Este es el primer escrito personal que hago para Todas Gamers, por así decirlo. Siempre me he limitado a las reseñas porque, a mi parecer, son “más fáciles” de llevar y no te comprometes tanto porque no terminas exponiéndote del todo: tienes un guión orientativo con apartados, vas escribiendo, aportando tu opinión, buscando y añadiendo imágenes, y a otra cosa. No me entendáis mal. Tardo siglos en terminar y dar el visto bueno a una reseña, pero lo que quiero decir es que “abrirte” y escribir “cosas” como las que vais a leer a continuación no es algo que suela hacer para compartirlo con otros, sino para enterrarlo en las páginas de un diario que ni mis nietos van a leer. Sin embargo la ocasión lo requiere. Me he vestido de gala para ello y desempolvado mis sentimientos con el fin de servirlos aquí, en bandeja de plata, por el primer aniversario de Todas Gamers. Espero que lo disfrutéis al menos, porque me voy a querer morir de la vergüenza una vez esto se publique, aunque seguiré en pie…

A mediados de julio del pasado año llegué a la web tras venir de un largo y desesperante vagabundeo por redes sociales. Acababa de abrir mi canal en YouTube, tras vencer finalmente a una timidez enfermiza, depresiva y que tantas puertas me había bloqueado y, finalmente, me sentía preparada, dichosa e impaciente por compartir mis experiencias en el mundo de los videojuegos con otros, pero especialmente con chicas gamers. Mujeres que, como yo, debían estar desperdigadas por un océano claramente marcado como “coto de caza”, exclusivo de un público mayoritariamente masculino. Sin embargo, lejos de tirar la toalla, pensé que TENÍA que existir algún lugar donde sentirme como “en casa”; alguna isla en mitad de ese océano en la que resguardarme de comentarios hirientes —relacionados con aquello que tengo entre las piernas— y que NADA tenían que ver con mi pasión o habilidad con los videojuegos. Fue entonces cuando vi al pug.

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La mirada entristecida del pequeño me sacó una sonrisa, y el aire desenfadado del diseño de la web provocó que moviese hacia abajo el scroll de mi ratón y empezase a leer. Incluso recuerdo el primer artículo, de mi compañera LauraLuna, con el que me sentí terriblemente identificada por mi rechazo de cómo el mundo cree que es una chica gamer y cuya imagen no me representaba en lo más mínimo. No obstante, tras ese artículo vino otro, y tras el segundo, un tercero, cuarto, quinto… vorazmente fui leyendo tanto reseñas como opiniones de ese colectivo de chicas que habían decidido escribir un blog. ¡Y no solo eso! Sino que también criticaban actitudes de cómo se posicionaban los hombres frente a nuestra presencia en el mundo de los videojuegos, siendo el artículo de la Jefa acerca de la Inquisición Española el que me arrancó más de una carcajada.

Ya era costumbre levantarme por las mañanas y leer algún artículo de la web. Era divertido y estaba aprendiendo (MUCHO, MUCHÍSIMO) acerca de todo lo relacionado con el mundillo, y también percatándome de actitudes tóxicas que veía a mi alrededor y que yo también había esgrimido en más de una ocasión. Ahora que lo pienso, fue hasta algo liberador darme cuenta de ello, y lo más importante de todo es que sabía que ahí no había terminado la magistral clase de ese grupo de chicas con el que me sentía tan identificada. El artículo de Glitched Ghoul, sobre ser gamer; el de LuverC, orgullosa jugadora de los Sims defendiéndolo como un juego que ha sido injustamente etiquetado por los Trve G4mers; el de Aesidh acerca de lo válidos que son los Let’s Play y que exponía que seguías siendo gamer sin estar tú a los mandos; la docena de artículos sobre sexualización y puf… las miles de reseñas con las que estaba de acuerdo y no, como por ejemplo la de To The Moon, de mi compañera Catherine, que cuando la conocí en un streaming me dio miedito hablarle por lo injusta (y muy directa) que había sido en su reseña. ¡Y suerte que me decidí a hablar con ella! Porque pese a tener gustos y opiniones muy diferentes, me lo pasé de muerte viéndola gritar con los tiburones de Resident Evil. Sí. Disfruté. Mucho. Y eso hizo que no me quisiera perder ninguno de sus streamings.

Poco a poco las fui conociendo a las “ToasGaimers”, a unas más que a otras. A medida que pasaban los meses había más implementaciones en la web, más artículos y entrevistas, más chicas que se sumaban a lo que había escuchado como “La Pugatura“. La creación del Pugcast, las interacciones por Twitter, los altercados con algunos usuarios de Twitch… el sentimiento de querer formar parte de todo ESO estaba ahí, encerrando en lo más profundo de mi ser. Pero el miedo a hablar, a hacer el ridículo, a equivocarme, al rechazo, a las burlas de unas chicas que tan bien me caían sin haberlas conocido en persona me superaba. De modo que borré el artículo que tenía entre manos desde agosto. No obstante seguí leyendo y escuchándolas, y de tanto en tanto me solía pasar por los streamings, pero no solía intervenir demasiado, guardándome para mí todo cuando estaba deseando decir.

Por suerte, fue un artículo de mi compañera Pauler sobre cómo ser tu propio gamer lo que me animó a volver a escribir para probar suerte porque el “no” ya lo tenía. A través de su experiencia me vi en mayor o menor medida a mí misma, y cansada de escuchar como otros me decían que jugase a “juegos para chicas”, que se excusasen en “es que solo juegas a eso porque eres chica” o “es normal que se te complique X fase, aunque yo me la pasé en cinco minutos, a la pata coja y con los ojos vendados”, me armé de valor, envié el correo, solicité la información cruzando los dedos y aguardé casi medio mes, ilusionada y nerviosa en pos de un veredicto. Y en el transcurso de esos días pensé que no les había gustado el artículo de prueba; que no era su estilo; que ya eran demasiadas; que no valía para estar ahí; que no tenía nada que aportar. Pasado tanto tiempo, al no obtener respuesta, me crucé de brazos, fruncí el ceño y me enfadé para echar piedras sobre mi propio tejado:

«¡Al menos que me lo hubiesen dejado claro, que no me quieren con ellas y por qué! ¡En qué fallo por si puedo mejorar el artículo! Aunque claro, míralo, está desordenado,
mal estructurado, no te sabes defender con la palabra escrita…
tampoco es que esperaras ganar un Pulitzer, ¿no?»

Y volví a reenviar el correo mientras una parte de mí, la más gentil e inocente, intentaba suavizar mi temple pensando que quizá no les había llegado bien o que se les había perdido entre el centenar que debían recibir a diario. Entonces, hallé mi respuesta, casi al momento: una respuesta positiva junto con una explicación que me ponía al corriente de que no era fácil estar pendiente del Gmail sin que se te escape algún que otro correo… ¡e incluso me dieron las gracias! Y yo enfadándome, como una cría mientras no dejaba de leer para mí las últimas palabras, en aquel 11 de diciembre:

“¡Bienvenida y gracias a ti por participar!”

Entonces sí, supe que tenía que enmendar el mal pensamiento que cometí y empecé poco a poco a escribir. Ninguna de ellas sabía nada de esto (ahora sí, obviamente) pero me sentía tan mal por haber pensado así que quise hacer algo al respecto… y por ello empecé a implicarme lentamente: a aparecer en los streamings de Twitch y Youtube para comentar y dar ánimos, siempre que mis horarios me lo permitían; a retweetear los artículos que tanta fuerza me daban al leerlos para que otros lo conocieran; a charlar por redes sociales con algunas de las redactoras; a quejarme en broma porque no me habían metido en su Telegram y me perdía cosas como las Poleas (xD); a chillar agudamente de la emoción cuando finalmente me dieron la bienvenida en él; a leer los tutoriales habilitados y aprender a usar y administrar las herramientas disponibles en ellos para seguir mejorando; a sonreír con cada situación surrealista que los Señores hacían pasar a mis compañeras y que ellas, haciendo piña y tras sacudirse el polvo, lo solucionaban no sin ofrecer todo su apoyo con un cariñoso “estamos aquí para lo que necesites”; a contemplar y ser consciente de las diferentes realidades de colectivos perseguidos; a corregir y rebatir opiniones con amistades y familiares con el fin de concienciar sobre todos los aspectos que he aprendido leyendo en esta web; a dar voz y hacer eco a causas que lo merecen… pero sobre todo a actuar, y a percatarme de que estoy entre heroínas que no necesitan espada o capa para llamarse tales.

Muchísimas gracias, compañeras y especialmente a Mar y Helena por crear este remanso de paz, haberme despojado de mis miedos, aceptarme en vuestra gran familia, por hacer vuestras y nuestras las luchas de este gran año y por todo lo que aún está por llegar. #GraciasATodasGamers

Fuente:
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