En Metal Gear Solid 3 Eva aparece en una moto, tras quitarse el casco y presentarse, se abre el mono para lucir la parte de arriba de lo que parece un bikini negro. En ese momento nosotros, Naked Snake, podemos presionar el gatillo para tener un primer plano de su escote. Recuerdo que esto me hizo mucha gracia cuando lo jugué por primera vez, no me podía creer que le estuviera mirando las tetas. Sin embargo, este chiste pierde gracia cuando te das cuenta, con el tiempo, de que se repite más de lo que debería.

La mirada masculina, male gaze en inglés, es una forma de enfocar la creación de videojuegos, pasando por la forma de construir personajes, de tratarlos y, por supuesto, de cómo se ven a nivel estético. Básicamente consiste en representar la realidad, afectando especialmente a personajes femeninos, de una forma cómoda y atractiva para un hombre heterosexual.

De este modo, en Dark Souls tras la que es, probablemente, la pelea más compleja del juego, llegamos a un lugar cálido y agradable. En él nos recibe Gwynevere, una mujer gigante y dorada con música de victoria. Nos premia con la Vasija del Señor, pero también con su aspecto físico, como una especie de descanso del guerrero. Si atacas a Gwynevere de alguna forma desaparece, descubrimos que era un espejismo y que la auténtica está ya muy lejos de Anor Londo. Sin embargo, esto no hace que su imagen sea menos sensual.

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La mirada masculina no solo sirve para el aspecto físico de los personajes, es también una forma de establecer una dinámica de poder. En NieR:Automata, la protagonista lleva un vestido fruncido en la cintura con una falda de mucho vuelo, con lo cual es muy fácil ver lo que hay debajo. A pesar de esto, si, por alguna razón, queremos ver mejor la ropa interior de 2B (no me puedo creer que esté escribiendo esto) y acercamos la cámara, ella la apartará molesta. Este gesto no es una broma, ni el juego llamándote pervertido, es una forma en la que el jugador, al que se le presupone hombre, ejerce su poder sobre el personaje. De la misma manera en la que el señor que te especifica qué parte del cuerpo te va a comer desde el otro lado de la acera no te está halagando, sino demostrando quién tiene el control.

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En The Tearoom mirar a los NPCs es una mecánica fundamental.

Robert Yang dijo sobre su juego, The Tearoom, que se había dado cuenta de que la mayoría de videojuegos estaban construidos alrededor de dicha mirada masculina.

“This segment was hard to design because decades of male heterosexual hegemony have trained gamers into thinking of “looking” as a “free” action, with few consequences or results.”

Nos dejan mirar todo impunemente, sin ningún tipo de consecuencia. En cambio, en The Tearoom, un juego sobre cruising en un baño de carretera en la década de los 60, la jugabilidad depende de cuánto y cómo miremos a los otros hombres con los que podemos interactuar. No solo eso, sino que sentiremos en nosotros la mirada de los NPCs, pasando de ser sujeto que mira, a objeto observado.

Una forma de evitar este fenómeno es bastante sencilla: hacer equipos diversos. Si los desarrolladores no son en su mayoría hombres hetero, habrá más variedad de experiencias y formas de aproximarse a las temáticas. Esto es algo fácil de encontrar entre los indies en títulos como los creados por Christine Love o Nina Freeman. Aunque en este caso os voy a hablar de Jenny Jiao Hsia, que suele desarrollar desde un punto de vista autobiográfico, y dos de sus juegos: Morning Makeup Madness y Wobble Yoga.

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Aunque está claro que el maquillaje tiene como objetivo hacernos más atractivas para los hombres, un exceso de éste puede desembocar en un comentario masculino que exprese su disconformidad con nuestras elecciones estéticas. En Morning Makeup Madness no importa cómo nos maquillemos, lo que importa es usar todos los productos y rápido, no se juzga si te has salido con el rimmel o si te has puesto demasiado pintalabios. El juego acaba siendo un guiño a esa rutina que muchas tienen que hacer por la mañana temprano antes de ir al trabajo, a clase, o a donde sea y ser detectadas como un ser humano normal. Sin preguntas del tipo “¿estás cansada?” o “¿has dormido mal?”.

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Ooops

Wooble Yoga trata sobre hacer yoga (inesperado). Un deporte extremadamente feminizado y por lo tanto tomado muy a menudo a pitorreo, menos en serio o algo que en el fondo “sólo es estirar”. Aun así, está sexualizado hasta tal punto que los pantalones que se suelen poner para practicarlo son casi una prenda fetiche y las posturas se reinterpretan como algo para hacer en la cama. En este juego el personaje es un monigote, nada sexy ni atractivo y nuestro objetivo es copiar la postura propuesta. Porque ya es suficientemente difícil acordarse de todos los pasos del saludo al sol como para estar pendiente de si tu culo luce bien.

Esta mirada perpetua, esta sensación de ser observadas y tener que resultar bellas al observador es algo que nos afecta en todo momento. A veces incluso sin darnos cuenta. Nos modela en la forma de comportarnos incluso cuando nadie más está presente. En los juegos en los que se elimina esta mirada podemos concentrarnos en realizar la acción bien, sin que nuestro aspecto sea juzgado.

Y vaya descanso si se pudiera también en la realidad.

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