Todas Gamers llevaba ya 3 meses existiendo como blog (y como Medio de Referencia, aunque todavía no lo sabían) cuando las conocí. Y digo “ya” porque, a pesar de su corta existencia, habían empezado a montar ruido. Aparecieron en mi timeline de Twitter, siendo un pug enrollado en una manta mientras decían cosas de videojuegos, y decidí ir a cotillear. Con un vistazo rápido fue suficiente para seguirlas, y me metí de cabeza en su web porque necesitaba leer más. Pero ahí me encontré un botón, mirándome. “No nos mires, únete”. Y yo, que soy muy de escribir, de hablar de jueguicos y de contar mis cosas, dije: “¿Por qué no?”

Pero al mismo tiempo, la voz maligna de mi cabeza me contestó: “¿Qué piensas hacer? No sirves para eso, tienen a chicas que escriben mucho mejor que tú, no pintas nada ahí, sobras”. Y me dio miedo. Todas Gamers me había dado miedo. Me pasé una semana con la pestaña de la web abierta, con el texto escrito y listo para enviar. Veía ahí al pug, esperando a que me decidiese a hacer algo. Y en un minuto de valentía, me decidí a darle al botón de enviar. Un par de (histéricos) días después, apareció un correo. Me querían allí.

En ese momento no tenía ni idea de dónde me había metido realmente. Si pudiese verme la Nix del pasado, estoy segura de que le daría un ictus, como mínimo.

Entré, todavía con miedo, y me encontré de golpe con amor, apoyo, corazones y cosas cuquis. Yo, que siempre sentí que sobraba, que toda mi vida fui “la rara”, estaba en un sitio en el que encajaba y en el que nadie me juzgaba por mis gustos. Un sitio en el que si a una chica le pasa una cosa fea y necesita a alguien, da igual la hora que sea, siempre van a aparecer un montón de avatares preocupados que la van a apoyar, a cuidar, o que van a convertir su problema en un chiste (Stop Señores™). Un sitio que conocemos como el espacio seguro que algunas ni siquiera sabíamos que necesitábamos tanto.

Pero aparte de eso, también encontré un sitio continuo de aprendizaje. Todas Gamers me enseñó más que nadie sobre videojuegos, feminismo, arte, música… Joder, ¡si hasta me enseñaron un nuevo trabajo! Incluso aprendí (y sigo aprendiendo) cosas sobre mí misma. Yo, la rara, no tengo que temer ser rara, ni tengo que ocultar nada porque no sea “lo normal”.

Llegué con miedo a no ser suficiente, y cada vez que publico algo en la web, veo a gente leyendo y comentando las cosas que escribo. Gente que no está “obligada” a decir nada por quedar bien, sino que les gusta lo que escribo y lo comparten porque quieren. Gente que podría ignorarme completamente, y sin embargo me dicen cosas como “gracias a tu artículo me entraron muchas ganas de comprar ese juego”. Llegué con miedo a proponer cualquier idea por si era una estupidez, y ahora me dedico a berrear mis locuras a la jefa y a la secre, ¡y encima me hacen caso!

Por todo esto, y mucho más que no digo porque os acabaría aburriendo con mis desvaríos, no puedo hacer otra cosa que agradecerles prácticamente todo lo bueno que me rodea ahora mismo. Ellas agarraron a la voz maligna de mi cabeza, le dieron una paliza, y ahora está demasiado asustada para asomar la cabeza. Y nunca haré lo suficiente para compensar todo lo que me están dando. Sin embargo, os puedo asegurar que mientras Todas Gamers exista yo estaré aquí, todas nosotras estaremos aquí, detrás de nuestra jefa y guardiana, luchando contra cada obstáculo que aparezca. Siempre.

“Nuestra capacidad para demostrar la decepción evolucionó para enseñar modales.”