“Cuando era pequeña los otros niños se reían de mí por mis tatoos y porque jugaba a Cámaras y Cabronazos” – Lilith – Borderlands 2 – DLC Tiny Tina’s Assault On Dragon Keep *

Una de las cosas que más me gusta de los Borderlands es que me hacen reflexionar sobre cosas serias entre situaciones realmente ridículas, tiros y risas, muchas risas. Así que hoy vengo a tocar un tema serio.

DISCLAIMER: Generalizo mogollón. No me vengáis con el “yo no, yo nunca”. Gracias.

Lilith 2
Sí, Lilith, has provocado esto. Fuente

Ejem, comencemos:

Una gran parte de la población de los que nos hemos hecho una vida en Internet, entre foros de gustos “fuera de la norma“** y amigos virtuales sabemos de primera mano lo que es ser el rarito de clase. Quizá eras un “cerebrito” (mirad mi mote de primaria, qué cuco), quizá eras fea (hala, este también), gorda, asocial, gafotas o como los padres solían llamarlo, éramos desadaptados; el punto es que la mayoría buscábamos algo que nos hiciera aún más diferentes a los demás pero que internamente nos hiciese sentir mejor, conseguíamos una desviación social que podíamos controlar e incluso utilizar de escudo. Quedaos con la metáfora del escudo.

Da igual lo que piensen, soy mejor que ellos porque me gusta [insertad subcultura friki a elección]. Soy original. Soy especial.”

Luego crecemos, quizá suavizamos nuestras pintas pero pecamos de aferrarnos demasiado a aquellas cosas que sentíamos que nos identificaban como especiales en esa época que es nuestra adolescencia. Y las desarrollamos, y crecemos con ellas, y adoptamos nuevas y nos obsesionamos y crecemos alrededor, y lo hacemos nuestra piedra angular… y nos cegamos.

Comenzamos a valorar a la personas según su cercanía con nuestro criterio, y a evaluar a la gente según cuánto han sufrido para llamarse a sí mismos con ciertas etiquetas, nosotros hemos sufrido mucho, tenemos derecho a juzgar su sufrimiento porque es lo justo. ¿Os suena la frase “Antes X era de frikis ahora se ha puesto de moda y…“? Nos supone una afrenta emocional que alguien no haya pasado por nuestro mismo proceso para llegar a gustarle algo; desconfiamos de su valía. ¿Os suena lo de repartir carnés? Pues nos gusta, por una vez estamos en la parte más alta de la cadena alimenticia. Somos una voz, y sólo nos rodeamos de voces iguales. Y no vamos a permitir que nadie se atreva a entrar en nuestros dominios si a nuestros ojos no lo merece. Quiénes mejores que nosotros para decidir eso. Notáis que me incluyo desde el principio, ¿no? Sí, me incluyo.

Entonces suceden cosas que se meten con nuestros gustos de una u otra manera; cosas como un artículo de opinión, un colega mientras estáis en el bar, un análisis en YouTube o un simple hilo de Twitter que se ha hecho medio viral. Y nos dejamos llevar por la rabia, por defender a capa y espada, con uñas y dientes y todo nuestro espíritu aquello que es nuestro; defenderlo de manchas, de falsos profetas. Quieren dañar nuestro pilar.

Porque dentro de nuestra idealización de nuestro criterio de una época complicada, entra la falta enorme de autocrítica y el saber diferenciar entre el “me gusta” y el “es perfecto“. Nunca nos han enseñado a hacerlo. Porque necesitamos creer que lo que nos gusta es perfecto, porque lo hemos usado tanto tiempo como escudo, como patrón diferenciador para medrar, que no podemos aceptar como posible que ese escudo tenga defectos, o que a alguien que dice usar la misma etiqueta que yo no le guste lo que a mí. Yo soy el mejor y máximo exponente de mi etiqueta, yo soy la voz de la razón, mi criterio es intocable y he sufrido mucho para llegar a donde estoy así que , triste mortal, si no has llegado a la misma conclusión que yo, estás indudablemente equivocado.

Sí, así de intensos llegamos a ser. Cuando lo escribí hasta lo pensé leído con voz grave y profunda.

¿Por qué?

Porque valoramos nuestro sufrimiento, es lo normal; y muchos de los aquí presentes hemos basado nuestra autoestima en él y creemos que el camino que seguimos para construirnos es el único y el mejor, porque quizá ver que después de pasarlo tan mal defendiendo una forma de ver las cosas, de ser “especial“, que nos demuestren errores es especialmente doloroso. Creedme, lo sé, lo he vivido; que me echen mierda, y merecida, sobre cosas que adoraba y era incapaz de criticar, que significaron el mundo para mí. Y encima que quien lo hiciera fuese una persona muy cercana cuya opinión me importa. Duele, gente, duele de verdad. Pero hay que aprender a escuchar, y es lo más difícil, a las personas que están ahí afuera viendo nuestro mundo perfecto desde otra perspectiva.

Tenemos que aprender a separar nuestros gustos de nuestra persona; que alguien hable mal de algo que te gusta no va a abrirte heridas en la carne. De verdad, no va a pasar de ahí. Tú no eres tus gustos sobre videojuegos. Tú no eres tu opinión sobre el The Witcher, sobre Nintendo. Sobre Wonder Woman, Marvel o Mónica Naranjo. Eres más, mucho más.

Hay que saber entender que los caminos cambian, y no hay experiencias que no sean válidas. Hay que aprender a empatizar. Que una cosa sea muy buena no la hace inmune a tener fallos. Que te guste algo muy malo no te hace peor persona y no tienes que buscar excusas para justificar que te guste. Que tus líneas rojas a la hora de aceptar ciertas cosas en formas de entretenimiento sean diferentes a las de los demás no significa que sea mala persona, sé consciente de que existen líneas rojas. Que a otra persona le guste algo malo no te da derecho a exigirle excusas o a menospreciarle. Que te guste algo muy bueno o que hayas sufrido mucho para llegar a pensar como piensas porque estabas fuera de la norma no mejora tu valía como persona, porque tú eres valioso sin más. Y los demás también.

Tenemos que entender que nuestros gustos no nos dan derechos sobre nadie, ni nada.  Entender que el mundo es plural, y los gustos igual. Y que eres válido con y sin gustos, con tu criterio que es único pero no mejor que el de nadie.

Porque aunque no lo parezca, este artículo va de aprender a querer, y sobre todo quererse sin escudos. Sin maquillaje, sin criterios, sin armadura, sin Pleisteishons, Equisboxes, niveles 80, ni Twitters ni pantallas entre medias.

PD: Pronto me conoceréis como la pesada que menta al Borderlands a cada momento. Soy consciente de ello.

* Puede que parafrasee un poco y no sea literal, escribí la frase el día después de escucharlo.

** La norma varía enormemente dependiendo del entorno geográfico y demográfico.