Sobre frikis resentidos, repartir carnés y escuchar otras voces

Sobre frikis resentidos, repartir carnés y escuchar otras voces

02/04/2017 | Anís | 16 comentarios

“Cuando era pequeña los otros niños se reían de mí por mis tatoos y porque jugaba a Cámaras y Cabronazos” – Lilith – Borderlands 2 – DLC Tiny Tina’s Assault On Dragon Keep *

Una de las cosas que más me gusta de los Borderlands es que me hacen reflexionar sobre cosas serias entre situaciones realmente ridículas, tiros y risas, muchas risas. Así que hoy vengo a tocar un tema serio.

DISCLAIMER: Generalizo mogollón. No me vengáis con el “yo no, yo nunca”. Gracias.

Lilith 2

Sí, Lilith, has provocado esto. Fuente

Ejem, comencemos:

Una gran parte de la población de los que nos hemos hecho una vida en Internet, entre foros de gustos “fuera de la norma“** y amigos virtuales sabemos de primera mano lo que es ser el rarito de clase. Quizá eras un “cerebrito” (mirad mi mote de primaria, qué cuco), quizá eras fea (hala, este también), gorda, asocial, gafotas o como los padres solían llamarlo, éramos desadaptados; el punto es que la mayoría buscábamos algo que nos hiciera aún más diferentes a los demás pero que internamente nos hiciese sentir mejor, conseguíamos una desviación social que podíamos controlar e incluso utilizar de escudo. Quedaos con la metáfora del escudo.

Da igual lo que piensen, soy mejor que ellos porque me gusta [insertad subcultura friki a elección]. Soy original. Soy especial.”

Luego crecemos, quizá suavizamos nuestras pintas pero pecamos de aferrarnos demasiado a aquellas cosas que sentíamos que nos identificaban como especiales en esa época que es nuestra adolescencia. Y las desarrollamos, y crecemos con ellas, y adoptamos nuevas y nos obsesionamos y crecemos alrededor, y lo hacemos nuestra piedra angular… y nos cegamos.

Comenzamos a valorar a la personas según su cercanía con nuestro criterio, y a evaluar a la gente según cuánto han sufrido para llamarse a sí mismos con ciertas etiquetas, nosotros hemos sufrido mucho, tenemos derecho a juzgar su sufrimiento porque es lo justo. ¿Os suena la frase “Antes X era de frikis ahora se ha puesto de moda y…“? Nos supone una afrenta emocional que alguien no haya pasado por nuestro mismo proceso para llegar a gustarle algo; desconfiamos de su valía. ¿Os suena lo de repartir carnés? Pues nos gusta, por una vez estamos en la parte más alta de la cadena alimenticia. Somos una voz, y sólo nos rodeamos de voces iguales. Y no vamos a permitir que nadie se atreva a entrar en nuestros dominios si a nuestros ojos no lo merece. Quiénes mejores que nosotros para decidir eso. Notáis que me incluyo desde el principio, ¿no? Sí, me incluyo.

Entonces suceden cosas que se meten con nuestros gustos de una u otra manera; cosas como un artículo de opinión, un colega mientras estáis en el bar, un análisis en YouTube o un simple hilo de Twitter que se ha hecho medio viral. Y nos dejamos llevar por la rabia, por defender a capa y espada, con uñas y dientes y todo nuestro espíritu aquello que es nuestro; defenderlo de manchas, de falsos profetas. Quieren dañar nuestro pilar.

Porque dentro de nuestra idealización de nuestro criterio de una época complicada, entra la falta enorme de autocrítica y el saber diferenciar entre el “me gusta” y el “es perfecto“. Nunca nos han enseñado a hacerlo. Porque necesitamos creer que lo que nos gusta es perfecto, porque lo hemos usado tanto tiempo como escudo, como patrón diferenciador para medrar, que no podemos aceptar como posible que ese escudo tenga defectos, o que a alguien que dice usar la misma etiqueta que yo no le guste lo que a mí. Yo soy el mejor y máximo exponente de mi etiqueta, yo soy la voz de la razón, mi criterio es intocable y he sufrido mucho para llegar a donde estoy así que , triste mortal, si no has llegado a la misma conclusión que yo, estás indudablemente equivocado.

Sí, así de intensos llegamos a ser. Cuando lo escribí hasta lo pensé leído con voz grave y profunda.

¿Por qué?

Porque valoramos nuestro sufrimiento, es lo normal; y muchos de los aquí presentes hemos basado nuestra autoestima en él y creemos que el camino que seguimos para construirnos es el único y el mejor, porque quizá ver que después de pasarlo tan mal defendiendo una forma de ver las cosas, de ser “especial“, que nos demuestren errores es especialmente doloroso. Creedme, lo sé, lo he vivido; que me echen mierda, y merecida, sobre cosas que adoraba y era incapaz de criticar, que significaron el mundo para mí. Y encima que quien lo hiciera fuese una persona muy cercana cuya opinión me importa. Duele, gente, duele de verdad. Pero hay que aprender a escuchar, y es lo más difícil, a las personas que están ahí afuera viendo nuestro mundo perfecto desde otra perspectiva.

Tenemos que aprender a separar nuestros gustos de nuestra persona; que alguien hable mal de algo que te gusta no va a abrirte heridas en la carne. De verdad, no va a pasar de ahí. Tú no eres tus gustos sobre videojuegos. Tú no eres tu opinión sobre el The Witcher, sobre Nintendo. Sobre Wonder Woman, Marvel o Mónica Naranjo. Eres más, mucho más.

Hay que saber entender que los caminos cambian, y no hay experiencias que no sean válidas. Hay que aprender a empatizar. Que una cosa sea muy buena no la hace inmune a tener fallos. Que te guste algo muy malo no te hace peor persona y no tienes que buscar excusas para justificar que te guste. Que tus líneas rojas a la hora de aceptar ciertas cosas en formas de entretenimiento sean diferentes a las de los demás no significa que sea mala persona, sé consciente de que existen líneas rojas. Que a otra persona le guste algo malo no te da derecho a exigirle excusas o a menospreciarle. Que te guste algo muy bueno o que hayas sufrido mucho para llegar a pensar como piensas porque estabas fuera de la norma no mejora tu valía como persona, porque tú eres valioso sin más. Y los demás también.

Tenemos que entender que nuestros gustos no nos dan derechos sobre nadie, ni nada.  Entender que el mundo es plural, y los gustos igual. Y que eres válido con y sin gustos, con tu criterio que es único pero no mejor que el de nadie.

Porque aunque no lo parezca, este artículo va de aprender a querer, y sobre todo quererse sin escudos. Sin maquillaje, sin criterios, sin armadura, sin Pleisteishons, Equisboxes, niveles 80, ni Twitters ni pantallas entre medias.

PD: Pronto me conoceréis como la pesada que menta al Borderlands a cada momento. Soy consciente de ello.

* Puede que parafrasee un poco y no sea literal, escribí la frase el día después de escucharlo.

** La norma varía enormemente dependiendo del entorno geográfico y demográfico.

 

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Anís
Anís

Me gustan los girasoles, los perros, el té y los ratones. Y las hadas y los dragones. Y leer cómics, y jugar al rol y videojuegos y los peluches y los zorros y...

16 comentarios
kain33
kain33 02/04/2017 a las 1:00 pm

Juer, me he sentido identificadisimo con el articulo. Aun recuerdo como cuanto no tenia ni 15 años era fan de la temática de cine y videojuegos de zombies (y aun lo sigo siendo) y cuando se pusieron de moda me jodió un montón porque deje de ser el “rarito” ^^U

Zak
Zak 02/04/2017 a las 1:35 pm

Ma-ra-vi-llo-so.

Víctor Rodríguez (@MrVirogo)
Víctor Rodríguez (@MrVirogo) 02/04/2017 a las 2:00 pm

En pocos sitios se aprende tanto como aquí. 🙂

Rasku
Rasku 02/04/2017 a las 2:58 pm

Aplausos.

Chuck Draug
Chuck Draug 02/04/2017 a las 4:05 pm

Iba a escribir un comentario largo al respecto… pero al releer el texto y ver que me identifico bastante con ese elitismo friki, que aún hay algún momento en que veo una crítica a algo que me gusta y aunque consiga sobreponerme hay algo que diga «¡ARGH!», que vea igualmente lo triste que es quedarte solo con unos gustos cuando somos mucho más que eso… pues solo puedo aplaudir e inclinarme. Hasta ese punto me ha llegado el post.

Person
Person 02/04/2017 a las 4:36 pm

He sido muy así durante años y años. Al igual que tú y tantos otros, el ser el “ratito” de clase y también de la familia hizo que me refugiase (demasiado) en mi frikismo y efectivamente terminé constantemente enfadado con el mundo porque no podía ser que alguien ‘inferior’, alguien que no tuvo que soportar el acoso escolar como YO, EL ESPECIAL Y ÚNICO, me cuestionase aquello que me gustaba o, peor aún, supiese más que yo del tema.

Me convertí en alguien tóxico sobre todo para mí mismo. Constantemente sentía envidia, odio auténtico por otros, y eso me autodestruía.
Por fortuna, el tiempo y la autocrítica (y autoanálisis) me convirtieron en mejor persona, y ahora procuro seguir la sencilla filosofía del tratar a los demás como quiero que me traten a mí.

Por eso cuando me encuentro con gente con ese tipo de toxicidad me obligó a ser paciente con elles, porque es como una adicción de la que cuesta salir.

Fantástico artículo, hacen mucha falta recordatorios como estos de vez en cuando.

Javier Delgado (@Awenjavi)
Javier Delgado (@Awenjavi) 02/04/2017 a las 6:03 pm

10/10

Max
Max 02/04/2017 a las 7:02 pm

Tal vez porque soy algo lenta pero no entiendo a que te refieres, es algo concreto o algo general? es decir, entiendo la típica gente orgullosa (de la que forme parte por desgracia) que piensa que al haber descubierto algo cuando no estaba de moda y que te gustara te da como una cierta potestad sobre aquellos que lo descubrieron por moda (lo sé es absurdo) pero también hablas de las críticas hacia aquello que te gusta y has idealizado, aquí tengo una dualidad de opinión, entiendo que hay que aceptar las criticas ya que no todo el mundo tiene la misma opinión y es absurdo tomarlo como una ofensa personal pero cuando algo te apasiona y sobretodo te sientes identificado personalmente es un poco inevitable tomárselo como algo personal y cuando te abres a alguien contándole tus gustos mas personales y esa persona (sobretodo si es cercana) los menosprecia duele y mucho tanto que eres capaz de cerrarte en banda y sentirte avergonzado e inseguro hablando de ello, porque a lo mejor no es para tanto pero es inevitable (parece que generalizo pero hablo de mi) que ciertas partes de tu personalidad se hayan construido a partir de tus gustos y lo que te hacen sentir.

PD: Me gusta el articulo y estoy de acuerdo, solo que no entiendo muy bien lo de los “escudos” como tal porque para mi es al revés son mi vulnerabilidad jejeje no se si me he explicado bien 🙂

Anís
Anís 03/04/2017 a las 9:25 am

¡Hola! Obviamente parte de tu personalidad se va a haber formado gracias a tus gustos, pero yo me refiero a que hay muchas otras cosas detrás que te han formado también, como haberte criado en un lugar con cierto olor o lo mal que cocinaba tu madre, y es igual de importante. Y que en muchos casos sino todos es tóxico identificarte con algo exterior a ti y basar tu autoconcepto en ese gusto exterior a ti. Y hablo refiriéndome, por ejemplo, a los fanpesaos que no aceptan que se critique que su videojuego favorito tiene toques machistas o que alguien diga que su banda favorita tiene letras tontas. Esa gente que te ridiculiza por tus gustos, es de esas personas que creen que los gustos tienen escalas de más o menos valiosos. Y ademas explica el tema del escudo.

El tema de escudo, quizá no lo has vivido; pero quizá lo has visto. Las subculturas típicamente frikis resultaron un lugar de escondite para muchas personas “desadaptadas” frente a la sociedad. Pero en estas subculturas no eran juzgados igual, encontraron poder pertenecer a un grupo, sentirse parte de algo más grande. Eso infla tu autoestima, en muchos casos demasiado y te sientes por encima de los demás. Se basa básicamente en “Se meten conmigo por ser diferente pero yo se ‘objetivamente’ que soy mejor que ellos porque mis gustos son superiores.” Así utilizas tus gustos como escudo. Es un enfoque bastante elitista.

Espero haberme aclarado. Si quieres lee algunos comentarios de por aquí, que también pensaron así.

Max
Max 03/04/2017 a las 4:34 pm

Muchas gracias por explicármelo 🙂 ahora ya entiendo a lo que te refieres no lo pillaba porque para mi ser geek o friki siempre ha sido algo que me ha avergonzado (cada vez menos) y siempre he partido de que los demás saben mas que yo, pero gracias a ti ya entiendo a lo que te refieres y totalmente de acuerdo yo peco de elitista con la música, cada vez menos ya que gracias a este tipo de blogs de opinión, twitter, Tumblr… ayudan a deconstruir ese tipo de pensamiento.

Artemis
Artemis 02/04/2017 a las 7:07 pm

Creo que con la edad estoy aprendiendo a no sólo no definirme únicamente por mis gustos, sino a no cerrarle las puertas a personas que no comparten o no son “dignas” de mis hobbys. No sé si alguna vez lo llegaré a conseguir del todo, pero nunca está de más leer estas cosas y pararse a pensar si estoy por el buen camino.

Sander (@Sanderlorean)
Sander (@Sanderlorean) 02/04/2017 a las 11:52 pm

Ojalá hubiese leído artículos como este a los dieciséis.

Alejandro Suárez Mascareño
Alejandro Suárez Mascareño 03/04/2017 a las 12:57 am

Otro que ha estado ahí durante años. En mi caso fue el Heavy Metal, y eso me hacía objetivamente superior a todos los de fuera de la tribu. Tanto a la gente sin criterio que escuchaba musica comercial, los pelmas que escuchaban rock clásico, los gafapastas… Que maravillosa es la percepción del mundo a los 16 años…

Yo no creo que para mi fuese tanto un escudo como un espacio con el que sentía que encajaba. Primero vino la música (fue un mind-blown completo descubrir determiandos grupos con 15-16 años), y luego el ambiente. La cuestión es que fue pasar de estar “solo”, a estar no solo integrado en un grupo sino ser especial por formar parte de ese grupo. Para mi yo adolescente fue una inyección de autoestima descomunal. Además dentro del paquete estaban videojuegos, cine y literatura de ciencia ficción y fantasía, juegos de rol… De verdad, fue como cruzar las puertas del Valhalla.

Con ello vinieron, claro está, años de minusvalorar a quienes estaban fuera del grupo (e incluso a quienes estaban dentro, pero se tomaban las cosas con más ligereza… más o menos a mi yo de ahora xD) y de defender como si fuese mi vida en ello a grupos y discos. Por suerte con la madurez se me pasó, y ahora puedo disfrutar de las mismas cosas sin que una critica sea una ofensa que requiere intervención immediata.

Delfar
Delfar 03/04/2017 a las 12:49 pm

Gran artículo, a mi también me gusta el Borderlands. 😉

O soy muy abierto a las opiniones de los demás o me importa un pito lo que opinen de lo que a mi me gusta… Todavía estoy indeciso tras intentar identificarme con lo que cuentas. Lo he visto, pero de manos de terceros (o segundos), seguro que yo era el cabrón negativo que criticaba sus gustos… Porque soy muy de criticar, incluso lo que me gusta. Alguna vez me han preguntado en una reseña: ¿Cómo lo pones como recomendado o imprescindible si no le sacas más que pegas?

Subotai Ba'atur (@SubotaiBaatur)
Subotai Ba'atur (@SubotaiBaatur) 03/04/2017 a las 11:03 pm

Muy interesante artículo.
Esos gustos que vamos adquiriendo terminan forjando bastante el cómo eres y probablemente quienes serán parte o muchas de tus amistades. Es muy normal que termines en contacto con gente con las que compartes esas aficiones y en cierta época de la vida, esa defensa a ultranza de tus ideales “jueguiles”, musicales, etc, son una parte de auto afirmación de la personalidad. El problema es cuando pasas la adolescencia, la veintena y algunos más y sigues con la misma tontería y una crítica a tus gustos es como una afrenta familiar. La verdad es que dice muy poco de la madurez de una persona.
Cuando ya has llegado a una edad suficiente como para poder ser el padre de esos adolescentes que se ofenden por las críticas, ya te resbala tanto todo que de hecho puedes proclamar sin problema y con una sonrisa ser fan del juego más chorra o criticado o el grupo más hortera y casposo del heavy metal… :-).

También es verdad que ahora las críticas y discusiones tienen un mayor altavoz debido a las redes sociales. Hace 30 años los ataques como mucho te llegaban de algún compañero de colegio y los “frikis” y jugones eramos mucho más escasos

KamulSilver
KamulSilver 09/02/2018 a las 8:28 pm

Es muy fácil decir “yo nunca he hecho eso”, al menos para mí. Y es cierto que yo nunca he buscado activamente criticar o machacar a nadie por sus gustos… pero también soy consciente de que, más de una vez, durante mi adolescencia y temprana veintena, lo he hecho. Porque la sociedad nos empuja a menudo a eso, a refugiarnos en “guetos” de pensamiento donde podemos captar esa sensación de pertenencia, donde nos sentimos escudados tras una serie de opiniones y gustos comunes, y desde la que podemo señalar con el dedo a sabiendas de que cualquier réplica a nuestro “acertado” comentario será inmediatamente bloqueada o replicada a su vez por nuestros compañeros de identidad.

Ser friki es, como cualquier aspecto en la vida, una cuestión de madurez y de crecimiento personal. Es una cuestión de saber dónde están los límites, qué queremos hacer, con qué nos identificamos realmente. Y, algo que nos puede costar muchísimo aprender, saber amar a nuestras obras favoritas a pesar de sus defectos. Yo siempre he sido y seré un fan de la obra de Tolkien, y le reconozco sus no pocos defectos, como un regodeo a veces excesivo en la descripción de entornos o un sesgo cultural que a veces resulta demasiado evidente (sobre todo en la raza de los Hombres). Y eso no me ha impedido disfrutarla. Es más, uno se siente hasta mejor de admitir que tu obra favorita o idolatrada tiene defectos, porque significa que es, igual que tú, un producto de su tiempo, y que es humana. A veces queremos aspirar tanto a la perfección que nos olvidamos de disfrutar de ser imperfectos.

Lo que sí que tiene gracia es que uno sienta miedo o vergüenza de confesar que le gustan ciertas cosas durante su adolescencia, pero luego de mayor eso te dé exactamente igual… en la mayoría de los casos al menos.

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