Cuando era pequeña me encantaba ir a casa de mi abuela.
No sólo porque la quiero un montón, sino porque su casa me resultaba casi mágica. El olor característico, los sonidos, las formas. Una casa que me encantaba de día y me aterrorizaba de noche, quizás porque no terminaba de ser del todo mía. Una de mis actividades favoritas era registrarlo todo, especialmente el armario de su dormitorio. Lo abría y escarbaba en él como un mapache cotilla en busca de algo con lo que jugar; normalmente fulares y joyas que no dudaba en ponerme encima formando vestidos y capas. Cada vez que volvía me ponía a buscar cosas nuevas; por supuesto, mi abuela tenía una vida y cambiaba elementos de sitio o ponía muebles nuevos, y esto no hacía más que aumentar el misterio, como cuando en Hogwarts las escaleras se movían.

Llegó un momento en el que lo dejé de hacer, claro, básicamente porque es de muy mala educación rebuscar entre las cosas de la gente. Sin embargo, cuando vuelvo, generalmente en verano y Navidades, todas esas sensaciones aparecen de nuevo, los olores, los sonidos, las formas, como un lugar conocido y un poco extraño a la vez.

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What Remains of Edith Finch empieza de la misma forma, volviendo al hogar familiar después de mucho tiempo. La voz de la propia Edith nos acompaña como narradora, además de unos textos que hacen el papel de subtítulos y a la vez dirigirán nuestra atención a los puntos de interés. El manejo es sencillo: usamos los joystick para desplazarnos y cambiar la cámara y el gatillo para realizar acciones. Esto será lo único que necesitaremos hacer para descubrir la historia detrás de la casa; una casa que, como el pelo de Gretchen Wieners en Chicas Malas, está llena de secretos.

Pero donde realmente destaca es en su diseño de niveles. Diseño que, aunque bebe en gran parte de Gone Home, no sigue su realismo y más bien nos dirige como si fuera un mago. La verdad es que tardé varios minutos en darme cuenta de que estaba recorriendo el camino que el juego quería que recorriese y, aunque parezca un hogar grande y destartalado,  los objetos están colocados de tal forma que, bien por sus colores, formas o la iluminación ambiental consiguen centrar nuestra atención en puntos muy específicos. A veces hace trampa y perdemos el control de la cámara, pero la mayoría de las veces el juego sabe predecir a dónde vamos a mirar o qué camino vamos a escoger (eso no quita que me hubiera gustado un poco más de confianza en el jugador).

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Esto es lo que pasa cuando llevas Berserk y One Piece al día.

La historia principal se divide en varias narraciones más pequeñas que nos cuentan la vida de los miembros de la familia Finch. En muchas de ellas cambia la jugabilidad e incluso el estilo gráfico, pero aún así es capaz de mantener una coherencia entre todos los elementos e incluso funcionar como homenaje a la literatura, con guiños al pulp, los cómics o la fantasía.

Es indudable que What Remains of Edith bebe mucho del cine o, como ya he dicho, de la literatura: recuerda a obras como Big Fish o Cien años de Soledad en la manera de contar lo ocurrido, mientras que en la estética, los colores pasteles o el cuidado que tienen los objetos, emula el diseño de producción del cine de Wes Anderson, con mucho de Moonrise Kingdom o El Gran Hotel Budapest. Aún así, sólo funciona como videojuego y es fascinante cómo todas las acciones que realizamos dependen siempre de los tres mismos botones y cómo nos las presentan, ya que muchas de esas pequeñas historias contarán con un breve y camufladísimo tutorial que nos enseñará qué hacer en cada parte sin que nos demos cuenta.

Realmente no os voy a decir mucho más, ya que es un título breve (dura entre dos y tres horas) y cuanto menos sepáis de él, mejor. Sin embargo, os invito a coger un mando y recorrer vosotros mismos los rincones de la casa de Edith Finch; una casa que se ha quedado congelada en el tiempo, esperando a que nosotros descubramos todo lo que esconde.

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