En Semana Santa —más concretamente del 11 al 18 de abril— estuvo disponible de forma gratuita (y rebajado para quien quisiera animarse) The Elder Scrolls Online: Tamriel Unlimited y no pude resistir la tentación de visitar ese mundo virtual que tan maravillada me tiene; aunque, en esta ocasión, en su versión MMORPG (multijugador masivo en línea, para entendernos todos).

Hace muchísimos años que probé y me cautivó The Elder Scrolls V: Skyrim. Me gustó tanto todo en el juego que me lo compré (*Nota: sí, no me juzguéis, a veces pruebo cosas de forma “un poquito alegal” y decido si las compro dependiendo de si me han gustado o no; que no están las cosas para tirar dinero —excusas, excusas—). Mentiría si dijera que completé el juego al 100%, aunque sea porque me topé con una bug-mission en que, por no completarla antes que la principal, un personaje desaparecía (¡yuhu!) marcándome un lugar interdimensional del mapa, al que evidentemente no podía acceder. Y es posible que dejara otras misiones por completar, para qué engañarnos.

Cuando salió la edición The Elder Scrolls Anthology me la compré de cabeza y me dispuse a jugarlos todos de principio a fin (de hecho, Arena y Daggerfall no me gustaron en absoluto, ya lo siento, por su dificultad y su pesadez; lo intenté, pero fueron superiores a mí), llegando a Morrowind, al que estoy jugando actualmente y me está gustando bastante; rompe bastante con la dinámica de los dos anteriores, convirtiéndose (casi) en el inicio de lo que actualmente conocemos como The Elder Scrolls. De hecho, hace muy poco, el 6 de junio, salió a la luz The Elder Scrolls Online: Morrowind; lo cual ya dice mucho de él.

Cuando vi de forma gratuita la versión online, tuve que probarla sí o sí. Y pese a ser reticente a los juegos online, ¡ERA THE ELDER SCROLLS GRATIS!

Después de un larguísimo rato de descarga, instalación y actualizaciones varias (durante los cuales intenté sin suerte que alguien se uniera a mi pequeña aventura), me puse manos a la obra. ¿Qué decir? Mi paso por Tamriel fue corto y ajetreado, pero salí bastante contenta.

Pude crear un personaje, eligiendo raza, personalizando el aspecto, seleccionando habilidades y todas esas cosas que tanto me gustan. Mi aventura comenzó en una prisión, donde evidentemente no tenía nada y mi armadura consistía en un pijama carcelario; pero inmediatamente tuve pequeñas misiones: hablar con X, conseguir un arma, defenderte y salir de allí.

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Dando caña en pijama —best armadura ever— a una arpía que osó toparse en mi camino.

A partir de aquí todo consistió en seguir un poco la historia y, sobre todo, las flechas que indicaban misiones y objetivos (lo cual abundaba allá donde fueras, para no quedarte haciendo nada). Entre pitos y flautas, completé bastantes misiones no muy difíciles, consistentes en ir de un lugar a otro para investigar, coger algún objeto o luchar contra algo o alguien (quizás un poco repetitivo, aunque cada historia tenía su fundamento). Puedo decir que recorrí bastante mapa y zonas totalmente diferentes y lo que más me gustó (de lejos y como jugadora “poco online“) fue que cada jugador iba por libre. De hecho, para luchar entre jugadores (PvP) se debe retar al otro a duelo y, por supuesto, éste debe aceptar (*Nota: tras una batalla, un jugador me envió una solicitud de duelo y la rechacé sin problema alguno —cada uno por su lado y listo, que hay muchas misiones y poco tiempo—). Por no hablar de los paisajes, ¡qué maravilla! De verdad. A lo mejor yo soy muy impresionable y alguien que juegue habitualmente dirá que no es para tanto, pero me encantó todo lo que vi.

¡Ah! Y antes de que se me olvide, un detalle que me pareció muy curioso y original fue que, cuando un personaje abría el mapa, el inventario o el diario de misiones, al resto de jugadores nos aparecía con diversas animaciones: mirando un mapa, agachado trasteando en un cofre u ojeando un cuaderno. ¡Detallazo!

También tuve tiempo de hacer el idiota un rato, escondiéndome sin motivo alguno, sentándome a ver una venganza (esperando ver una muerte que nunca llegó) o intentando robar a un guardia para ver qué pasaba. Spoiler: traté de escapar, me persiguió, me atrapó y me mató sin piedad alguna; no funcionó aquello de “era mi primerito día”.

¿Qué no me gustó? A pesar del tiempo que tiene el juego, aún no está en castellano (si no me equivoco) y, al haber tanta historia y tanta conversación, hay que defenderse en inglés o tirar de diccionario/traductor. Además de no haber podido echarle más horas y, por tanto, no haberme interesado mucho en lo que ocurría realmente, llegando a perderme en algún punto de la conversación (pero esto fue problema mío, no del juego).

En un principio, yo no pagaría por The Elder Scrolls Online, pero es un juego que merece la pena. Y digo que yo no lo haría porque como MMORPG tengo Marvel Heroes gratuito y, si tengo gusanillo de The Elder Scrolls, tengo Morrowind, Oblivion y Skyrim. Pero he de admitir que es un dos en uno; es decir, temática/mundo The Elder Scrolls y un MMORPG bastante agradable en jugabilidad, sonido y gráficos. Además, ahora que han eliminado las mensualidades y establecido un precio base (como cualquier otro juego) quizá sería hora de hacerle un hueco en la biblioteca de juegos.

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¿Paisaje impresionante o jugadora impresionable?

**Todas las imágenes son capturas propias de mi breve periodo en The Elder Scrolls Online: Tamriel Unlimited.

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