo que Nintendo puede hacerlo, y lo hará, mucho mejor en unos meses. Por eso aclaro: no creo que la Switch no tenga defectos. Lo que me irrita son las comparativas, aparentemente razonadísimas y muy #científicas de la Switch con otras consolas para tratar de convencernos a todos de que es mucho más sensato por 300€ comprarse una PS4 (una consola, recordemos, que tiene ya tres años) o que comprarse la Xbox One de salida por 500€ en su día fue una mucho mejor decisión que comprarse ahora la Switch por 300.

Los argumentos van más o menos por estos derroteros: es que la PS4 y la Xbox One eran más caras de salida pero guau macho LA POTENCIA, LOS GRÁFICOS, EL ONLINE, LOS MOVIDOTES TOCHOS. Y claro, te dicen, no se puede comparar porque a ver, la Switch tiene gráficos de 2013, poca batería, poca memoria y todo el mundo sabe que Nintendo es muy poco de trv gamer como para gastarse esa pasta en sus consolas. Podría entrar a analizar esta crítica pero no lo haré porque para eso ya tenemos un programa del Pugcast donde debatimos largo y tendido sobre el tema. Lo que quiero es exponer por qué no estoy nada de acuerdo con este tipo de comparativas, y me parecen tramposas y autocomplacientes para los que las hacen.

Efectivamente, si intentamos defender la Switch y ponemos los números unos al lado de los otros las cuentas no salen: la pobre Switch palidece frente a sus vigoréxicas y ultra vitaminadas competidoras (perdón, no puedo evitar visualizar a Play y Xbox como a dos tochos puestos hasta arriba de esteroides en competición perpetua para ver quién hace más power snatchs). Pero sinceramente, comparar dos conceptos de consola tan rotundamente diferentes (Play y Xbox frente a Switch) basándose meramente en los numeritos de las características que proporcionan los fabricantes me parece un análisis muy pobre y muy alejado de lo que realmente ocurre dentro del cerebro de un ser humano cuando decide gastarse sus valiosos ahorros en algo de lo que quiere extraer, sobre todo, placer y diversión.

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Nintendo Switch es la nueva consola híbrida de Nintendo, mitad portátil mitad sobremesa, que saldrá a la venta el 3 de marzo de 2017. Fuente: nintendo.com

Seamos honestos: las personas no nos compramos las cosas solamente porque, a un nivel meramente racional, tenga sentido comprarlas. Si este fuera el caso nadie compraría arte, ni merchandising, ni objetos de decoración,  ni coches de más de 20.000 € por poner una cifra de corte. ¿Quién necesita que su coche tenga tapicería de cuero, cámara trasera, climatizador o que sea descapotable? Exacto, nadie. A efectos prácticos, un coche de segunda mano de 3000€ te va a servir para lo mismo que uno nuevo de 50.000, para desplazarte y perder una cantidad obscena de dinero al año en mantenimiento y gasolina. Sin embargo el mercado automovilístico no para de vender coches con todas estas pijerías y muchísimas más, engordando los precios con complementos y cifras exaltadísimas de cilindrada, caballos y no sé qué millones de vainas más (odio los coches, en serio). ¿Y esto por qué? Pues porque nuestro cerebro es un órgano maravilloso y muy complicado, sensible a muchas cosas que tendemos a pasar por alto en nuestro afán de racionalizarlo todo. A nuestro cerebro le encanta ser estimulado con cosas bonitas, nuevas, excitantes. Los buenos diseñadores de producto lo saben, y por eso Nintendo vendió 100 millones de consolas Wii en todo el mundo entre 2006 y 2012. Porque no todo el mundo necesita que su coche vaya a 200 kilómetros por hora para sentir que la experiencia en la conducción ha valido la pena.

Donald Norman, experto en ciencia cognitiva, explica muy bien lo que pasa por nuestra cabeza a la hora de interactuar con los objetos cotidianos. En su libro Emotional Design: Why we Love (or Hate) Everyday Things Norman diferencia entre lo que él llama los tres niveles del diseño: visceral, conductual y reflexivo. El nivel visceral es el más primitivo y tiene que ver con nuestra percepción más inmediata de las cosas. Es lo que se podría llamar, la primera impresión: qué bonito es eso, qué original, qué chulo, qué nuevo, qué potente, cómo me pone ese click que hace cuando lo ensamblas, lo quiero. El nivel conductual tiene que ver con la usabilidad. Esta parte de la percepción se pone en funcionamiento cuando vemos al objeto en cuestión realizar su función o lo utilizamos con nuestras propias manos. Un diseño conductual bien hecho hará que utilizar el objeto en cuestión sea un goce y uno mal hecho hará que queramos tirarlo por la ventana. Un cuchillo muy bonito pero que no corta, por ejemplo, triunfaría a nivel visceral pero fracasaría estrepitosamente a nivel conductual. Por último, está el nivel reflexivo. Este nivel del diseño tiene que ver directamente con nuestra percepción racional del entorno y en especial con la percepción que tenemos de nosotros mismos. Está estrechamente relacionado con nuestras experiencias, nuestros valores, nuestros intereses y aquello con lo que nos identificamos**.

De los tres niveles, el reflexivo es el último que se activa pero fácilmente se convierte en el más determinante y al que más tiempo dedicamos, pues es la base de todas las discusiones absurdas a las que aludo al principio del capítulo. Cuando una persona se pregunta con genuino asombro cómo es posible que nadie se gaste su dinero en consolas de Nintendo (algo que leí por ahí y sinceramente, me entristeció un poco), lo que está haciendo en realidad es reaccionar a su propia percepción reflexiva de la compañía nipona. Esta percepción le dice que nada de lo que ofrece Nintendo tiene que ver con la imagen que tiene de sí mismo/a, ni con sus experiencias, ni con sus valores, ni con sus intereses. Además, racionaliza, la Switch no tiene un jandemorr agromenawer de 5600 GHz y los 34253 guachipawers que la Play sí tiene. Y una vez se ha encontrado este argumento el debate se queda en eso porque los números son fáciles de entender.

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Las tres teteras de Donald Norman: cada una representa uno de los tres niveles del diseño. De izquierda a derecha: reflexivo, visceral y conductual. Fuente: Emotional Design: Why we Love (or Hate) Everyday Things, Donald Norman.

No me engaño, sé que los números no mienten. Pero las personas sí, y mucho además. Por eso a poco que reflexiones te das cuenta de que la interpretación de este tipo de comparativas siempre tiene mucho sesgo y un cierto tufillo trv gamer que a veces acaba por desembocar en un pandillismo de lo más tontuno. A mí me encanta que exista Nintendo. A nivel visceral, me encanta el diseño de sus consolas. Son atrevidas, innovadoras y alegres. A nivel conductual, creo que Nintendo tiene la mejor jugabilidad del mercado y esto lo afirmo con rotundidad. Podéis discutirme si queréis, me encanta el debate, pero a día de hoy no he encontrado una experiencia que para mí sea más satisfactoria que la de saltar sobre un goomba con Mario o la de nadar con Link Zora. A nivel reflexivo Nintendo me habla en mi idioma: hace hincapié en las cosas que me interesan, apela a mi nostalgia, se compenetra con mis experiencias y en términos generales comulga con mis valores (dejemos el debate sobre la sociedad japonesa para otro artículo que no es cuestión de escribir aquí la Santa Biblia). Pero sobre todo me encanta que exista Nintendo porque ofrece algo diferente y se atreve a explorar el mercado y ponerse a prueba.

Me explico, Sony y Microsoft tienen un target muy evidente y hasta no hace mucho bastante acotado, y compiten casi en igualdad de condiciones a base de exclusivos. Su campo de batalla es el nivel reflexivo puro y duro, pues las diferencias entre ambas son anecdóticas si las comparamos con las que pueden tener con consolas de Nintendo. En este terreno compite y creo que sale incluso ganando el PC, pues la forma de jugar en consola y PC en los últimos años se ha igualado hasta el punto en que prácticamente son indistinguibles. El PC tiene además la ventaja de que bueno, es un PC, hace muchas más cosas además de petarte la mente a juegos ultra chetos. Y en el otro extremo del espectro tenemos a Nintendo, que hace su movida y no entra en una batalla que sabe que no puede ganar, pero a cambio ofrece tecnología innovadora, juegos exclusivos de calidad intachable y un gameplay óptimo. Nintendo sacrifica potencia y gráfica, de acuerdo, pero es que eso ya lo ofrecen otros sistemas. ¿Para qué queremos 80 consolas iguales que ofrezcan lo mismo? Sinceramente, no entiendo las críticas a Nintendo por ir a su aire cuando precisamente lo único interesante del libre mercado es la variedad de opciones. Algo que, por cierto, cada vez es más infrecuente en el panorama económico actual.

En definitiva, que comparar una consola híbrida cuya intención no ha sido ni será nunca maravillarte con los gráficos y los renders en tiempo real, con otras consolas que buscan y están concebidas exactamente para lo opuesto y llamarla timo, me parece injusto. ¿Creo que pagar 300€ por una consola con gráficos de 2013, poca memoria de almacenamiento base, pocas horas de autonomía y pocos juegos de salida es caro? Sí, lo creo. ¿Creo que pagar 300€ por una consola que me gusta, con potencial, con juegos que me interesan, de una compañía que siempre me ha  ofrecido buenas experiencias, juegos inmejorables y una usabilidad de 10 es caro? Pues sinceramente, no. Me he gastado más pasta en reparar mi coche basurilla de segunda mano para que pueda pasar la ITV y como experiencia ha sido bastante decepcionante, no creo que la Switch pueda hacerme sentir que he invertido peor mi dinero que esto.

En conclusión, que yo sí entiendo por qué os gastáis el dinero en Plays y “equisboxes” aunque no lo comparto y ni borracha me compro una (lol), y me frustra ver tanta incomprensión hacia los gustos de los demás, tanta autocomplacencia con los propios intereses y tanto ataque a Nintendo cuando hoy por hoy es la única empresa que no ofrece exactamente lo mismo que un PC  bien equipado. No digo que Nintendo no tenga sus defectos, sus maniqueísmos monopolistas desagradables y sus decisiones sin sentido que no gustan a nadie, pero esto no hace que me gusten más Sony o Microsoft ni creo que eso vaya a pasar nunca. Así que sí, soy nintendera y me encanta que otros seáis sonyers y xboxers porque enriquece el mercado y oye, en la variedad está el gusto.

*Dramatización. Esta información podría no ajustarse a la realidad.
**Fuente: Emotional Design: Why we Love (or Hate) Everyday Things. Donald A. Norman, Basic Books, 2004.

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