Lo reconozco, soy un toreador, he sido siempre así y, en videojuegos, no iba a ser distinto. Me gusta lo estéticamente bello, lo atractivo, lo bonito. En general siempre me ha fascinado lo hermoso, pero tomé conciencia de este hecho cuando, en lo que respecta a los videojuegos, me vi desdeñando títulos porque “Dios mío, qué gráficos más horribles, yo esto no lo puedo jugar”.

Sí, amigos, así soy yo. Una elitista de los gráficos. Una mujer superficial que se niega a siquiera probar ciertos títulos porque son “feos”. Feos en el sentido de desfasados, de motores gráficos antiguos, de juegos poco atractivos según los estándares actuales. Porque desde luego que hay juegos cuya estética es el feísmo. En esos casos no hay problema, pero cuando los gráficos son vagos, poco detallados o, directamente obsoletos, mi vena superficial se dispara y arrugo el entrecejo.

Yo ESO no lo juego”.

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No importa si me atrae la historia, si la jugabilidad es genial o si me lo han recomendado todas las personas que conozco. Para acceder a un título obsoleto en lo que a calidad gráfica se refiere tengo que hacer acopio de todas mis fuerzas y superar ese escepticismo y esos prejuicios hacia aquello que no es estéticamente atractivo.

Y, sorprendentemente (bueno, no tan sorprendentemente, la verdad), el juego me acaba gustando. Entiendo que gráficos malos no es lo mismo que jugabilidad incómoda o historia mediocre, que es un error despreciar un título por el simple hecho de no ser atractivo o ser ya demasiado “viejo” como para cumplir los estándares estéticos actuales.

Quiero aclarar, antes de nada, que cuando hablo de “viejunos” me refiero a juegos “modernos”, a títulos que, sin ser clásicos de más de 30 años de antigüedad, han quedado atrapados a medio camino entre estos y los juegos contemporáneos. Se trata concretamente de esos juegos que se sitúan a finales de los 90 o principios del 2000 y tienen que competir con el salto técnico y gráfico que se da en los videojuegos según avanza el siglo XXI.

Sí, sé que no son juegos “viejos”, pero entiendo también que estamos hablando de títulos que tienen más de 10 años y que, por fuerza, han quedado atrás en lo que a avances gráficos y técnicos se refieren. Hablar así de estos juegos me hace sentir un poco niña-rata: “ÑEÑEÑEÑE Esos juegos son de cuando no había nacido….” Pero no, soy consciente de que no son “viejos”, pero también (y esto me hace sentir que me hago mayor), aunque yo perciba el 2005 como “ayer por la tarde”, he de admitir que el tiempo pasa y los videojuegos acusan ese paso del tiempo peor que yo (que voy divina siempre).

everybodys-gone-to-the-rapture-screen-01-ps4-eu-23jan15.jpgPero qué juegos tan bonitos. Aunque luego no pase literalmente nada, QUÉ BONITOS.
Everybody’s Gone to the Rapture.

Aunque soy consciente de mis acciones y de lo absurdo que es juzgar un juego solo por su portada, superar esta barrera de elitismo estético requiere de un esfuerzo consciente por mi parte y por eso, precisamente, vengo a hablar de varios títulos que, por su apariencia, no habría jugado jamás. Sin embargo, estos juegos se han convertido en algunos de mis juegos favoritos y no puedo permitir que pasen desapercibidos para ese público inconsciente que posee mi misma afección.

Remontándome a mis orígenes, y por ello precisamente quizás no sean los juegos con mejor jugabilidad del mundo (y además serán títulos de relativamente difícil acceso), están dos obras que, de un modo u otro, me han generado sensaciones que ningún otro título con sus sensuales gráficos y preciosos paisajes ha podido emular.

maxresdefaultEn esta imagen Fortesque sale hasta favorecido…

El primero de ellos es MediEvil. Hace ya AÑOS de él y, aunque no lo he vuelto a jugar, deduzco que no será el juego mejor optimizado del mundo. Sin embargo, su historia y las sensaciones que el juego me provocó entonces aún me acompañan. Esa historia a medio camino entre el terror, la acción y una estética romántica son un combo que no he visto emulado del mismo modo en ningún otro juego.

Un poco más adelante, aunque sus hermanos mayores hayan suplido un incontable número de carencias de su predecesor, Los Sims y, en especial, Los Sims Magia Potagia, ha sido uno de los juegos que, junto con MediEvil, me ha generado una sensación única. En este caso, además, creo que la rigidez de los gráficos y las carencias del título (menos flexible que Los Sims 2, Los Sims 3 o Los Sims 4) son elementos clave para percibir estos Sims “originales” muy distintos a sus herederos. En Magia Potagia se generaba una atmósfera mágica, oscura y vibrante que tenía mucho que ver con la sensación que esos Sims viejunos generaban. Y es que Los Sims originales no se parecían tanto a los actuales, mucho más humanos y expresivos, vivos, sino que recordaban más bien a los recortables de cartón con los que muchos niños jugábamos a las casitas.

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*Nostalgia máxima*

Sin embargo, de estos juegos hablo desde la nostalgia del pasado, no los he vuelto a jugar y, aunque los recuerdo con una especie de afecto de la infancia, quizás si volviese a ellos los desdeñaría sin demasiados miramientos. “Pues los recordaba mejores”. Por eso quiero centrarme en los juegos a los que he accedido en un pasado no muy lejano.

El primer título que recomiendo en este sentido es Silent Hill 2. Sí, tiene ya sus años. No, no lo había jugado hasta ahora. Tiene unos gráficos muy de 2001 *carra de horror* y, lo que es peor, su jugabilidad (concretamente el movimiento [concretamente si utilizamos un emulador de consola en PC]) es H O R R I B L E. Pero no temáis, yo, elitista donde las haya, odiadora de lo feo y defensora de la jugabilidad “cómoda”, lo recomiendo.

¿Por qué? Pues porque el juego está hecho, precisamente, para que su control sea incómodo. No es un título difícil, es un título incómodo, porque su jugabilidad quiere acompañar a una historia, a una situación. El juego no tendrá los mejores controles y, desde luego, no tendrá los mejores gráficos, pero sí tiene una gran historia que se transmite no solo a nivel narrativo sino también a través de sensaciones y mecánicas.

El segundo juego que recomiendo encarecidamente es Bloodlines: Masquerade, de 2004. Este título de vampiros es quizás uno de los mejores RPG que he jugado. No es el más extenso y, desde luego, aunque lo encuentro más atractivo de Silent Hill 2, no tiene unos gráficos que hagan las delicias de una elitista como yo.

Te apasionen los vampiros o no, el universo de Mascarada es una ficción realmente interesante, por lo que este juego es recomendable incluso para aquellos que no tengan ningún interés especial en este universo. 10/10 volvería a hacer cosas de vampiro en Los Ángeles.

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Bloodlines es un juego ameno, ágil, entretenido y muy variado dentro de sus limitaciones. La jugabilidad no está nada mal y todas las carencias gráficas que pueda tener para la gente como yo quedan suplidas más que de sobra con una inmersión absoluta en la trama. “Vale, nuestro vampiro no será el más guapo del mundo, pero es nuestro vampiro y lo queremos. Las decisiones, los diálogos y lo bien definidos y caracterizados que están los personajes junto con un diseño de escenarios único y algunas misiones memorables hacen de este juego una joya. Con unos gráficos buenos para la época que, a pesar de todo, han resistido bastante bien el paso del tiempo (aunque no lo suficiente como para cubrir mis altos estándares), Bloodlines es una joya que merece más reconocimiento.

Para acabar este artículo voy a hablar de dos juegos que, aunque no considero que se inscriban totalmente en estos parámetros, me parecen de fama (merecida) suficiente como para hacerles un huequito en menciones especiales.

Ambos títulos tienen el honor y el inconveniente de pertenecer a sagas que han ido evolucionando en todos los niveles, ofreciendo productos posteriores de mayor calidad gráfica, nuevas narrativas y (según a quién se le pregunte) mejoras en los controles y el combate. Se trata de Dragon Age: Origins (2009) y Fallout 3 (2008). No tenía intención de incluir estos títulos en la lista porque son tan conocidos que incluso una superficial como yo reconoce que deben ser jugados independientemente de lo reales que parezcan las expresiones faciales de los personajes.

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Sin embargo, también creo que está bien mencionarlos. Aunque más recientes que los juegos anteriores, estos dos títulos tienen el inconveniente ya mencionado de quedar aplastados (a nivel gráfico) bajo los juegos que los siguen. Sin embargo, también tienen la ventaja de ser conocidos, precisamente, por abrir o formar parte de sagas mayores. Así, aunque con una mayor estabilidad, quiero recomendar estos dos títulos para todos aquellos que sean aún un poco escépticos o tengan reticencias a la hora de jugarlos…

Me despido ya señalando que este artículo no pretende, en ningún momento, criticar la calidad gráfica de los juegos mencionados: desde mi superficialidad me refiero a ellos  en todo momento según los estándares de la calidad gráfica actual. Todos estos juegos tenían unos buenos gráficos para su época. Sin embargo, debido al vertiginoso avance técnico de la industria videolúdica, estos títulos han quedado “deslucidos”.

Si he sentido la necesidad de escribir este artículo es precisamente para captar la atención de aquellas personas que, como yo, suelen necesitar un pequeño empujón a la hora de decidirse a probar algo “feo”. Porque no quiero que otros se pierdan la oportunidad de vivir estos juegos, igual que yo me perdí (y seguramente me estoy perdiendo) grandes juegos por un prejuicio absurdo (del que, por otra parte, no reniego en absoluto).

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